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TEMAS DE LA SEMANA

Justicia, preguntas y militancia

El gobierno nacional avanza con su idea de democratizar la Justicia. La oposición critica todo a pesar de que existen coincidencias. El debate por la ayuda a los inundados y las preguntas que molestan.

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cristina inundaciones

El principal problema de la Argentina es la Justicia. Su ineficacia y su alto nivel de venalidad fueron garantes de impunidad durante las últimas décadas. Rara vez los poderosos reciben castigo penal. Dinero o contactos políticos los mantienen al margen de cualquier sanción efectiva. Con ese paisaje, proponer que el Poder Judicial sea más eficiente, democrático y abierto debería ser un desafío para todo el arco político y no sólo para el Gobierno. En cambio, si los proyectos enviados por la Presidenta al Congreso tienen el objetivo oculto de “domesticar” a los jueces díscolos, se estaría malversando una propuesta necesaria y largamente postergada.

Hasta Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia, aceptó la necesidad de modificaciones. “Estamos de acuerdo con que el Poder Judicial debe cambiar, y esos cambios deben ser en beneficio del pueblo”, señaló en su discurso conmemorativo de los 150 años del Alto Tribunal y agregó: “El pueblo quiere una Justicia más accesible y rápida”.

De los seis proyectos de ley, tres no deberían generar objeciones de fondo: la publicidad de las causas (vía la web); el acceso libre a las declaraciones juradas de los jueces y el ingreso por concurso a la carrera judicial. Con buen criterio, el diputado radical Gil Lavedra redobló la apuesta: que el ingreso por concurso se extienda al Poder Ejecutivo y al Poder Judicial. En esas áreas también es más importante ser amigo o familiar que honesto y capaz.

El resto de los proyectos son más polémicos. La ampliación del Consejo de la Magistratura a 19 miembros, la incorporación de académicos (no del Derecho) y la elección de sus miembros por el voto popular cosecharon el rechazo unánime de la oposición. El organismo, que ahora tiene 13 miembros, está paralizado. Su composición fue diseño de la entonces senadora Fernández de Kirchner. En aquel momento, 2005, fue el gesto que terminó de romper la relación que se estaba tejiendo con las fuerzas de centroizquierda. La cuestión es simple: una cosa es hacerlo eficiente y no corporativo y otra muy distinta coparlo para el oficialismo.

La regulación de las medidas cautelares contra el Estado es otro proyecto razonable. Desde Mauricio Macri hasta Fabiana Ríos se quejan del manejo discrecional de magistrados que traban acciones del Ejecutivo o leyes con suma facilidad. La idea es ponerles un plazo de seis meses y que luego el juez dicte una sentencia de fondo.

Por último, la creación de cámaras de Casación (hay una en lo Penal) en los fueros Contencioso Administrativo, Civil y Comercial y Laboral. Hay un objetivo racional: que la Corte Suprema sólo tramite causas constitucionales. Un peligro: traerá más demora en causas como las previsionales. Otro riesgo: que el Gobierno quiera colonizar los nuevos tribunales.

Como ocurrió con la Ley de Servicios Audiovisuales otra vez el tema es el “cómo”, no el “qué”. Si la norma que regula el mercado de medios sólo se ejecuta para enflaquecer al grupo Clarín, no sólo quedaría trastocado el objetivo de la ley sino que se traicionaría a los miles de argentinos que contribuyeron a su elaboración. Proponer cambios en el Poder Judicial sólo para amoldarlo a las necesidades del Ejecutivo conllevaría un retroceso de varias décadas y un abuso repudiable.

Oficialistas y opositores deben tener en cuenta esos riesgos ante el debate que se inicia en el Congreso. De otro modo, el ciudadano de a pie, ese que no tiene contactos políticos ni puede recurrir a abogados influyentes, seguirá teniendo miedo de entrar a Tribunales hasta cuando se presenta para defender sus derechos.

Preguntas y militancia

Esta semana bajó el agua y dejó al descubierto la tristeza y la desolación de los sobrevivientes así como la enorme solidaridad de los argentinos. También algunas miserias como la disputa por la cantidad de muertos en La Plata y una sorpresiva discusión por el uso de pecheras partidarias en el reparto de ayuda.

Juan Miceli, periodista del noticiero de la Televisión Pública, le preguntó al diputado Andrés “Cuervo” Larroque, quien se encontraba con militantes de La Cámpora en plena tarea de distribución de mercaderías en La Plata, si era correcto que los militantes entregaran los productos con pecheras de su agrupación. La respuesta del diputado fue razonable. Se puede acordar o no. Explicó que las donaciones las había recolectado su sector político y que, a su juicio, la gente les entrega la ayuda porque confía en ellos. Luego, fiel a su estilo, lanzó una bravuconada. “¿Quién me está preguntando?”, interrogó y después que el periodista se identificó, lanzó en tono admonitorio: “Te invito a que vengas a ayudarnos, te espero hoy acá cuando termine el noticiero”. Larroque tenía argumentos para defender su posición, pero los dinamitó en función de su enojo.

Las preguntas molestan. En buena hora. Son la médula del trabajo periodístico. En especial cuando se dirigen al poder político o al poder económico, que no siempre coinciden. En esta época de antis y pros, de ataques furiosos y defensas a ultranza, muchos colegas están más preocupados por editorializar que por preguntar. Una pena, las preguntas son una extraordinaria herramienta. Sin ellas no hay periodismo posible. Miceli hizo una pregunta. No debería tener consecuencias por hacer su trabajo. Esto vale para la Televisión Pública como para los canales privados.

En este marco lo de las pecheras parece menos relevante. Los jóvenes de La Cámpora no se mueven de manera muy distinta a los chicos del PRO o a los jóvenes socialistas de Santa Fe. Todos ellos están orgullosos de las ideas que defienden y no escatiman sus banderas. Bienvenida la militancia juvenil cuando tiene como objetivo ayudar a los que lo necesitan. En un sistema democrático, es la política la única herramienta que puede solucionar problemas y reparar las injusticias.

Distinto es el uso político de la ayuda estatal. Alguna vez, Carlos Ruckauf, cuando era gobernador de Buenos Aires, regaló zapatillas que llevaban su firma. No fue el primero ni será el último de una larga lista de oportunistas. Ya casi nadie lo recuerda. No se puede estampar la voluntad ni el corazón de la gente.

DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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Diario Z
Periodista. Escritor. Cazador de historias. Argentina @Sietecase http://ReynaldoSietecase.com.ar