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TEMAS DE LA SEMANA

Kavanagh: historia de una venganza

El rascacielos fue mandado a construir por Corina Kavanagh como símbolo de un amor imposible.

Por valeria-massimino
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En el barrio de Retiro, en la inter­sección de las calles Florida y San Martín, se vislumbra una impo­nente construcción: el edificio Kavanagh, de 120 metros de altura (supo ser el más alto de América Latina) y el pri­mero en contar con aire acondicionado.

La historia cuenta que en la década del 30, la hija de Corina Kavanagh, provenien­te de una familia enriquecida tuvo una his­toria de amor con un joven de alta alcurnia, hijo de Mercedes Castellanos de An­chorena. Mercedes se oponía termi­nantemente a la relación. Y por ese motivo, Corina no continuó con el romance. Dolida, decidió vengarse con la construcción del edificio.

La familia Anchorena vivía en el palacete que hoy es la sede de la Cancillería, del lado opuesto a la Pla­za San Martín, y ansiaban comprar un lote vacío frente a la Basílica del Santísimo Sacramento, para cons­truir una nueva mansión y que la iglesia quedará anexada, ya que que­rían usarla como sepulcro familiar.

Es ahí donde comienza la ven­ganza de Corina, quien adquirió con antelación el lugar, y ordenó al es­tudio de los arquitectos Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis María de la Torre (célebres en la época), la construcción de un gran edificio con un único objetivo: tapar en su tota­lidad la vista de la iglesia desde to­dos los ángulos. Principalmente des­de los ventanales de la mansión de los Anchorena.

El terreno donde hoy está el Ka­vanagh pertenecía al hotel Plaza y, según la leyenda urbana, Corina re­gresó de un viaje para adelantarse a la com­pra del lugar, antes de que lo hiciera su ene­miga Anchorena. Cuentan que para lograr su cometido, vendió con rapidez tres estancias que poseía en Venado Tuerto. Y en 14 meses se construyó el edificio, entre 1934 y 1936. En 1948, Corina le vendió su propiedad al banquero Henry Roberts: hoy la torre tiene 31 pisos y 105 departamen­tos de lujo, todos amplios y distintos entre sí. Fue el edificio de hormigón más alto de Latina. Posee cinco escaleras, lo­cales en la planta baja y estacionamiento. Resultó una novedad para aquel tiempo la variedad de opciones que brindaba un edi­ficio: pileta, talleres de lavado y planchado, cámara frigorífica para pieles y alfombras, sistema telefónico central y depósitos de seguridad. Y fue el primero en poseer aire acondicionado central en la Argentina.

«El único piso que hoy está a la venta es el 14, que tiene 700 metros cuadrados. resto son departamentos de tres ambien­tes, pero como los de antes: grandes como un cancha de fútbol», relata uno de los en­cargados. Los departamentos más chicos tienen 140 metros cuadrados y están ha­bitados por personalidades de la cultura y la política. «Siguen las familias de renom­bre viviendo aquí, como los Rocca, Grupo Techint, miembros de la familia Perez Com­panc, Pereyra Iraola, entre otros», dice el en­cargado, acostumbrado a las preguntas.

Algunas particularidades: el Kavanagh no tiene portero eléctrico ni cocheras, pues hace 74 años todavía se estacionaban los ca­rruajes sobre las aceras y la tradición perdu­ró en el tiempo. El diseño original no puede ser alterado, y cuando se vende una unidad el nuevo propietario debe firmar una serie de compromisos que lo garantice. Tiene vis­ta en 360 grados: al Río de la Plata, plaza San Martín y Puerto Madero.

Si hoy alguien quiere mirar de frente la actual Basílica del Santísimo Sacramento, debe pararse en el pasaje Corina Kavanagh. No hay otra manera.

 

Fuente Redacción Z
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