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TEMAS DE LA SEMANA

Julia Calvo: “Las mujeres de los 30 debieron romper barreras”

La talentosa actriz repasa el gran momento que está atravesando y cómo es interpretar a Nelly Omar, la cantante de tango recientemente fallecida,
en la obra Manzi, una vida en orsai.

Por Hernán Rizzone
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julia_calvo

Su talento actoral combi­nado con todo el poten­cial de su oficio brindan un cóctel interesante para que el espectador vaya a verla en Manzi, una vida en orsai, que retor­nará en enero a la cartelera porte­ña. En la obra, se pone en la piel de la gran cantante de tango Nelly Omar. La actriz Julia Calvo en cada función bucea una de las historias de amor que llevan el compás del 2×4; aquella que transitaron Nelly Omar y el poeta Homero Manzi, in­terpretado por Jorge Suárez.

La propuesta teatral se cansó de obtener premios este año, don­de se llevó cuatro ACE como Me­jor musical, Actuación femenina en musical, Actuación masculina en musical y Dirección de musical. También obtuvo cuatro premios Hugo, en las categorías Mejor mu­sical, Mejor libro de musical argen­tino, Mejor actuación protagónica femenina y Revelación masculina.

Acontinuación sale a escena Nelly Omar… perdón, Julia Calvo, quien confiesa diversas cuestiones como su relación con el tango –in­cluido su pasado milonguero– sus vivencias de su adolescencia en Es­paña, un reciente episodio de ata­que de pánico, y por supuesto, el análisis que hacer de su rol en el fe­nómeno “Manzi”.

¿Cómo fue construir al perso­naje de Nelly Omar?

Es una cantante que vive y tiene 102 años y posee una personalidad muy fuerte. La directora Betty Gambar­tes me dejó componer desde mis impresiones. Cuando a una perso­na se le muere el amor de su vida a los 40 años, detrás hay toda una historia de vida. Inclusive, a Nelly le dijeron que la obra era muy buena pero jamás quiso venir a verla por­que dijo “Yo quiero mirar para de­lante” y esas palabras son una gran enseñanza. Desde esos detalles co­mencé a componer el personaje.

¿Quién pudo hablar con ella?

Betty Gambartes fue a verla en va­rias ocasiones. Incluso, te cuento otra anécdota. Un mes antes de fa­llecer, vino a ver la obra Acho Man­zi –poeta y pianista, hijo de Home­ro– quien quedó encantado con la puesta. Nos dimos un gran abrazo y me dijo: ”Jamás olvidaré esta pie­za. Pensé que la memoria de mi pa­dre iba a pasar mansamente pero por suerte cayó en las manos de us­tedes”.

¿Cómo fue interpretar a la que llamaban “Gardel con pollera”?

Es fuerte. En aquella época de los treinta aparecieron mujeres de ca­rácter y personalidades potentes como Imperio Argentino, Ada Fal­cón, Azucena Maizani, Libertad La­marque, Sofía Bozán, entre otras. Ellas tuvieron que lidiar con el mer­cado machista de aquel entonces y rompieron con ciertas barreras.

¿Te gusta el tango?

La verdad siempre he sido media hippie y rockera, pero el tango era frecuente en mi casa. Además, mi abuela y mi madre hacían las cosas cantando tangos con lo cual tengo una relación con el 2×4 de toda una vida. Inclusive fui dueña de una mi­longa 15 años con mi hermano.

¿Cómo fue la experiencia en el mundo de la milonga?

La milonga se llamaba Niño Bien y se inauguró en el 98. Duró has­ta abril de este año, que decidimos cerrar. El nombre se lo puse por mi hermano, que es un bacán. Yo par­ticipé los dos primeros años.

¿Cuál era tu rol en la milonga?

(Risas). Medio era la Beba Bidart del sitio y fui la anfitriona del espa­cio, que estaba en San Cristóbal. En mi caso organizaba las mesas y me preocupaba que todo el mundo es­tuviera cómodo y a gusto.

¿Cómo es la noche milonguera?

Hay una mística especial al bailar entre el hombre y la mujer.

¿Por qué cerró el lugar?

En realidad, cerró porque la idea supo ser la conexión que tuvimos con el mundo de nuestra fami­lia. Entonces, últimamente termi­nó siendo un negocio y se perdió la mística. Ya nadie disfrutaba y a mi hermano le llevaba mucho tiempo seguir con la milonga.

Este año trabajaste en Historia clínica, Combatientes, Quitape­nas. Ahora estás grabando Se­ñales para Canal 7. Más no po­dés pedir…

(Risas). Estoy muy contenta con el 2013, que es un gran año y el ba­lance es genial. Claro, que pasan cosas…

¿Qué te sucedió?

Te voy a confesar la verdad. El otro día he tenido un ataque de pánico, algo que no me sucedía hace bas­tante, desde la muerte de mi ma­dre. Me desperté a la madrugada con ese cuadro de pánico. Des­pués me puse a pensar las razones del hecho. Sin embargo, llegué a la conclusión que uno no se banca es­tar tan bien. Igualmente, ya pasó todo.

Cambiando de tema, tu padre trabajaba en el rubro del papel y en los setenta tuvo que deci­dirse entre ir a vivir a Finlandia o España. ¿Qué recordás de la época que viviste en la Madre Patria?

Fue a fines del 72. Terminé la prima­ria, tenía un noviecito y no me que­ría ir. Allá estuve cuatro años y vi­vimos en Madrid. La pasamos muy bien junto a mis hermanos, dos va­rones y una mujer. Han sido tiem­pos muy bellos con mi familia.

¿Qué pasó el día que murió Franco?

Jamás lo olvidaré porque fue una bisagra enorme porque en la no­che que falleció estaba todo oscu­ro en la ciudad de Córdoba y al ter­minar el funeral se abrieron todas las ventanas y se prendieron las lu­ces al grito “Muerto el tirano, viva el Rey”. La gente comenzó una ver­dadera fiesta.

¿Qué hubiese sido de Julia en Finlandia?

Me hubiese muerto de frío… (se ríe mucho).

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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