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TEMAS DE LA SEMANA

Joyas de aquella Buenos Aires

El Molino y suntuosos edificios de la Avenida de Mayo, patrimonio urbanístico a defender.

Por Roberto Durán
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No es para menos. La po­sible reapertura de la Confitería del Molino genera entusiasmo en los vecinos. Hay dos proyectos avan­zados en el Congreso de la Nación, que contemplan la expropiación y el rescate del histórico edificio de Riva­davia y Callao. Basta mirarlo de cer­ca para entusiasmarse. Pararse en la Plaza de los Dos Congresos e ima­ginar cómo sería volver a tomar un café en esta joya del art nouveau. Ver esas puertas, ventanas, mármo­les, manijones de bronce y más de 150 metros cuadrados de vitraux, traídos especialmente desde Italia. Y hoy en mal estado.

Por ahora es sólo un proyecto. Éste y otros edificios despiertan interés en arqui­tectos, urbanistas y organizaciones socia­les, que luchan para recuperar otros edi­ficios olvidados -y maltratados- de la Ciudad. Y dicen que, lentamente, la gente comienza a valorar las viejas joyas de aque­lla Buenos Aires.

«Cuando lo cerraron, hace una década, el lugar no despertaba mucho interés turís­tico. Ahora hay varios proyectos en danza. Algunos quieren hacer un centro cultural y reabrir la confitería y están los que quie­ren darle otros usos. Sería genial que el Go­bierno de la Ciudad lo expropiara para re­ciclarlo y hacerlo funcionar», dijo Ana Bas, de la comisión directiva de Basta de Demo­ler, una sociedad civil sin fines de lucro que busca defender el patrimonio urbanístico de la Ciudad.

Bas dice que los materiales utilizados en el edificio son tan nobles que resistieron es­toicamente el paso del tiempo y el olvido. Sin embargo, desde hace unos años, la or­ganización Basta de Demoler hace un re­levamiento fotográfico sobre el deterioro del lugar. Y los resultados son sorprenden­tes. «Sobre el cartel de la confitería, había una estatua que desapareció. Son elemen­tos que se roban o que el propietario los re­tira. Si no se apuran con los proyectos, no habrá nada más para rescatar.»

Aunque tiene características únicas en el país, la Confitería del Molino no es la única joya para rescatar. Luis Grossman, a cargo de la Dirección General del Casco Histórico del Gobierno de la Ciudad, des­tacó la recuperación del Edificio Cassará, en Avenida de Mayo y Salta, que concluyó a finales del año pasado y actualmente fun­ciona como una sala de arte. Ahora, el funcionario dice que está en la mira La Inmobiliaria, el edificio de Avenida de Mayo entre San José y Sáenz Peña. Fe­chada en 1910, la obra de Luis Broggi tiene dos preciosas cúpu­las rojas y se considera dentro del neorrena­centismo. Actualmente está en pésimo es­tado de conservación. «El edificio tiene una cuadra de largo. En 100 años no se hizo ni el más mínimo trabajo de mantenimiento; se fue erosionando la fachada, las molduras se carcomieron y se cayó un pedazo de cor­nisa, que por casualidad no lastimó a na­die», cuenta. Según Grossman, la recupera­ción del lugar requiere una inversión que el consorcio de 60 propietarios no tiene. «En el fondo de reserva, tiene 280 mil pesos y para ponerlo en condiciones hacen falta va­rios millones. Estamos pidiendo presupues­to para hacer un salvataje y comenzar res­taurando la fachada», cuenta.

La codicia inmobiliaria y la falta de ac­ción política son los dos principales enemi­gos a la hora de preservar el patrimonio de la Ciudad. «No te piden permiso. Aprove­chan un fin de semana largo para empezar a demoler. Cuando volvés, el lunes o mar­tes, te encontrás con un terreno donde ha­bía un edificio. El Casco Histórico no tiene poder de policía, pero sí mandamos inspec­tores y tomamos medidas para evitar estas avivadas. Esto sucede aquí y en cualquier ciudad del mundo.»

Ana Bas, de Basta de Demoler, tiene otra postura al respecto. «La Constitución de la Ciudad tiene cuatro artículos que obli­gan a preservar el patrimonio para las ge­neraciones futuras. Si las autoridades no las cumplen, mal podés pedirle que lo haga a alguien que está haciendo un negocio, que pidió un permiso para demoler y que se lo dieron. Desde la organización, sólo intenta­mos impulsar acciones para influir en la opi­nión pública.»

Para Mora Arauz, coordinadora de pro­gramas de la Fundación Ciudad, las respon­sabilidades son compartidas. «Es una mez­cla de cosas. Las autoridades no se ocupan y el afán de lucro es muy grande, como en todas partes del mundo. Pero hay un ter­cer actor en todo esto: la comunidad. Se hi­cieron algunas atrocidades y la reacción no fue la esperada. Creo que recién ahora es­tán tomando conciencia de que sus barrios se quedarán sin identidad.»

La desaparición de la escuela en la que estudié. El viejo bar donde me juntaba con los amigos. Y la luz y la calidad de vida que seguramente perderé. Todo eso, dice Bas, está en juego en la recuperación urbanísti­ca de la Ciudad. Los lugares en peligro son muchos. La Imprenta y La Cuadra en Paler­mo; los edificios de Solís en Constitución; la calle José Bonifacio en Caballito y la lista sigue, mucho más allá del casco histórico, San Telmo y los lugares que la gente iden­tifica fácilmente. «El ciudadano común se da cuenta de que cuando voltean un edi­ficio, se va parte de su historia. Y también le quitan calidad de vida, le dan menos luz, menos cultura y menos patrimonio. No es poca cosa.»

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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