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TEMAS DE LA SEMANA

Kirchnerismo que vuelve a la cancha

Con el aumento de la asignación universal y el salario familiar, el Gobierno retoma su política de fortalecer el consumo y ganarle a la inflación. La multitudinaria movilización por el 25 de Mayo muestra que su capacidad de convocatoria sigue tan vital como siempre.

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cristina cristina

Después de largas semanas de amesetamiento político y de gestión, o de anuncios de medidas entre defensivas y controvertidas, como el lanzamiento del blanqueo, el Gobierno recuperó con su conocida vitalidad el centro del escenario político. Lo hizo doblemente. Primero, con los anuncios sobre subas en los montos de la AUH y las asignaciones familiares –en porcentajes que están muy por encima de cualquier índice inflacionario que se tome en consideración– y con otra enorme movilización social, la celebración del kirchnerismo de sus diez años de gobierno.

Si el proyecto de blanqueo de capitales contradice reiterados discursos oficiales contra evasores, lavadores, compradores o fugadores de divisas, el aumento en las coberturas sociales está en línea con la vieja estrategia oficial que pretende mayor inclusión, el sostenimiento de la actividad económica en el mercado interno, la defensa de los bolsillos de los que menos tienen. No se trata sólo del efecto reactivador de poner otros 16,8 mil millones de pesos en la calle, sino de su impacto en términos redistribuidores. Según la Anses, con la elevación en un 35,3% de la AUH (de 340 a 460 pesos mensuales) la asignación representará el 13,5 por ciento del salario de los trabajadores no registrados, contra el 12,1% que éstos cobraban cuando se aplicó el último aumento, en octubre de 2012. La suba se implementa en un momento en que el Gobierno, de un modo que parece espasmódico y sin terminar de trabajar en el problema de las empresas formadoras de precios, intenta frenar la inflación con permanentes idas y venidas en los “congelamientos” de precios. La inflación comienza a menguar un poco a los ponchazos, las paritarias que se vienen negociando con grandes gremios cierran por encima de los índices de precios que toman las provincias (para no tomar los números todavía inverosímiles del Indec), pero quedan afuera de estas mejoras los trabajadores informales, un tercio del total y se suma el problema de los nuevos trabajadores activos que buscan empleo y no lo consiguen.

El anuncio de las subas de asignaciones le permitió de paso al Gobierno exhibir una foto de coyuntura junto a los dirigentes sindicales cercanos. Foto que, en un marco de debilidades y fragmentación gremial, puede oponerse a cierta soledad del sector encabezado por Hugo Moyano, quien vio despedirse de su espacio a un sindicato importante, el de los bancarios. El paro de los docentes bonaerenses habla a la vez de cuadros sociales a los que no terminan de llegar las virtudes del proyecto nacional y popular, aunque seguramente habla también de problemas de gestión específicos del distrito.

¡Viven! 

No hay Indec que pueda medir qué cantidad de gente se movilizó el 25 de mayo a Plaza de Mayo pero no cabe duda de que se trató de una demostración imponente. Las adhesiones masivas y voluntarias a la movilización no necesariamente indican futuros comportamientos electorales, pero sí sugieren como mínimo que el kirchnerismo está vivo y lo sucedido merece contraponerse con las enormes dudas que suscitan los diversos espacios opositores en cuanto a su real inserción social, no su figuración en términos de vocinglerías mediáticas. Por enésima vez se trató además de una movilización de una rica complejidad social: agrupaciones encolumnadas, sí, pero también una bocha de gente suelta. Trabajadores, humildes y clases medias bajas, sí, pero clases medias también. Este último dato reitera a los gritos el absurdo de cierto discurso cuadrado del kirchnerismo dedicado a atacar a las clases medias, de las que también se nutre el kirchnerismo, incluida buena parte de su militancia y dirigencia.

Del discurso presidencial no se desprenden grandes novedades sino algunos énfasis renovados. El primero, la negación de la idea instalada por el sistema mediático político y opositor de un estado de “fin de ciclo”. La Presidenta invirtió los términos cuando se preguntó si la idea de fin de ciclo no implica un deseo oculto de la derecha de retroceder en el tiempo y terminar con algunos de los efectos virtuosos del ciclo kirchnerista. Por enésima vez volvió a decir aquello de “no soy eterna”, luego de haber repetido también que no busca una reforma constitucional que le permita presentarse a una re-reelección. Siempre se puede ser suspicaz en esa materia y preguntarse si la Presidenta no se animaría a presentarse nuevamente en 2015 si en las legislativas le fuera maravillosamente bien. El que escribe no cree que eso vaya a suceder y en cambio anota esto: es el kirchnerismo como movimiento a la vez vertical y tumultuoso el que no parece animarse a discutir horizontalmente y en voz alta el problema de la sucesión presidencial, entre otras razones por la enorme centralidad que tiene la figura de Cristina, que parece ocupar y decidir (casi) todo. Eso incluye acaso la exhibición deliberada para las cámaras del gobernador formoseño Gildo Insfrán, fuertemente cuestionado por las sucesivas represiones a los qom, detrás de la Presidenta durante su discurso del 25.

Romper récords 

Los rasgos de pura agitación de la política argentina persisten. Que la sanción de la ley de reforma del Consejo de la Magistratura haya derivado en 16 cautelares automáticas habla de un récord que no por largamente previsto deja de ser algo caricaturesco. Dentro de pocas semanas expiran los plazos para presentar alianzas y candidaturas. Allí se sabrá si la política convertida en pura rutina de presentación de denuncias judiciales y mediáticas le alcanza a la oposición para mostrarse más consistente. Lo mismo cabe en relación con las últimas movidas simétricas de Mauricio Macri y José Manuel de la Sota para “defender” una libertad de expresión en riesgo presunto. Y lo mismo sucede con las declaraciones del segundo que, con tal de ganar alguna audiencia conservadora, ofertó canjear impunidad de los represores de la última dictadura a cambio de información hipotética sobre el destino de los desaparecidos. Lo de siempre: demasiado ruido y poco proyecto. O un proyecto opositor que, cuando asoma, da algo de miedito.

DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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