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Juan Palomino: «Quise ser actor para trabajar en cine»

Cerró 2015 con todo. Encarnó a un superhéroe barrial en una pelíla y a Perón en teatro. Con esa obra, durante el verano estará de gira por la Costa.

Por Teté Coustarot
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Un día, al mejor estilo de la película Atrapado sin salida, Juan Palomino subió a los pacientes del Hospital Dr. Melchor Romero al “bondi” y los llevó a dar una función a la Escuela de Teatro de La Plata. Por aquel entonces, mientras trabajaba en el servicio de rehabilitación del hospital, había creado un grupo de teatro. Sí, antes de dedicarse de lleno a la actuación quiso ser médico pero la pasión por el cine pudo más.

En 2016 seguís conviviendo en escena con Freud, Woody Allen, Lennon y Einstein en Encuentro de genios…
Personajes que nunca hubiesen podido estar juntos porque no son contemporáneos, pero a los que Beto (Casella) –la pluma detrás de la obra– los coloca en un espacio de tiempo real y los aporteña. Tuvo la premisa de atreverse al salto de la dramaturgia o a una comedia atrevida, como la defino yo.

Es impresionante cuando tu personaje, Perón, entra en escena.
Y es una gran responsabilidad también, nunca me lo hubiese imaginado. Hubo gente que me felicitó y otra que me dijo que no tenía nada que ver con Perón pero que tenía su latido, el tiempo, su picardía, su astucia o presencia. De este personaje salió hacer un telefilm que se presentó en octubre –por la TV Pública– sobre el encuentro del coronel Perón con el círculo íntimo del poder económico, en donde les plantea la idea de país que quiere y cómo se tendría que llevar adelante.

¡Y la obra es un éxito!
Es un encuentro que funcionó, empezamos en el teatro Urquiza, un bello teatro recuperado por los vecinos, y más tarde hicimos una gira por el conurbano. Todo el éxito que estamos viviendo tiene que ver con haber confiado en el proyecto, estamos muy contentos.

Tuviste un fin de año increíble, hablemos de tu última película: Kriptonita.
Se basó en una novela de Leonardo Oyola, donde fue construyendo personajes míticos del cómic y los traslada al conurbano. Fue una película independiente, sin un aparato publicitario detrás. Todavía hay una cierta distancia o prejuicio al cine de género, estamos más acostumbrados a lo testimonial, a una comedia, una película romántica o costumbrista.

¿Estuviste en la piel de un superhéroe de barrio?
Vendría a ser una especie de Superman llamado Nafta Súper, un tipo que andaba con dos bidones solucionando los problemas de la gente. En la película hubo una analogía de los superhéroes en el conurbano y visibilizó a todas aquellas personas que no siempre están presentes en las películas. Porque en las películas argentinas, salvo muy raras excepciones, hay un circuito de personajes entre la clase media y la media alta y todo sucede en Capital o en el otro extremo.

Hiciste muchas películas. ¿El cine ocupó un lugar muy importante en tu vida?
Tiene que ver con un deseo, supongo. Empecé de extra e hice el camino. Mi primera película fue En retirada, que hacía de un militante peronista con un megáfono, y así sucesivamente empecé a trabajar con pequeños bolitos hasta hacer Kriptonita, Martín Fierro o La revolución es un sueño eterno. Yo elegí ser actor para trabajar en cine.

¿Ibas mucho al cine de chico?
Antes, en los 60 o 70, en Cuzco había como 14 cines e íbamos a ver la película que daban, no había estrenos. Veías una de guerra, otra de amor.

Padre peruano y madre argentina.
Nací acá pero me crié en Cuzco. Volví a los 16, cuando terminé el secundario. Al principio vine a estudiar medicina porque mi padre no pudo terminar la carrera y era como una cuenta pendiente. Mi viejo fue el que me dijo: “Andá a la escuela de teatro porque estás medio retraído y te va a hacer bien”. De esa instancia pasé a decirle que quería ser actor e iba a estudiar teatro de verdad. Me dijo: “Okey, pero búscate un trabajo porque yo no te voy a bancar los estudios de teatro ni ahí”. Me fui a trabajar al hospital Romero.

¿Qué hacías?
Primero fui sereno, cuidando pacientes durante toda la noche; después, auxiliar de enfermería y termine en el servicio de rehabilitación porque cuando se enteraron de que estudiaba teatro, a los 24, formé un grupo y quedó para toda la vida.

¿Y cómo fue que empezaste en lo que te apasionaba?
Empecé en una escuela de teatro de La Plata y paralelamente tenía el grupo de investigaciones teatrales. La primera obra fue El jardín del infierno en 1981, de Osvaldo Dragún, un autor prohibido y una época difícil para hacer teatro. Creo que eso me marcó como actor, nada es casual. Después surgieron obras como Atahualpa: el ocaso de la cultura, obras que siempre tuvieron una mirada sobre la política, y en un teatro con función social e histórica. Más tarde en el Teatro San Martín empecé a conocer directores y a hacer más obras. La televisión apareció cuando yo tenía 32 años.

Hiciste algunos personajes increíbles en las novelas.
Sí, a pesar de haber empezado grande. Me ha pasado de ser un extorsionador con Graciela Dufau en Amores, ser un galán de Cris Morena en Quereme, un curita enamorado de Viviana Saccone en Con alma de tango, un gitano con Andrea del Boca en Zíngara, a interpretar a dos hermanos gemelos en Mujeres de nadie. La televisión siempre te permite una proyección y buena parte de mi popularidad apareció de su mano.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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