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La columna de Zabo: tener un hijo

La columna de Zabo: tener un hijo

Por Nicolás Zabo Zamorano
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La vez que me enteré que Radiohead venía a la Argentina tuve que desconfiar. Durante años había estado esperando esa noticia, pero la cantidad de rumores me volvían cada vez más descreído. Una vez casi me largo a llorar después de ver en el blog de Nicolás Igarzábal una imagen que mostraba la venta de entradas en Ticketek para un show en River… pero era sólo un chiste por el día de los inocentes. Sinceramente, no creí tener la oportunidad de ver a mi banda favorita a menos que ganase al gordo de Navidad y con eso viajara a algún país donde se presente.

En realidad ellos no eran mi banda favorita. Mi banda favorita era Nirvana, pero como veía complicada la idea de una gira que me permitiese verlos (a menos que ocurriese un ataque zombie o algo por el estilo), me conformé con darle esa entidad a la banda de Thom: con ellos al menos podía mantener la esperanza. Esperanza que se apagaba año tras año.

Un día Pol cayó a casa con Pablo Honey después de que yo le prestase Nevermind y me dijo lo mismo que yo le había dicho: «Escuchalo y aprendetelo de memoria, te tomo lección la semana que viene».

Yo era del palo del grunge y me escapaba un poco al metal mientras que él venía del lado de lo alternativo o lo progresivo. Ya nos recomendábamos bandas antes de eso, pero recomendar la banda favorita de uno es una cosa totalmente diferente. Es lo más preciado, y más a esa edad, cuando crees que Kurt Cobain es más importante que tus padres.

Años después escribí un texto donde decía: «No puedo evitar envidiarte, vos podés pasar a buscar con tu bici a Kurt y llevarlo a tocar la guitarra al parque y yo acá abajo tengo que esperar a que Thom se acuerde del sur».

Ir a ver a Radiohead también significaba cumplir el sueño de aquel amigo que se fue antes de tiempo. Una parte de mí iba para disfrutarlo, otra para honrar su memoria y una más pequeña e infantil sólo lo hacía para gozárselo, como diciendo «yo los vi y vos no, lero lero». Sí, ya sé: soy un banquete para un estudiante de Psicología.

El show fue tan fuerte para mí que no dormí bien ni quise ir a recitales por meses. Hasta comencé a pensar que «Nunca debería haber ido a ver a Radiohead» era un buen nombre para una novela.

Ver a tu ídolo máximo es una alegría tan inmensa que supongo sólo se debe comparar al nacimiento de un hijo. Hoy mi mejor amigo va a tener un hijo, y yo voy a estar al lado viendo a Paul.

A pesar de que haya un Beatle sobre el escenario supongo que me va a costar mucho el no distraerme a observar su cara para imaginar cómo fue la mía durante aquel show.

DZ/KM

Fuente Redacción Z
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