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TEMAS DE LA SEMANA

La columna de Zabo: El chico malo

La columna de Zabo

Por Nicolás Zabo Zamorano
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Creo que voy a extrañar la época esa en la que discutía con mis amigos cuáles eran los planes para el 14 de febrero. Y no me refiero a intercambiar opiniones sobre cuál sería la salida ideal para hacer con nuestras respectivas parejas, todo lo contrario, para ello hubieran sido necesarias dos cosas: las ganas de festejarlo por un lado y tener parejas, por el otro.

Antes, mi noche perfecta incluía películas clásicas y pochocleras con mi mejor amigo. Pero jamás The Notebook ni Ghost. La temática «minita» estaba totalmente prohibida. No queríamos terminar convirtiéndonos en un personaje de sitcom que se abraza a un pote de helado frente el televisor mientras llora por un viejo amor.

No, nada de eso. Duro de matar, Corazón valiente y cosas por el estilo sólo para empezar a calentar motores. Títulos cargados de testosterona patriarcal y sin un mínimo de sensiblería que solamente eran interrumpidos en su curso para discutir quiénes eran más pelotudos, si los que decían «Día de los enamorados» o «Día de San Valentín».

Luego me convertí en el personaje de sitcom que no quería ser. Elucubraba (ojo, aprendí una palabra nueva) planes macabros para terminar pasando el día con mi ex de turno creyendo que antes de finalizar la jornada algo mágico y esperanzador iba a pasar para que volviéramos a estar juntos, olvidando las mil razones por las que habíamos terminado. Claramente esos dos años de ver Gilmore Girls todas las mañanas comenzaban a hacer estragos en mí y a generarme un útero psicológico.

Tenemos una lucha constante entre quienes somos y quienes queremos ser. Generalmente, nos gustaría ser el chico malo de la historia, ese que todos admiran porque sus sentimientos no son un problema. Lo más triste es que todos en algún momento nos sentimos capaces de estar en ese rol y terminamos haciendo el ridículo porque cualquiera sabe que apenas nos da el piné para el papel del mejor amigo del protagonista. Ese que suele ser medio gil y que siempre tiene un final abierto en la historia.

Si sos como yo, la globalización y la industria de esos detestables ositos con corazones pegados como si fueran tumores externos te dieron un motivo más para hacer lo que más te gusta: quejarte.
Pero también, si sos como yo, algún día te va a pasar como a mí y va a aparecer esa persona que te va a obligar a agradecer que exista un día como San Valentín para poder canalizar ese río de cursilerías que si fuera por vos le dirías todo el tiempo.
Porque dejar de ser el chico rudo una vez al año también puede estar bueno.

 

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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