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La Chicana: gótico tanguero

El grupo encabezado por Dolores Solá y Acho Estol tiene nuevo disco, Antihéroes y tumbas. Cumplen 18 años de música.

Por Diego Manso
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La Chicana por Marcos Zimmermann1

Ayer hoy era mañana (1997), el primer disco de La Chicana, grupo liderado por Dolores Solá y Acho Estol, trajo al panorama tanguero –que apuntaba a reverdecer en experiencias diversas tras décadas de historia negra– un sonido hasta entonces inédito que abrevaba de los nuevos experimentos de la fusión que por aquel entonces comenzó a permear la música popular del mundo (pensemos, por caso, en sus coetáneos Ojos de Brujo o Radio Tarifa) hasta convertirse, hoy por hoy, en marca definitoria de una época. De allí hasta aquí, luego de veinte años, La Chicana no ha hecho otra cosa que profundizar ese recorrido: Solá, cada vez más convertida una Lotte Lenya cimarrona, intérprete osada aún sin techo, y Estol como el compositor más luminoso y prolífico que ha dado el género en los últimos cuatro lustros. De esa combinación, que va casi sin escalas de Agustín Bardi a Tom Waits, que recorre escenarios del mundo y que es referencia en una escena local todavía demasiado conservadora, se llega ahora a Antihéroes y tumbas, disco compuesto, según el subtítulo, por historias del gótico surero. Al fin de cuentas, uno de los mejores momentos musicales que ocurren hoy en Buenos Aires.

Se observa un gran movimiento entre el primer disco y este último, ¿cómo observan su evolución en estos 20 años?
Solá: En nuestro disco anterior, Revolución o picnic, nos dimos todos los permisos e hicimos todo a lo que no nos animábamos en el pasado. Terminó siendo un disco muy psicodélico. Entonces nos preguntamos: “Después de un disco doble y muy audaz, ¿hacia dónde agarramos?”. Y lo que tiene de bueno La Chicana es que tiene muchos costados: uno criollo, otro gótico, otro folclórico… Así que contábamos con cinco seis canciones de Acho que nos gustaban mucho y que nos marcaron un poco el rumbo de Antihéroes
Estol: En esa liberación tan ecléctica que hicimos había algo de seguridad, porque en el “vale todo” nos sentimos muy cómodos. Somos de una generación de samplear músicas distintas. Yo tengo un cosa enciclopédica desde muy chico. Para este nuevo disco pusimos unos seis temas en círculo y nos fijamos qué pasaba en el medio. Para mí había que encontrar más austeridad en los instrumentos, buscar un sonido más seco y definitivo. Tuvo que ver con las letras, que son muy personales, de historias pequeñas de marginales con un toque de ternura y redención.
¿Cómo se están relacionando en este momento con la idea del tango?
Solá: De una forma muy libre, como desde el principio, pensando que el tango es un universo más amplio del que nos contaron. Por eso nos parece que Tom Waits o el Berlín de Kurt Weill son tangueros. En ese sentido jugamos con los límites casi sin prudencia. Si hay una chamarrita que nos gusta más que un tango, seguro que ponemos la chamarrita.
Estol: La relación con el tango cambia todos los días, cada vez me convenzo más de que tendríamos que encontrar la forma de no ser una banda de tango. En este disco ya está claro el experimiento. En un momento fantaseamos con presentarlo a los Grammy Latinos y después nos dimos cuenta de que para presentarlo como “disco de tango” debíamos de tener más del 50 por ciento de tangos. Y no entraba, era un disco de folclore si queríamos presentarlo ahí.
¿Cómo ven las nuevas composiciones que pretenden actualizar el género basadas en la idea de traer la poética original del tango a la vida contemporánea?
Estol: Hay una parte de eso que es muy torpe, de los 60 para acá, y que me pone mal, me da bronca. Siento que es oportunista, pero son cuestiones de gustos al fin de cuentas. Yo no puedo creer que tangos como “Garganta con arena” o “Café La Humedad” tengan más éxito que las cosas que hizo el Tata Cedrón. El mainstream supuesto del tango ha hecho un intento de actualización de un género que tal vez hubiese sido mejor que quedara como música clásica.
¿La poética original del tango es aplicable a la actualidad sin necesidad de actualizaciones?
Estol: Se exagera la escenografía de los tangos viejos, se le da demasiada importancia al farolito o al arrabal, cuando en realidad son elementos muy secundarios de historias que son universales. Y son historias marginales, porque nuestro país está basado, desde que se creó, en una pirámide socioeconómica injusta. La mayoría del paisaje social de nuestro país es tirando a marginal. Si hiciéramos un movimiento browniano, te van a tocar cinco minutos en Avenida Alvear, en un lugar divino que parece París, y el resto del tiempo en un suburbio que parece brasileño o hindú, oscuro y gris, donde te sentís inseguro, donde todo es sucio o pobre… No es más que la escenografía honesta de un relato cuyo centro es el hombre.

Los viernes de septiembre, a las 21.30, en el CAFF, Bustamante 772. Entradas $120.

Fuente Redacción Z
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