Tiempo en Capital Federal

17° Max 10° Min
Cubierto
Cubierto

Humedad: 55%
Viento: Noroeste 16km/h
  • Viernes 14 de Mayo
    Cubierto11°   17°
  • Sábado 15 de Mayo
    Muy nuboso12°   17°
  • Domingo 16 de Mayo
    Cubierto13°   17°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Kevin Johansen: ‘El arte es muy parecido al sexo’

El cantante cuenta que en su último disco, el álbum doble Bi, se atrevió a hurgar en el pasado.

Por Diego Oscar Ramos
Email This Page

En la altura de su departamento, la cercanía del Zoológico de Palermo regala a la entrevista con Kevin Johansen el rugido nocturno de una fiera que el músico identifica rápidamente como proveniente de un león. Y la sensación de sorpresa por algo que no se espera, que genera novedad en una situación cotidiana, bien puede servir para entender mucho de su arte. Y como viene pasando desde que editara su primer disco solista en 2000, esa misma naturaleza multicultural que se dio por su vida movediza entre la Argentina y los Estados Unidos, donde nació, está impresa en una obra siempre esquiva al amarre genérico. También en Bi, disco doble editado junto a su grupo estable, The Nada, Johansen expande más esa manera suya de hacer canciones llenas de juegos del lenguaje y una buena cuota de descripción de personajes urbanos arquetípicos. Y llega a sorprender con algunas combinaciones sonoras, como las que se dan cuando con la Orquesta El Arranque viste de tango la lírica filosa de Leonard Cohen en Everybody Knows. Y tal vez más por sumar, junto a invitados ilustres e inevitablemente multiculturales como Lila Downs, Rubén Rada, Daniela Mercury, Paulinho Moska, Lisandro Aristimuño o Fernando Cabrera, imprime una dosis mayor de sensibilidad a su recetario habitual siempre propenso al ingenio.

Además de la tapa con fotos de tus padres, el arte interno de los discos tiene muchas imágenes de tu infancia. ¿Qué sentido le das a esa elección?
Cuando saqué el primer disco, The nada, puse una frase que decía «Mixture is the future» (la mezcla es el futuro), pero cuando lo vi impreso podría haber dicho que la mezcla es también el pasado. Y ésta es la vuelta de tuerca, hurgar un poco en el pasado, en la esencia de uno. Porque mi presente, lo que soy, viene a partir de eso: de una madre argentina que se fue y conoció a un yanqui, ella una mujer muy inquieta, de letras, que hablaba siete u ocho idiomas y mi viejo tenía su personalidad, pero era tranquilo, muy zen en un punto.

Parecería que estás ahondando en niveles más sensibles en las letras, que dejaras menos espacios para tu habitual ironía.
Es verdad. A veces la ironía es un escudo, un mecanismo de defensa. La ironía es tristeza disfrazada, sobre todo en una canción. Me gusta aplicarla porque obliga al oyente a una segunda lectura. Mi tarea como cancionista es conjugar sonoridad con sentido, es un juego eterno y una búsqueda, como la de un arqueólogo. A veces lográs una cosa y no la otra, pero cuando lográs las dos, decís: «Bien, eureka». Pero cuando cantás la canción de entrega, como «Anoche soñé contigo» o «Canción de autoayuda para mí», no es tan fácil, me siento expuesto y vulnerable. Y es cierto que en este disco me abrí a entregar un poco más los sentimientos, hasta los de confusión que te puede plantear la vida. Hay más de eso, me jugué más. Al terminarlo me agarró primero una especie de pánico escénico inconsciente, un pudor, por sentir que había dicho muchas cosas muy personales. Y después está el tema de subir al escenario y presentarlo en todos lados.

Más allá de esta exposición, se te ve feliz con el resultado.
Estoy muy contento. Le puede gustar a quien ya me conoce, que va a tener de donde agarrarse, con canciones para cantar y también otras con las que sorprenderse. También le puede pasar eso al público que no me tiene tanto. Y es tarea del artista sorprender al desprevenido y susurrarle: «Venga para acá».

¿La conexión con otros es lo que da más sentido a tu oficio?
Sí. El arte es muy parecido al sexo, porque primero uno lo descubre con uno mismo y después con otro. La música es muy introspectiva, va de adentro hacia afuera, uno necesita encontrar el placer en uno mismo, en tu cuerpo, como pasa con la voz o en un instrumento. Pero después, no es algo completo si uno no tiene ese sexo con alguien que escucha y te dice: «Qué lindo, me emocionaste». Desde la canción, todo compositor que quiera ser apreciado fantasea con el momento en que la señora que está barriendo la vereda, el kiosquero, o el pibe que está yendo a jugar a la pelota silben una melodía suya. O cuando alguien está con auriculares y te dice: «Te estoy escuchando a vos». Esas cosas son preciosas. Y si tienen que ver con el ego, es uno saludable, porque te hace conectar con el otro y sentís que estás dando y recibiendo.

DZ/sc

 

Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario