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La columna de Zabo: los discapacitados emocionales

http://yoadolescente.com.ar

Por Nicolás Zabo Zamorano
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En los meses previos y posteriores al estallido popular de diciembre de 2001, el que llevaba la cámara se transformó en uno más dentro de las movilizaciones populares.

¿Quiénes eran esos documentalistas que aportaban sus herramientas visuales a la lucha? Humberto Ríos, cineasta militante de la década del setenta que también participó de las experiencias audiovisuales del nuevo milenio, opina que «las jóvenes cámaras surgieron amparadas por las nuevas tecnologías digitales y por una urgencia testimonial imparable. Se tuvo una muy rica experiencia al fragor de los combates casi diarios. La situación de rebeldía civil convocó al surgimiento de grupos de cineastas documentalistas (o que se transformaron en documentalistas) bajo diversos rótulos, pero con una finalidad primaria y urgente: dar cuenta de lo que sucedía en el seno de la sociedad civil».

Para Ernesto Ardito, otro director que hace diez años trabajó en la creación de un noticiero obrero y hoy forma parte de RDI (Realizadores Documentales Integrales), «el impacto de 2001 en el cine documental tiene dos instancias: por una parte, la cobertura directa del 19 y 20 y de las manifestaciones o represiones posteriores, como la del Puente Pueyrredón. Y, por otra parte, la relación que surge entre los documentalistas políticos y los actores sociales que aparecen en la superficie tras el estallido, como los piqueteros y los trabajadores de fábricas recuperadas. De aquí nacerán otros documentales que indagarán en forma más humana y profunda sobre estos sujetos y sus conflictos».

Pero estos cineastas no nacieron de un repollo: Desde principios de los 90, el cine militante, de larga y fructífera tradición en la Argentina, resurgió a la par de la agudización de los conflictos sociales en general, y de la revalorización del género documental en particular. No obstante, fue al calor de la crisis del 2001 cuando adquirió mayor visibilidad en la sociedad. Algunos de los grupos que surgieron en este período, en el área de influencia de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, son: Cine Insurgente (1999), Ojo Obrero (2001), Contraimagen (1997), Alavío (1996), Primero de Mayo (1998) y Mascaró Cine Americano (2002). Hubo expresiones que rápidamente se disolvieron. Otros se constituyeron como espacios de trabajo y de encuentro colectivo, como Argentina Arde (2001) y Kino Nuestra Lucha (2002). La mayoría de sus materiales se puede rastrear en internet.

¿Cuál fue el devenir de esos documentalistas? ¿Qué quedó de esa experiencia? «Muchos jóvenes que tomaron las cámaras en esos días luego siguieron con otros proyectos diferentes de vida, continuaron trabajando en los partidos políticos y otras agrupaciones político-culturales independientes, pero ya más aislados», reflexiona Ardito, aunque rescata que «se generó un documento de coyuntura histórica, dimensionado emocionalmente por la posición militante que marcó un hito en el cine documental, sólo comparado con la cobertura del Cordobazo por las cámaras del cine político».

Ríos tiene una postura más optimista: «Surgieron nuevas agrupaciones reunidas alrededor de una práctica política y muchos jóvenes se sumaron a la práctica del documentalismo. Se ve en la cantidad de postulantes en los concursos organizados por el Incaa en las nuevas vías de apoyo al documental».

 

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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