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La columna de Zabo: introducción al papelón 1

La columna de Zabo: introducción al papelón 1

Por Nicolás Zabo Zamorano
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Para empezar con la clase, lo primero a tener en cuenta es saber a qué tipo de situación avergonzante uno quiere someterse. Si tu deseo es realizar un papelón del que puedas arrepentirte al grito de un «¡¿que hiciste qué?!» de tus mejores amigos, no podes obviar al compañero de la humillación por excelencia: el alcohol.

Paso 1: Salí con tus amigos y observá cómo todos están en pareja menos vos. No dejes que tu vaso esté vacío para que luego tu cabeza comience a preguntarse qué será de la vida de alguien a quien no le interesa para nada qué es de la tuya.

Paso 2: Una vez en tu casa, lo primero que hacés es abrir sesión en algún programa de mensajería instantánea para ver si esa persona con la que tanto te urge hablar llegó a destino y se conectó como vos (claro que eso no sucede, sería demasiado fácil).

Paso 3: Abrimos al mejor amigo del borracho que no puede controlarse, o sea: el correo electrónico. Fiel testigo de humillaciones sin precedentes.

Paso 4: Escribís un mensaje larguísimo repleto de faltas de ortografías y con la redacción de un nene de tres años con problemas de atención. A nadie le molestará: es un mail repleto de alcohol en sangre donde lo que importa es que «los niños y los borrachos siempre dicen la verdad». Una verdad que generalmente puede incinerarte, pero verdad al fin.

Paso 4: Arrancá el mensaje con algo del tipo «no sé bien qué es lo que estoy haciendo, ya sé que no debería escribirte, pero lo hago igual». Con eso jugás a que no sos consciente de lo que estás escribiendo a sabiendas de que mañana le vas a poder echar la culpa a la borrachera de la noche anterior.

Paso 5: El mail se empieza a llenar de «la paso muy bien con vos, eso no me gustaría que se pierda» y cosas por el estilo. Vos querés detenerte pero ya llegaste a la parte donde no soltás la pala hasta dejar una fosa lo suficientemente grande como para enterrarte vos y toda tu familia.

Paso 6: Tenés un momento de lucidez y se te ocurre arrepentirte de todo lo que escribiste antes, pero ojo: ¡no lo borrás! Simplemente tirás algo como «no debería estar diciéndote estas cosas».

Paso 7: Te hacés el superado. Hasta te creés canchero poniendo un «manejalo vos». Sos triste.

Paso 8: Sólo queda poner enviar…pero cerrás la ventana. Un cuadro te invita a dejar en borradores el mensaje que habías escrito. Ponés guardar para que mañana te arrepientas de no haber aprovechado ese momento de arrebato fríamente calculado para poder decir todas esas cosas que a veces no son simples de decir por miedo. Por el simple miedo de que al otro le asuste lo que le pasa a uno.

 

Fuente Redacción Z
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