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TEMAS DE LA SEMANA

Juan Pablo Geretto: «Ser actor no era mi anhelo»

Cosechó elogios de público y crítica con el unipersonal Maestra normal, con el que hará temporada en Carlos Paz.

Por Teté Coustarot
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geretto

Juan Pablo Geretto está a punto de poner un pie en Villa Carlos Paz con Como quien oye llover y la Maestra normal, dos exquisitos espectáculos inspirados en su infancia en el Gálvez que lo vio crecer. El primero es un recorrido por las mujeres de su infancia en un pueblo que a la hora de la siesta se convertía en otro; y en el segundo se pone en la piel de una maestra que no tiene desperdicio. ¿Alguien se acuerda de la frase “de qué se ríe, alumno, cuéntenos así nos reímos todos”?

Me parece que el título, Como quien oye llover, lo dice todo.
Supongo que habla de las cosas que suceden mientras hacemos otras, básicamente: la vida misma. En el espectáculo, un niño cuenta su infancia en un barrio en donde, cuando los hombres se iban a trabajar, quedaba habitado por madres e hijos. Con la imagen de la hora de la siesta, cuando todos teníamos que convertirnos en estatua porque si alguien se despertaba significaba el fin del mundo.

¡Cómo nos asustaban para dormir la siesta!
Era un pueblo y ésa era la hora preferida del diablo, de los reptiles y todas esas cosas… Yo nunca pude dormir la siesta, porque nunca fue de mis cosas preferidas dormir, pero me encierro a ver pelis o series.

¿Y quiénes son los personajes de ese pueblo?
Ana María, con su perro Apolo, que no camina porque ella no lo larga hace más de 20 años; se lo regaló Juan Carlos que para ella fue como un marido. Nelly va a visitar a su amiga que está enferma y cuenta que murió su marido y es mejor la relación que empezó a tener con él luego de muerto que la que tenían antes. Y la madre de la Chucky, una mujer marginal con sus hijos tremendos que aparecen y desaparecen de su casa.

Tus espectáculos siempre tienen muchísimo humor, también la Maestra normal; es un show fantástico, más en un país en donde siempre fue muy importante el magisterio.
Antes no había otra opción, si no querías ser ama de casa tenías que ser maestra o enfermera. El espectáculo está hecho desde el punto de vista de un alumno pero interpretado por una docente. Siempre me imagino sentado, mirando a esa mujer un poco mágica, porque yo tenía la ilusión de que los maestros aparecían y desaparecían en el momento en que yo entraba o me iba del colegio. (Nota: El espectáculo nos pone en situación de acto escolar en donde se inaugura el tan ansiado patio techado de la escuela y por fin van a saber qué hacer con los chicos cuando llueva).

¿De dónde surge la inspiración para tus espectáculos?
Pasaron bastantes cosas, tecnológicamente y comunicacionalmente en los últimos 30 años. Tres décadas atrás las cosas llegaban a otro ritmo a Gálvez. Santa Fe siempre tuvo una relación particular con la educación, porque tenía un nivel muy alto y estaba muy bien vista. Mi vínculo con la docencia fue a los cinco o seis años cuando empecé el jardín de infantes y la primaria. Después comencé a cuestionarme la educación, porque también estaba en un pueblo donde todo pasa lento y uno tiene otros tiempos en la adolescencia. Si eras perito mercantil, técnico o actor no tenías donde refugiarte.

¿Y cómo llegaste a refugiarte en Buenos Aires?
Nací en Junín y a los pocos días me fui a vivir a Gálvez, en donde estuve durante toda mi infancia y adolescencia. Desde los ocho años hice teatro en un pueblo que extrañamente tenía tres grupos de teatro. Es Capital del Canto Coral y la gente tenía un vínculo con la música y el escenario. A los 17 me fui a Rosario, mi lugar en el mundo y, tiempo más tarde, después de un concurso en el que Videomatch buscaba humoristas, llegué a trabajar a Buenos Aires.

¿Y te dio miedo Buenos Aires?
No, nada. A demás empecé a trabajar mucho en Rosario incluso cuando vivía acá, entonces tuve la oportunidad de vivir cuatro o cinco años como un turista. Antes de venirme, y cuando empecé a hacer televisión y teatro, había dejado mi departamento todo armado y mi pareja me embaló todo y me lo mandó.
¿Y qué lugares son tus preferidos de esa ciudad que te tuvo como turista tanto tiempo?
La zona de las calles Corrientes, Perón, Libertad… A veces, a la tardecita, me voy al microcentro que está tipo after office, la gente con la corbata floja tomándose una cervecita en la vereda, es una movida medio madrileña y ese Buenos Aires me gusta mucho.

¿Te costó mucho abrirte camino en Buenos Aires?
La primera versión de Como quien oye llover la hicimos en el teatro El Cubo –un emblema del teatro off en el Abasto, fuera del circuito comercial– y empezó a tener éxito por el boca en boca. Después vino Maestra normal y Carlos Rottemberg nos alojó en el Multiteatro.

¿Qué te pasó cuando te viste en la calle Corrientes?
Nunca fue un anhelo ser actor.

¿En serio?
Sí, de hecho ahora me lo estoy cuestionando bastante. Orgullosamente cuento que fui por el camino fácil y no me complique la vida. Me resultaba bien actuar, me divertía, la pasaba bien y era mejor que ser un empresario gastronómico en ese momento. Cuando tuve que elegir, elegí lo que más me divertía.

Nunca me lo hubiera imaginado, ¿y ahora hay nuevos proyectos?
Hacer una pequeña gira con los dos espectáculos. Antes ya había hecho una más larga; con Maestra normal llegamos hasta Ushuaia y Misiones, estuvimos meses sin volver a casa y fue una gira agotadora y hermosa.
Juan Pablo está listo para poner un pie para la temporada de verano en Córdoba. Me contó que le ofrecieron hacer la semana completa pero prefirió cubrir “los baches” de los lunes y martes. Va a poder ir y volver de Buenos Aires y disfrutar de una Carlos Paz que ve hermosa y en la que puede, a la hora de la siesta, bajar la persiana del hotel y tirarse a ver una película.

DZ/Sc

 

Fuente Redacción Z
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