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TEMAS DE LA SEMANA

La columna de Zabo: Pop melódico

@zabodice

Por Nicolás Zabo Zamorano
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Nos prometemos tantas cosas. Desde empezar el gimnasio a ser menos mezquinos, somos capaces de prometernos millones de cosas que sabemos que no vamos a cumplir.
Quizás las más divertidas sean esas promesas que nos hacemos al terminar una relación. La promesa de no volver a caer.

Es bastante naif pensar que no vamos a volver a caer, que esta vez vamos a ser fuertes, que podemos ser más cerebrales. El punto principal es evitar que nos hieran. Llenar de defensas al corazón puede ser una buena táctica, crear muros para que nadie llegue a ese lugar donde está nuestro verdadero yo. No ese que mostramos. No ese que la pasa bien siendo el centro de atención con sus chistes y sus anécdotas sino ese que siente que si no fuera por sus chistes y sus anécdotas nadie le estaría prestando atención.

Llenar de defensas al corazón puede ser peligroso. Entregarse a no sentir es entregarse a la rutina de conocer amores de una noche con su correspondiente depresión de la mañana siguiente. «¿Para qué lo hice?», se vuelve tu gag. El problema es que sabés por qué lo hiciste: lo hiciste porque es más fácil, cómodo. No hay muchas vueltas. No te comprometés en nada, ni siquiera en recordar su nombre, el que suplantarás por un «che» o crearás una falsa confianza canchera en el mejor de los casos y le pondrás un apodo resaltando alguna característica física como su estatura o su color de pelo. Aprender su nombre nunca fue una opción.

«¿Para qué lo hice?» Lo hiciste para que no sepa cuál es tu banda favorita y te regale un disco que no tenés. Lo hiciste para que no sepa qué pedir por vos cuando van a comer a algún lado o cuál es el regalo perfecto para tu cumpleaños aunque falten once meses. Lo hiciste porque no querías pasarle tu Facebook y que investigue cuál es tu película favorita para invitarte a verla a su casa una noche de lluvia. Lo hiciste porque te prometiste no volver a caer en todas esas cosas que te parecen asquerosamente patéticas pero que extrañás horrores.

Porque el verdadero daño que hizo la persona anterior que te dejó así no fue el abandono, fue hacerte dar cuenta de que eras normal, de que eras común y corriente. Que querés la casa, el perro, los chicos. Que te arrebató esa cosa turbia de conflictuadito que vive pensado que se va a morir joven y trágicamente. Eras una canción de rock que se la re bancaba y ahora sos un triste pop melódico que suena en Radio Disney.

Nos prometemos un montón de cosas. El problema es que nunca nos prometemos seguir intentando hasta que alguna vez funcione.

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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