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TEMAS DE LA SEMANA

Juan Carlos Mesa: «La inspiración viene de espiar la vida»

Ecribió para todos  los ggrandes humoristas argentinos y ahora lanzó sus memorias, dedicadas a compilar «todo lo que aprendió».

Por Teté Coustarot
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juancarlosMesa

Manejé hasta Pilar recordando aquel personaje histórico de radio en el que Juan Carlos Mesa hacía de mozo de Alfonsín, y hasta revisaba los discursos que escribía el presidente. Hace poco, cuando lo destacaron en Córdoba por su calidad artística con la “Cofradía de los imprescindibles”, entendí que hay personas como él que serán irreemplazables. Con su último libro recién editado, Mesamorfosis, Juan Carlos repasa su historia repleta de anécdotas y un humor delirante único.

¿El libro era tu asignatura pendiente?
Se había puesto de moda escribir las memorias y quería encontrar en mis recuerdos todas las cosas que, a lo largo de estos años, fui encadenando con gente tan linda de la que aprendí todo lo que sé. En todo el libro está presente el humor, porque es mi disciplina.

Trabajaste con todos los grandes…
Carlitos Bala, Alberto Olmedo, Pepe Biondi, Juan Carlos Calabró, Juan Verdaguer… A Tato Bores lo extraño muchísimo porque fundamos una amistad a través del trabajo. Él fue quien me empujó para que actuara personajes en cámara. Yo nunca lo había hecho antes, hasta ese momento lo más parecido era un programa de panel que hacía, Humor redondo… Tato me decía que yo tenía que ser “el director de su canaleta”, su canal de la ficción, porque era muy gestual y tenía mis cosas. Me apoyé en su figura y comencé a salir cuando él hacía el personaje del Tío José. Le escribí la parte de la comedia y algunos musicales, como Cara de bragueta. Me decía anguila, porque yo era muy escurridizo. Fue una experiencia irrepetible escribirle a Tato como a mucha otra gente. Por eso te decía que aprendí de todos ellos,

¿Cuál fue el primero?
Mi primer programa de humor con un capo cómico fue en Córdoba con Luis Arata. A los 27, yo hacía un programa de radio en Córdoba, La troupe de la gran vía, en el tiempo en que no había televisión. Ensayábamos en mi casa y un día tocaron el timbre y era el representante de Luis Arata, que venía a estrenar una obra de teatro y también quería hacer radio. Me habían escuchado y me propuso escribirle los guiones. Aprendí mucho con él, me enseñó a acotar, como buen andaluz verborrágico que era, me decía “¡limpia, limpia!”. Es la influencia andaluza en Córdoba, por eso el cordobés ahorra palabras.

Todo el mundo destaca que hacés humor sin apelar a la grosería.
Es que no la necesitaba; hay gente que se apoya en ellas y hay público para todos. (Roberto) Fontanarrosa hizo un elogio de la mala palabra, por ejemplo.

¿Tu sello es el delirio?
Siempre me gustó el absurdo y traté de aprenderlo de mis favoritos cuando yo era chico. No me perdía ni una película de tipos que en el año 20 usaban el absurdo con una gracia incomparable: Chaplin, por ejemplo. Me fui familiarizando con ese humor. Me encantaba el humor de Pepe Iglesias o de (Juan Carlos) Mareco, a quienes tuve la suerte de escribir. Wimpi usaba el humor absurdo de un modo que me encantaba; había un tipo que se murió congelado de curioso porque quería saber en qué momento se apagaba la luz de la heladera.

¿De dónde sale la inspiración?
Hay que espiar la vida y reírse. Hay humoristas que se ríen de los otros, otros con los otros y otros de sí mismos. Yo soy de los que siempre tratan de capitalizar las cosas que le pasaron en la vida. Por ejemplo, cuando mi hijo Gabriel era chico él decía: “Pídanle una naranja a Gabriel Mesa” y yo escribí un personaje para Osvaldo Pacheco, en La tuerca, que decía “Tráiganle una cerveza a él”. En otra oportunidad tenía que patentar un auto que había venido de Córdoba y me hicieron pesarlo y yo me pregunté para qué si todos los autos del mismo modelo pesaban lo mismo. Así nació el sketch de El arbolito, que hablaba de la burocracia.

A pesar de que ya no vivas más en Buenos Aires, ¿cuáles eran tus lugares en la ciudad?
Viví en tres barrios diferentes, primero diez años en Palermo frente al Jardín Botánico, otros 20 en Lacroze y Luis María Campos, Belgrano; y los últimos en Recoleta en Talcahuano y Juncal. Mis hijos viven en Pilar y me quedaba lejos, tengo cinco nietas, un nieto y un bisnieto. Esta casa es una fiesta, cuando los chicos salen del colegio vienen e invaden la heladera y yo estoy contentísimo…

Terminé la nota con ese aroma a familia que Juan Carlos Mesa inspira. Después de más de 60 años de casado, en una casa rodeada de verde, hijos y nietos, Juan Carlos me regaló sus memorias en una divina entrevista que cerramos con una taza de té y exquisiteces en la mesa del comedor.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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