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TEMAS DE LA SEMANA

La columna de Zabo. Las escondidas

http://yo-adolescente.com.ar

Por Nicolás Zabo Zamorano
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Esperar. Emocionado porque aún no te encontraron y tembloroso cada vez que esa persona que se encargaba de buscarte pasaba cerca, pero por suerte no te veía. Elegir el momento justo donde el otro agotó todas sus energías y desistió de la idea de que aparezcas. Correr emocionado para llegar a la pared, golpearla con la palma de la mano y gritar como buenos ganadores que somos: «¡Piedra libre!». Pero no, no ganamos.

El tiempo nos acostumbró a crear diferentes versiones de nosotros. ¿Nunca les pasó que al terminar una relación se dijeron: «Voy a hacer las cosas de otra manera con la próxima persona»? «Esta vez no voy a ser yo el que se enamore primero». «Esta vez me voy a hacer el difícil». «Esta vez voy a ser yo el hijo de puta, para saber qué se siente». Tantas veces fuimos tantas cosas que, para cuando nos quisimos acordar, ya habíamos escondido quiénes somos en un lugar que nadie puede encontrar.

Porque hoy por hoy se trata de eso. Digo, de mostrar tu mejor perfil. Y ni siquiera el de la vida real. Con que tus intereses en Facebook parezcan realmente interesantes y tu cinismo en Twitter sea el más agudo, alcanza para ir alejándote de quien sos. Para amoldarte a lo que viene. Y lo que viene, también viene personalizado para vos. El «somos el uno para el otro» 2.0.
En algún momento no nos dimos cuenta y nos quedamos jugando solos. Pasaron horas, días, meses y años y nunca escuchamos una palmada gritando un «¡Pica!» precedido por nuestro nombre. Y ahí la pregunta: ¿dejaron de buscarnos o somos demasiado buenos escondiéndonos?

Queremos creer que es la segunda opción. Que nos volvimos unos eruditos del camuflaje. Hasta empezamos a sentir orgullo.

«Ni mis más amigos me conocen bien», es una frase que cuando la decimos parece llena de soberbia, pero si nos detenemos a analizarla hay un grito de ayuda y una profunda tristeza. Es una frase incompleta. En realidad sería: «Ni mis más amigos me conocen bien. ¿A vos te parece que me gusta eso?».

¿Ya habrán dejado de buscarnos? ¿Ya se habrán enterado de que somos los mejores jugando a «las escondidas»? ¿Se rindieron? ¿Se fueron? ¿Puedo salir?

Con tu soberbia a cuestas, salís de tu escondite. ¿Para qué correr si no hay nadie? Vas caminando tranquilo hacia la pared. Disfrutando que ganaste. Que tenías razón. Que nunca nadie se va a tomar el suficiente tiempo para encontrarte. Clavás media sonrisa, como diciendo para adentro: «Te lo dije». Pero es media porque la otra mitad está triste, no quería tener razón. «Piedra libre» ya no es un grito sino un lamento. Ganar no siempre está bueno.

 

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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