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TEMAS DE LA SEMANA

La columna de Zabo: la segunda muerte

La columna de Zabo: la segunda muerte

Por Nicolás Zabo Zamorano
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Mi tema favorito de Árbol se llama Memoria, tema cuatro del disco Hormigas. Es la historia de un flaquito que encuentra la forma de sentirse inmortal escondiéndose en la memoria de los otros.

Básicamente se refiere al olvido como una especie de muerte. Y, por lo que yo entiendo, de alguna manera lo es.

Es fácil hablar desde el recuerdo porque podemos manipularlo para bien o para mal.

Si somos honestos tal vez nos demos cuenta de que esa persona de la que nos enamoramos no era tan perfecta después de todo sino que la idealizamos. O que no es que «de un día para el otro estaba todo mal» sino que la relación venía en picada y nosotros habíamos elegido hacernos los ciegos hace rato.

Ser honesto con los recuerdos es difícil y creo que eso nos pasa a todos cuando nos zambullimos en nuestra memoria, la rediseñamos para que duela menos. Poco tiene que ver la realidad con lo que nos pasó.

«Hay quienes dicen que son más felices sin poder recordar», acusa una parte de la canción, y me es difícil contradecirlo.

¿Cuántas cosas preferiríamos olvidar? ¿Cuántas cosas preferiríamos «matar», así no nos molestan más? ¿Cuánto más felices podríamos ser borrando capítulos pasados de nuestra vida que aún se entrometen en nuestro presente llevándonos a repetir la misma situación una y otra vez?

La memoria termina siendo un arma de doble filo. Es la que nos permite acumular las experiencias necesarias para ir aprendiendo de diferentes hechos por los que pasamos, pero si no sabemos usarla se termina volviendo un plano con las indicaciones para calcar los errores del pasado.

Hay que saber diferenciar qué cosas sirve olvidar y qué cosas no. Qué cosas está prohibido olvidar.

«No se puede insistir casi cuarenta años después con los desaparecidos, déjenlos en paz», me decía un taxista antes de que me baje indignado de su auto a mitad de camino del destino adonde iba.

Me quedaban unas cuarenta cuadras para explicarle que justamente se insistía para que finalmente pudieran tener paz ellos, sus familias, sus amigos, esos hijos que les arrebataron y que se encuentran viviendo una vida basada en un crimen, pero hubiera sido muy difícil hacerle entender el buen uso de la memoria.

Ya estaba montado en el tren del olvido de una época nefasta del país e iba a ser imposible que logre convencerlo de bajarse durante un viaje de Parque Chacabuco a Banfield, o de Villa Soldati a Rafael Castillo.

Treinta mil personas morían por segunda vez. La primera a manos del Estado, la segunda a manos de gente que rediseña el pasado para que sea menos doloroso.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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