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Actualizado: 30/11/2021 21:02:50
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TEMAS DE LA SEMANA

LA CIUDAD AUTO noma de Buenos Aires

En los últimos dos años, uno de cada ocho adultos porteñs se compró un cero kilómetro.

Por gabriel-reches
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Basta con salir a la ca­lle y ver: una 4 x 4 con balizas, destellan­do estacionada so­bre la izquierda de una avenida a las tres de la tarde. Bocinazos. Una grúa que se lleva a un auto en infracción. Caos a la salida de una escuela repleta de dobles fi­las. A metros, una vieja coche­ra que cerró para dar paso a un edificio de torres. Cientos de mi­les de conductores con sus moto­res nuevos, solos, detenidos en la mitad de un trayecto, maldicien­do porque una vez que lleguen a donde van, en el mejor de los casos estacionarán a cambio de una suma de dinero astronómi­ca. Y en el peor, darán vueltas y vueltas sobre sus cuatro ruedas sin encontrar lugar.

La escena es de la ciudad de Buenos Aires 2011. La capital del país con más concentración de autos de toda Latinoamérica. La ciudad que tiene un auto cada dos habitantes; el mismo índi­ce que Alemania, Estados Uni­dos y Japón. La ciudad en la que uno de cada ocho adultos paten­tó un auto nuevo en los últimos dos años. La que si pone en una línea recta a todos sus vehículos y les suma los que entran diaria­mente, forma una fila que reco­rre dos veces de punta a punta la Argentina.

La escena es además en 2011. El año que marcará un récord his­tórico y regional en la cantidad de autos patentados: 850 mil para el país y 150 mil para la ciudad, se­gún las estimaciones.

Así las cosas, si alguien no co­nociera nada sobre el planeta y la preponderancia de nuestra es­pecie, al aterrizar en el Obelisco dirá que la ciudad es un territo­rio habitado por una raza llama­da auto, que para moverse de un lado a otro utiliza los servicios de una simpática especie llamada humana.

Hay intentos por rebelarse a esta situación, recuperar una ciu­dad transitable, asociar el uso del auto al placer y al confort.

Pero el gobierno porteño no puede boicotear la industria que motoriza la economía nacional, da trabajo a millones y represen­ta el 6,6 por ciento del producto bruto interno. Entonces intenta el delicado equilibrio de no des­alentar la compraventa de autos, pero sí su uso cotidiano e indivi­dual. Reordena el tránsito para agilizar el transporte público, se propone la construcción de co­cheras nuevas, traza bicisendas y ofrece bicicletas; o piensa en pro­yectos de ley para retacear según el número de patentes, la llega­da de conductores particulares al centro.

Como en muchas megalópo­lis modernas, la lucha es desigual. Más en los momentos de expan­sión del consumo entre las capas medias. Sólo en 2010 y 2011 en la ciudad se vendió un cuarto de millón de autos nuevos, es decir, un cero kilómetro cada ocho ha­bitantes adultos. Estos autos in­crementaron en un 17 por ciento el parque automotor de Buenos Aires.

Hasta aquí, las cifras de la expansión. Ahora, los conflic­tos que genera, que básicamen­te son dos: dónde estacionarlos y cómo hacer para que sea posible seguir circulando por las calles sin maldecir como los conducto­res del comienzo de esta nota.

Estacionados en la calle so­bre la derecha, estos nuevos «ha­bitantes» de la ciudad -es decir únicamente los cero km vendidos en los últimos dos años- ocupa­rían 13 mil cuadras enteras, lo que representa un tercio de las cuadras de Buenos Aires. Si la so­lución fuera en cambio, estacio­narlos en playas a ras del piso, ocuparían la superficie de 650 manzanas; es decir, seis millones y medio de metros cuadrados.

Para entender la obscenidad de la cifra basta con saber que en pleno boom de la construcción en la ciudad, durante el primer semestre de 2011, la superficie total de metros nuevos en vivien­das y torres, fue cuatro veces me­nor. O que la superficie necesaria representa un tercio de los espa­cios verdes de la ciudad.

Paradoja: es un gran negocio tener una cochera, pero no nece­sariamente construirla. Comprar­la puede salir hasta 40 mil dólares en barrios como Puerto Madero, alquilarla es muy simple y no re­presenta gastos para el propieta­rio. Pero como la construcción de viviendas genera mayor rentabili­dad, mientas los autos se vuelven plaga, desde hace una década que cada tres días cierra un gara­je, según se desprende de datos de la Cámara de Estacionamien­tos y Garajes. (ver «Cocheras màs caras»…)

De este modo, los efectos no deseados que esta expansión sin precedentes generan en la vida cotidiana son un cúmulo de ex­periencias intransferibles que marcan a fuego el malhumor de peatones y conductores y que podrían resumirse en dos faltas: la primera es que en horarios y zonas cada vez más amplias de la ciudad ya no hay como circular, y la segunda es que tampoco hay donde dejar el auto.

En algunos casos, estos efec­tos pueden ser medidos. Según un estudio de Luchemos por la Vida -organización especializa­da en temas de tránsito- un 23 por ciento de los carriles para cir­cular en las avenidas, están obs­truidos por autos mal estaciona­dos. En las calles, la obstrucción es aun mayor: 43 por ciento.

Los conductores estacionan en cualquier parte y eso genera más congestión en una trama vial que ya estaba de por sí conges­tionada. Pero esto habla más de un problema estructural que del espíritu infractor de todo porte­ño que se precie de tal. No hay lugar.

A los nuevos y viejos autos hay que sumar también los que entran todos los días a la ciu­dad por las distintas autopistas, puentes y pasos; y que año tras año aumentan mientras que las personas que usan el transporte público disminuyen.

El año pasado el transporte público llevó a 1.645,8 millones de personas. Parece mucho. Pero hace cuarenta años, en 1970, ha­bía llevado a 2.393,4 millones.

En el mismo período, en vez de disminuir, los viajes en auto­móvil subieron un 311 por cien­to en la ciudad, según surge de un estudio del Observatorio de Transporte de la Corporación An­dina de Fomento basado en los datos del Indec.

La tendencia se verifica tam­bién en los autos que entran to­dos los días por las autopistas de acceso. Hace 10 años entra­ron 265 millones. El año pasado entraron 455 millones y marca­ron un récord, pero será supera­do este año, seguramente en un 20 por ciento más. Y el transpor­te público, aunque en una curva más leve, sigue disminuyendo.

¿Qué hacer? ¿Prohibir los au­tos? ¿Tirar abajo las casas? ¿Ra­cionalizar el uso del espacio?

«De acá a unos años, meter­se en el microcentro en auto va a ser impensable, pero la agen­da del Gobierno de la Ciudad está separada de la de la indus­tria automotriz. Tenemos que se­guir sacándole espacios al auto para dárselos a las bicicletas y el Metrobús» explicó a Dia­rio Z Guiller­mo Dietrich, subsecretario de Transporte porteño (ver «Los intentos paliativos»…).

Dietrich es la cabeza del plan integral de reordenamiento de tránsito del gobierno porteño. En ese marco ya se implementó la doble circulación en avenidas para agilizar el transporte público y desalentar el uso individual del auto. Tam­bién inauguró el sistema del Metrobús para el transporte público que corre por la avenida Juan B. Justo. Se trata de las lí­neas 34 y 166, que ahora pueden llegar de Liniers a Plaza Italia en 25 minutos. Según la Subsecre­taría de Tránsito desde su inau­guración a la fecha, los pasajeros de estas líneas crecieron en un 14 por ciento. Hoy, diariamente uti­lizan el Metrobús 115 mil perso­nas. Para ordenar el estaciona­miento y a la vez «desintoxicar» los carriles de circulación, se pro­pone extender la zona de esta­cionamiento medido y la grúa para autos en infracción a todos los centros barriales de la ciudad. Quienes vivan a menos de cinco cuadras pagarán un arancel es­pecial.

Cocheras para vecinos

A la vez, el gobierno porte­ño construye cocheras subterrá­neas en los barrios de mayor de­manda. La primera es la que se inauguró hace dos semanas, en la plaza Emilio Mitre, de Recole­ta, bajo Pueyrredón, Las Heras, Cantilo y Pacheco de Melo. Fue una obra complicada, de 11.180 metros cuadrados, con dos sub­suelos, que demoró 16 meses de construcción. Pero entran apenas 428 autos.

Las bicicletas del Estado son otro intento. En este caso, lo que se busca es reducir el uso del auto para moverse en el mi­crocentro. Hoy hay 21 estacio­nes en distintos puntos de la ciu­dad donde, contra la entrega de un documento y la fotocopia de un servicio, un peatón puede lle­varse por dos horas, alguna de las 650 bicicletas disponibles. Ya hay 36 mil personas anotadas en el registro y el sistema está sien­do muy utilizado. En ese sentido es un éxito. Cuando se revisa la escala, todavía está lejos de pro­ducir una liberación. En un año entero, la estimación de uso de este sistema, es de medio millón de personas. Un tercio de la can­tidad de autos que desde el co­nurbano entran por día a la ciu­dad.

Según Blas Orduna, direc­tor del Centro de Investigación de Estudios de Transporte en la Facultad de Arquitectura (UBA), «los problemas de transporte y movilidad son globales y se su­fren en todas las metrópolis». Sin embargo, en el caso particular de los porteños «la falta de pla­nificación entre Ciudad, Nación y la provincia de Buenos Aires» es una cuestión a resolver en el cor­to plazo.

Mientras tanto, el parque au­tomotor sigue creciendo y des­actualiza cualquier número. Si un lector de Diario Z comien­za a leer esta nota un día hábil de mañana, al llegar la noche se­guramente no se habrá construi­do ninguna cochera en la ciudad. Pero se habrán patentado 410 autos nuevos.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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