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La columna de Zabo: Los distraídos

@ZaboDice

Por por-nicolas-zabo-zamorano
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¿Y si se confundieron? ¿Y si lo dejaron ir sin darse cuenta? O peor, ¿si lo dejaron ir porque se dieron cuenta? El «gran amor» es el peor enemigo de un discapacitado emocional.

Se supone que es lo que buscamos, eso que vimos en tantas películas, publicidades y novelas donde los protagonistas siempre tienen apellidos compuestos. Eso que nadie apoyará en un principio hasta que se empiecen a dar una serie de hechos que la pareja tendrá que superar para demostrar que el amor todo lo vence y esa serie de gansadas.

En el aviso clasificado imaginario que ponemos para encontrarlo tendría que decir: «Que no sea fácil, excluyente». Porque ¿qué chiste tendría para nosotros, discapacitados emocionales asumidos y orgullosos, que nuestro «gran amor» nos quiera y cuide, que sea simple? Tiene que haber un tercero, un viaje inesperado o al menos una familia de mierda con la cual vivir peleando como mínimo. No sé, algo. Nos negamos a que nuestro «gran amor» sea perfecto ¿Pero por qué?

A veces creo que el «gran amor» mío no debería ser perfecto porque asumí hace tiempo que yo no lo soy. En realidad estoy en las antípodas de eso. Creo que sería un duro castigo el estar con alguien y repetirme por dentro todo el tiempo que no me merezco a esa persona, que la están cagando, que en la repartija hubo tongo, que agarre la garantía y vaya con el fabricante a decirle que su novio le vino defectuoso.
Nuestro «gran amor» no puede ser perfecto.

Mi supuesto «gran amor» es una historia para una película. Incluye haber arrancado odiándonos y termina con un viaje repentino que me deja a mí viendo cómo se va un tren camuflado en la estación de Retiro. ¡En tu cara, Hollywood!
Por si no lo notaron dije «supuesto». Es que se supone que el «gran amor» de un discapacitado emocional tiene que terminar mal. Nosotros buscamos el «y vivieron infelices y quejándose por siempre» para colocar en la placa que va antes de los créditos.

Nos aferramos a un «gran amor» que poco tiene que ver con lo que necesitamos, sino con lo que queremos. Queremos el drama, necesitamos la estabilidad. Queremos lo difícil, necesitamos lo simple. Queremos grandes muestras de amor y exigimos que nos bajen la luna si sienten lo mismo que nosotros cuando simplemente necesitamos que nos pregunte cómo estuvo nuestro día y que de verdad tenga ganas de escucharlo.

Ponerse a revisar la historia necesita un «warning» en rojo furioso. Podés terminar dándote cuenta de que perdiste a alguien que te daba lo que necesitabas cuando sólo pensabas en lo que querías.

 

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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