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TEMAS DE LA SEMANA

La celestina: De amores prohibidos

Retratada por la literatura española del siglo XVI, era clave para el encuentro de los amantes. Y sabía guardar el secreto.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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la celestina

La Celestina es un personaje literario de la Tragicomedia de Calisto y Melibea (Bur­gos, 1499). La llamada Celestina suele ser una mujer que hace de intermediaria en asuntos del amor entre un hombre y una mujer que se desean, se buscan, se atraen. Ésa es su función y su ocupación principal. Ése es, ni más ni menos, el oficio de la celestina.

En esta novela del Siglo de Oro, y por ello en la realidad de esa época, la celestina estaba representa­da en la doncella o servidora personal de una dama aficionada a amores extraconyugales. Las celestinas podían ser por eso intermediarias y, al mismo tiem­po, cómplices en los adulterios.

Su influencia era lógica en una sociedad cerra­da como aquélla: la servidora era algo más que una empleada doméstica. Vivía permanentemente “codo a codo” con su patrona o ama, compartiendo sus vicisitudes, sus alegrías y sus tristezas.

Si el hombre due­ño de casa era celoso y guardián, obligaba a la mujer a un encierro opresivo y permanente. Y así la misma suerte sufría la doncella, con lo que las ansias de li­bertad eran comparti­das entre las dos mu­jeres; lo mismo en el deseo de vengarse del marido opresor.

En aquellos tiempos, tener un amante, requería de alguien que ayudara a reunirse con la otra per­sona. Y para eso estaba la celestina, quien se encar­gaba de preparar la ocasión, el lugar del encuentro y el horario. Y además custodiaba celosamente el se­creto.

Es por eso que este oficio o función era conocido también con el nombre de “alcahueta”, término que procedía del árabe al-qahuéd, y que quería decir el conductor o el intermediario.

La alcahueta cumplía las mismas funciones de arreglar encuentros, cubrir, ocultar y facilitar reunio­nes amorosas, generalmente, ilícitas.

Por supuesto, este oficio fue desempeñado por hombres y mujeres, y hasta por niños. Aunque la imagen de una anciana mayor, o ya entrada en años, se impuso, y es, hasta el presente, la más habitual para estos casos de amores prohibidos.

Cervantes pone en boca de Don Quijote palabras de aprobación sobre las celestinas o alcahuetas: “El oficio de alcahuetas es oficio de discretos y necesa­rísimos en la república bien ordenada, que no lo de­bía ejercer sino gente muy bien nacida y aún había de haber veedor y examinador de los tales, como hay en los demás oficios…”.

Durante el Renacimiento, muchas mujeres prosti­tutas, al envejecer, se dedicaban al muy rentable ofi­cio de celestinas.

Incluso, se acuñó un dicho popular: Jo­ven ramera, vieja al­cahueta”.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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Diario Z
Médico sexólogo clínico. Director del Programa de Sexología Clínica del Hospital de Clínicas. Jefe de Cátedra Libre Sexología Clínica.