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La columna de Zabo: Los defectuosos

@ZaboDice

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¿Alguna vez entregaste tu corazón? Es casi como encajarle un muerto a alguien. Como vender un auto que por fuera es una Ferrari nueva y reluciente pero por dentro en realidad es un Fitito que sobrevivió a un choque múltiple en Panamericana. Es así, un corazón nunca está nuevo y reluciente.

Venimos defectuosos. Algunas veces de fábrica, otras porque pasó algo en el camino mientras nos transportaban. Un corazón muchas veces se cruza con alguien que no presta atención al cartelito que dice «frágil». Forros hay en todos lados.

Para el momento en que nos dimos cuenta de que nos embaucaron con el corazón que nos entregaron ya es demasiado tarde, el amor es un eterno sábado donde no hay devoluciones ni cambios. El ticket de pago podría ser ese recuerdo pelotudo que nos quedamos de la primera cita: una entrada de cine, el envoltorio de alguna golosina, el papel que se te quedó pegado en la zapatilla cuando saliste del baño de ese boliche. ¿Ustedes son de guardar esas cosas? Yo, sí. Mi cuarto está repleto de recuerdos marginales.

No hay «me lo vendiste fallado» que valga. Simbólicamente podremos ponerle una calificación negativa a nuestro amigo que nos presentó este corazón como si estuviésemos en Mercado Libre. Pero eso no sirve de nada, ya nos clavamos comprando algo defectuoso y que no tiene devolución, ¿ahora que hacemos?

Es inevitable tratar de arreglarlo. Aunque seamos pésimos arreglando corazones, aunque nunca hayamos visto uno por dentro, aunque no entendamos bien qué hacer, lo abrimos igual y «vemos qué onda». ¿Qué es lo peor que podría pasar?
Algunas veces tenemos suerte y el corazón sólo necesita un par de golpecitos como esos que les dábamos a los televisores viejos para que agarraran bien la señal. Algo simple, un par de sacudidas emocionales acompañadas por un grito de «¡reaccioná!» y unas razones para que entienda que merece algo mucho mejor pueden funcionar como esos «golpecitos» a la tele.

Otras veces es más complicado. Necesitamos leer el manual de instrucciones, entrar a la página web del fabricante, hablar con expertos en la materia. Esto podría ser el «chusmear su blog para ver qué tan mal la pasó, revisar sus gustos en Facebook para darle una sorpresa y hablar con sus amigos para que me ayuden».

¿Alguna vez leyeron una garantía? En todas dice que pierden validez por mal uso del usuario. Por ejemplo: no hay que volcarle un vaso de agua. Lo gracioso es que vos querías que el corazón que te di no esté defectuoso cuando me hiciste ahogarme en uno la primera vez que te fuiste.

 

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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