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TEMAS DE LA SEMANA

Juan Carr: “Soy mitad peronista y mitad gorila, depende de cómo me levante”

El director de Red Solidaria, quien acaba de sacar un libro, dice que sigue con la idea de cambiar el mundo y que es posible terminar con el hambre. Además, destaca que la gente muestra en las campañas una gran generosidad.

Por Romina Calderaro
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Impresiona ver cómo lo quie­re la gente. Un día de se­mana por la tarde, recorrer con Juan Carr la Feria del Li­bro hasta encontrar un barcito es un paseo interrumpido varias ve­ces por la gente que lo saluda, lo felicita, le agradece o le cuenta al­gún problema. No existen muchos que recojan con tanta unanimidad el cariño de la opinión pública. Y él se comporta con amabilidad y hu­mildad, aunque dice que aunque no se note, es un pedante. El di­rector de Red Solidaria, Juan Carr, está presentando su libro Hoy me comprometo: 100 acciones solida­rias, escrito juntamente con la pe­riodista Yanina Kinigsberg. Como le ocurre desde su adolescencia, sigue obsesionado con la idea de cambiar el mundo y no lo desmo­ralizan las derrotas cotidianas: “Yo digo que soy un derrotado perma­nente. Por cada diez batallas que encaro por día, ocho las pierdo y una la empato”. Con ganar una cada jornada, a Juan le alcanza y le sobra para seguir adelante con una tarea que lo apasiona.

Definió su estado civil como “casado-enamorado”. ¿Cómo se hace para seguir enamora­do después de más de 25 años de matrimonio?

De adolescente me importaba mu­cho la familia, vengo de una familia en la que todos tienen tres o cuatro matrimonios y se ve que yo busca­ba una estabilidad mayor. Siempre quise cambiar el mundo, pero cui­dando el frente interno. Hasta aho­ra me salió. Con María, mi mujer, somos parecidos en las cosas bá­sicas y muy distintos en todos los gustos. Y contrariamente a la lo­tería que propone el mundo, esta­mos mucho juntos. He visto mucho dolor en la vida y cuando has visto mucho dolor no extrañás las cosas excepcionales: pensás “qué ganas de estar en la puerta del colegio es­perando a los chicos”. No me ani­mo a dar ninguna receta, pero los dos teníamos el objetivo de la fami­lia. Y nuestros hijos son muy dife­rentes a nosotros y muy diferentes entre sí. Y nosotros celebramos la heterogeneidad. El amor tiene cier­ta naturalidad para nosotros.

El otro día leí un tweet en el que planteaba que si cada uno de nosotros donara cierta can­tidad de comida con cierta fre­cuencia se solucionaría el ham­bre en el mundo. Parece fácil.

En la década del 60 el hambre en el mundo era un tema central. Y hoy estoy más convencido de que se puede terminar con él. Somos la primera generación en la que hay más comida que personas. La otra novedad son las redes sociales: cuando yo pongo la foto de una chica perdida en google o en fa­cebook, dos millones de personas bajan la foto. Antes yo tenía que ir a un montón de lugares a pegar la foto. Entonces hicimos un cálculo que se puede actualizar, pero está bien: la unidad solidaria. Vos podés pensar en el arroz, la polenta o los fideos como hidratos de carbono y en los huevos como proteína ani­mal. Si las redes sociales te hacen acordar cada 11 días que te toca lle­var donde fuera tu unidad solidaria y la mitad lo cumpliera, los 54 mi­llones de hambrientos de Améri­ca Latina tendrían cuatro comidas diarias. Solamente con facebook y twitter, que antes no existían.

Lo saco del hambre y lo llevo a la violencia. Estuvimos hablan­do de linchamientos, estamos hablando de casos atroces de acoso escolar. ¿Usted cree que estamos viviendo un momen­to especialmente violento o que los episodios están ampli­ficados por los medios?

Yo soy un agradecido a los medios de comunicación, de modo que no puedo generalizar. No puedo negar que haciendo zapping uno se que­da frente a un hecho sangriento. Pero es la comunidad la que tiene la culpa del hecho violento. Es in­aceptable que un grupo de perso­nas patee a otra que está en el piso hasta matarla. Tenemos un autori­tario adentro y tenemos una gene­rosidad tremenda adentro. Las dos cosas. Y tengo una teoría que no puedo demostrar: en una sociedad no debe de haber más de un cua­tro por ciento de corruptos, pero es admirable el compromiso que tie­nen con el mal porque laburan las 24 horas. Y el 96 por ciento de la gente honesta es muy quieta.

¿Y cómo ve a los porteños hoy, la ciudad y en particular la gestión de Mauricio Macri?

Yo defiendo a los políticos porque soy hijo de los años negros. El labu­ro que hace con la gente de la ca­lle el Gobierno de la Ciudad es muy bueno. Vivo rescatando lo bueno, es casi un mecanismo de defensa.

¿Qué momentos de la tarea so­lidaria celebra como victorias? Porque usted dice un poco en chiste que es un derrotado permanente porque también pierde muchas batallas.

Vivo intensamente las historias de trasplantes. Siempre que hay una donación de órganos te impresiona la familia que decide donar y te im­presiona que salva la vida. Apareció un trasplante de médula ósea liga­do a la leucemia que antes era una enfermedad mortal y ahora el 70 o el 80 por ciento se salva. Cuando un chico perdido se encuentra, es un momento muy emocionante. Y me interesa mucho el concepto de “la comunidad organizada”. Ahora en San Pedro necesitamos dos mi­llones y medios de ladrillos para ha­cer una comunidad pediátrica. Y que la comunidad se junte a cons­truir es una imagen que a mí me gusta mucho. Y lo que sucede es que cuando las empresas ven a la comunidad organizada encarando una tarea, en general se prenden para poner lo que falta. En definiti­va, lo que nosotros hacemos es or­ganizar a la comunidad.

Organizar a la comunidad con base en la solidaridad, un mo­vimiento inverso al que propo­ne el capitalismo, que fomenta el individualismo y la compe­tencia de manera permanente.

Si querés ahí me defino: yo soy mi­tad peronista, mitad gorila, depen­de cómo me levante. Es muy difícil estar en lo social y ser antiperonis­ta, a lo sumo podés ser no peronis­ta. Yo soy capitalista, pues me ha­cen ruido tanto el marxismo como el liberalismo. Creo que el mercado oprime al hombre cuando se extre­ma y el Estado en la versión mar­xista oprime al hombre. Yo creía que cuando cayera el Muro de Ber­lín esto se iba a humanizar. Y eso no ocurrió. Lo sigo esperando. En América Latina, la empresa es la mayor generadora de empleo. Es cierto que hay una cosa individual en el capitalismo, pero cuando a la vez encaramos campañas reci­bimos una generosidad tremenda. No creo que haya una grieta pro­funda. Por eso celebro la heteroge­neidad. Por supuesto que tengo lí­mites: no haría una campaña con una tabacalera ni con alguien que esté condenado por la Justicia.

¿Cuál es la diferencia entre una buena y una mala persona?

Somos todos grises, en todo. Pero creo que el mal, tarde o temprano, termina traicionándose por su con­dición de mal. No tiene mucha su­pervivencia. Claro que cuando ven­ga la revolución algunos no van a poder estar. Yo amo la especie hu­mana, pero en algunos lugares, cuando escucho determinados dis­cursos que no me gustan, me sien­to obligado a decir: “Te aviso que si viene la revolución yo voy a estar en otro lado”. A veces aviso. Me pasa lo siguiente: vamos a suponer que la historia en un momento determi­nado se divide en verdes y amari­llos. Bueno, me invitan a un lugar verde y yo aviso enseguida: “Les aviso que tengo amigos amarillos”. Y viceversa. En eso no me traiciono y hasta ahora me salió.

¿Cómo se siente con la expo­sición?

Sé que somos capaces de generar emoción, de llenar un estadio de gente que grite la palabra “solida­ridad”. El problema es qué pasa cuando se apaga la luz, porque emocionar emociona cualquiera.

Es muy impresionante ver cómo lo quiere la gente, el afecto con el que lo saludan en la calle.

Yo no me doy cuenta. Pero ten­go intereses: yo quiero cambiar el mundo. Como soy pedante, he visto mucho líder y seudolíder, amigo y no tan amigo que se la cree rápidamente. Y ahí pienso: en Vietnam no nos conoce nadie to­davía. A China aún no llegamos. Y a veces cuando alguien se la cree me preocupo y en chiste digo: “Si un día termino con el hambre, ese día me la voy a creer”.

 Preguntas de la A a la Z

Edad: 52.

Barrio donde vive. Florida

Estado civil. Casado-enamorado.

Signo. Sagitario.

Religión. Católico, pero pecador.

Equipo de fútbol. Boca Juniors.

¿Sus hijos van a escuela pública o privada? Mis cinco hijos fueron a secundarias privadas y a universidad pública.

Nivel educativo. Universitario completo, soy veterinario.

¿Cree en la amistad entre el hombre y la mujer? Sí.

¿Tiene algún vicio que le gustaría dejar? No.

¿Hace terapia o hizo alguna vez? Hice seis meses y me fue muy bien. Ahora estoy pensando en volver.

¿Qué libro está leyendo? Un libro de aves y plantas de la Argentina.

Infusión favorita: Mate.

¿Cuál es su lugar preferido de la ciudad? Cualquier es­quina construida al estilo arquitectónico de los 50.

De chico, ¿qué quería ser cuando fuera grande? Veteri­nario y terminar con el hambre en el mundo.

Dibujito animado preferido. Superhijitus.

Una salida nocturna. Disfruto tanto de comer en Rosa Negra como de organizar comidas comunitarias en la ca­lle con la gente que menos tiene.

Su comida preferida: Asado.

Un defecto: Soy pedante.

Una virtud: Si hay dolor, me preocupa seriamente.

Un personaje preferido de la historia. Tomás Moro, Man­dela y San Martín.

Un hecho que le cambió la vida. Fueron todas suaves cur­vas, no hay uno en especial.

¿A qué hora se acuesta y se despierta? Me acuesto entre 11 y 12.30 y me levanto entre 5 y 6.30.

¿Cena en su casa? En general, sí.

Un programa familiar preferido. La mesa familiar.

Una cábala. No tengo.

¿Cuál fue su primer trabajo y a qué edad? A los 16 años, en un acuario.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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