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TEMAS DE LA SEMANA

La culpa la tuvo Bielsa

Bielsa les devolvió la autoestima a los chilenos, les quitó el karma de sentirse inferiores a los argentinos, brasileños y uruguayos. Los convenció de que podían jugar de igual a igual, superar a seleccionados que siempre habían sido mejores y ganarles.

Por Alejandro Fabbri
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messi

Un amigo comentaba en voz alta, con la calentura a flor de piel después de los fatídicos penales que terminaron con la ilusión. Lo dijo con bronca, pero nos dejó pensando, porque el desarrollo de la idea es sencilla: Bielsa les devolvió la autoestima a los chilenos, les quitó el karma de sentirse inferiores a los argentinos, brasileños y uruguayos. Los convenció de que podían jugar de igual a igual, superar a seleccionados que siempre habían sido mejores y ganarles.
El sábado, Jorge Sampaoli –santafesino de Casilda, jugador de las inferiores de Newell’s- se encargó de terminar la tarea. Lo hizo. Consiguió que sus jugadores dominaran al subcampeón mundial, le manejaran la pelota y por única vez en la Copa América, terminaran con mejor porcentaje de posesión de pelota que la Argentina. Liderados por Vidal y Sánchez, los chilenos se plantaron ofensivamente y mantuvieron su audacia hasta donde pudieron. Ahí ganaron la batalla táctica, más allá de las infracciones sistemáticas a Messi, demostrando que aquel complejo de inferioridad que atacó Bielsa de raíz, lo terminó de eliminar su admirador Sampaoli llevando a los trasandinos al primer título continental.
Todo esto, sin Zamorano ni Salas, ni siquiera con Suazo y Mark González, las dos duplas ofensivas importantes que tuvo Chile en las dos últimas décadas. Con lo que tuvo y pudo desplegar, Sampaoli ganó la partida por su audacia y firmeza en sus ideas. En cambio, con la Argentina pasó todo lo contrario.
Primero, una pregunta básica: ¿Puede el subcampeón mundial jugar su peor partido justamente en la final por el título sudamericano? Y un agregado: ¿Puede el mejor futbolista del mundo tener un desempeño tan deslucido otra vez en un partido decisivo?
Martino no es Bielsa. Se ha formado con él, ha recogido muchas ideas del Loco y ha plasmado en varios planteles sus diversas concepciones. Fue defensivo y rocoso en Paraguay, fue lujoso y contundente en Newell’s Old Boys. Sin embargo, supo golpear en momentos justos con los guaraníes y seguir su filosofía del toque y la posesión del balón con los rojinegros rosarinos en el torneo argentino y en la Copa Libertadores.
La Selección Argentina llegó como el favorito y tardó en demostrarlo. Difícil empate con Paraguay y victorias mínimas pero merecidas ante Uruguay y Jamaica, tapizaron su paso por la primera fase. Injusto empate ante una Colombia violenta y amarreta le hicieron ganar por penales. El único gran rendimiento se produjo en el segundo choque ante Paraguay, con una actuación pareja y por momentos brillante. Fue un espejismo, tomando en cuenta el resto.
De todas maneras, nadie había superado al cuadro albiceleste. Messi cumplió buenas actuaciones pero sin convertir él mismo, Agüero facturó cuando tuvo chances, Pastore asomó como un socio muy interesante para el crack del Barcelona y el resto acompañó, con un Mascherano que claramente es el caudillo del equipo y mantuvo su buen nivel habitual.
Terminada la Copa, consumada la caída por penales, la gente pide cambios, enloquece por una nueva derrota ante un rival nada simpático e inferior, se enoja e irrita con el propio Messi, con la irregularidad de Di María, los problemas para definir de Higuain, Lavezzi y Di María, pide por Tévez, no termina de confiar en el técnico y tampoco en los buenos momentos de Pastore. En suma, que la pelotita no ingrese en el arco contrario en la final, nos enojó a todos. En un país que se molesta y se enerva fácilmente, el fútbol es el combustible ideal para tantos insultos al viento, tanto palabrerío desperdiciado en quejas y lamentos, tanta sobrecarga de expectativas puestas en un único jugador, que supuestamente debería salvarnos con sus superpoderes: Messi.
Messi no tiene la culpa de tantas exigencias. Como tampoco la tienen los denostados (desde el sábado a la tarde) Higuain, Lavezzi, Di María y hasta Mascherano. Por desgracia, Diego Maradona hay uno solo y es eso: único e irrepetible. Y ya no juega más.

Fuente Especial para Diario Z
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Enrique Alejandro Fabbri (Caballito, Argentina, 1956) es un periodista deportivo especializado en fútbol, de larga trayectoria en los medios especialmente en la TV. Es uno de los periodistas con...