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TEMAS DE LA SEMANA

Jorge Telerman: ‘La insolvencia es la marca de la gestión PRO’

Dice que su mandato fue una ‘transición impecable’ y que ya es tiempo de volver a la arena política.

Por Lucila Rolon
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¿Cómo ve a la ciudad de Buenos Aires en este año de elecciones?
La gestión de Mauricio Macri no debería sorprender mu­cho si uno reparaba en su mo­mento en las ideas que transmitía sobre la Ciudad. La manera frívo­la de referirse a las cosas que andaban mal. Hablaban de eso: una persona con una aproximación sumamente superficial y liviana a la problemática de una ciudad compleja. La gente lo eligió de to­das maneras a pesar de su inexpe­riencia. Los resultados que tene­mos no sorprenden. Una gestión deslucida, atravesada por cuestio­nes ideológicas siniestras y enca­bezada por la insolvencia del jefe de Gobierno.

¿Insolvencia en qué términos?
No hay plano de su gestión en don­de no se verifique. Además de las cuestiones estructurales como la pobreza y los problemas habitacio­nales, que son potenciados por el abandono del sur de la Ciudad y por no atender a tiempo la falta de inversión ante las señales que había de que el clima se estaba caldean­do. Hay insolvencia en el empeora­miento del sistema de salud a pe­sar de tener el dinero. En los niveles grotescos y reiterativos de subeje­cución de presupuesto para obras de infraestructura como escuelas, hospitales. Las idas y venidas lla­mativas en la creación de la Policía Metropolitana. Macri dijo que tenía equipos técnicos de excelencia pero hubo cambio de ministros en Cul­tura, Educación, Ambiente y Espa­cio Público que demostraron torpe­zas de gestión, se dieron de bruces contra una realidad que descono­cían y finalmente han sido reempla­zados por dirigentes políticos. Ape­sar del discurso, detrás de Macri no hay un grupo de jóvenes brillantes. La lista es larga y no hay área que no lo demuestre: la insolvencia es la marca de la gestión PRO.

¿Las escuchas ilegales también están en esa lista?
Las escuchas son un capítulo más de la impericia con la que se for­mó la Metropolitana. Son conse­cuencia, no causa de eso. su vez, fue un gasto de energía a voluntad de parte de un sector de la oposi­ción que también se ha movido en espejo con Macri. Han salido a los gritos sobre estas cuestiones cuan­do tan a la vista están otras fallas gravísimas que se pagan cotidia­namente con la calidad de vida de los vecinos. Me parece bien e in­dispensable que la Justicia investi­gue pero se ha hecho tanto circo… salvo honrosas excepciones, la ac­titud de la dirigencia no ha sido nada ejemplar. Algunos mostraron un aspecto de gusto por el show off y la exhibición más que la pre­ocupación real por la La política argentina se basa en seña­lar escándalos, lamentablemente.

¿En ese juego qué rol ocupa la sociedad?
Gran parte de la población porteña piensa que Macri es un insolvente. Pensará que el resto son más insol­ventes, pero no creo que puedan evadir la realidad que es cada vez más crítica porque es cada vez más evidente. Es cierto que Macri suele jugar con relativo éxito el rol de víc­tima. Y es probable que la sociedad tienda a creerle que no puede ha­cer más cosas porque no lo dejan. Ésta es una Ciudad en la que el go­bierno nacional no tiene los niveles más altos de aceptación, así que se­guro que le da algún rédito jugar de contrafigura. También me parece que cierta cultura del gobierno na­cional que se esmera en denunciar­lo y acusarlo, sin quererlo, le hace el caldo gordo. Si todo el mundo se callara durante un rato, en una semana a nadie le cabría duda de la ineptitud de Macri.

¿En qué estuvo trabajando hasta que decidió ser candidato a Jefe de Gobierno 2011?
Desde hace muchos años, lo que cambia en mi vida son los matices y los énfasis. Le dedico tiempo a mi preocupación política y a la ac­tividad cultural. Y este último año no ejercí la docencia, algo que me gusta mucho. Fuera de eso, seguí estudiando los temas de la Ciu­dad, reagrupándome con nuestra gente. Recién ahora empezamos a elevar la voz porque la época lo vuelve imprescindible. También es cierto que cuando uno deja su cargo es respetuoso bajar el tono, tanto para con quien gobierna ac­tualmente, la sociedad, y para con uno mismo. Estar más silencioso, no aparecer como agorero… Y ya pasaron más de tres años de eso.

¿Cómo es su estructura polí­tica?
Estoy trabajando con quienes hici­mos gobierno, dentro del peronis­mo. Yo mismo lo soy. Pero también me reúno con personas que provie­nen de otros espacios políticos, cul­turales, grupos de estudio y demás actividades que tiene la Ciudad.

¿Pero la boleta qué va a decir?
Todavía falta mucho para eso. Esta­mos en una etapa anterior. Lamen­tablemente, en la Ciudad, las estruc­turas políticas tienen un peso muy relativo o inexistente. No voy a ha­blar de las demás para no ser irres­petuoso. El peronismo en la Capi­tal sigue sin encontrar la manera de representar a los muchos que nos sentimos peronistas y no solamente en la dirigencia. De todas maneras, en pocos meses habrá elecciones y, si se respeta la ley, serán separadas de las nacionales. Eso va a permi­tir que podamos discutir el mode­lo de Ciudad que queremos, y no tanto cuál es la alineación nacional, que también es importante pero no lo prioritario. Alrededor de junio, el escenario porteño va a ser más de agrupamientos de fuerzas políticas. No va a estar definido por estructu­ras partidarias.

¿Eso no le resta solvencia a las propuestas de gobierno?
Desde que se elige jefe de Gobier­no en la Ciudad, siempre han gana­do alianzas. Además, los porteños conforman un electorado muy politiza­do a su mane­ra, muy diverso. Las fuerzas que han teni­do relevancia acá siempre han sido un conglomera­do. Eso no ne­cesariamente hace más débil la gobernabili­dad. Pero hace más débil al sis­tema político que, en nuestro país y sobre todo en la Ciudad llega a su paroxismo con candidaturas en las que hay veinte bloques distintos. Eso es una locura. Por eso es buena la reforma elec­toral -más que política- que se ha propuesto desde el gobierno nacio­nal que elevar los niveles mínimos de representatividad.

¿Se presentaría a internas a pesar de haberse lanzado recientemente como candidato a jefe de Gobierno 2011?
Con algunos compañeros y com­pañeras venimos promoviendo con más fuerza la necesidad de acele­rar los pasos para las internas. Se­ría muy importante que en el pe­ronismo de la Ciudad se diera un proceso de elecciones internas de candidatos y que participemos con independencia de los alineamien­tos nacionales.

¿Cómo cree que deberían lle­varse a cabo?
Cada uno acercará su idea de Ciu­dad y sus lineamientos nacionales, pero hay que hacer una convoca­toria para que partici­pen todos. En algunos países son abiertas, en otros cerradas, pero son los parti­dos en los que co­existen líneas internas los que se someten a este mecanismo. Es la manera de fortalecer el sistema y el propio partido.

¿Cómo define su línea pero­nista?
Cada uno sien­te que el pero­nismo suyo es el que debería ser en general. La ra­zón de ser del peronismo es erigir­se políticamente en la defensa no solamente de los más vulnerables sino en la defensa de la articulación en los sectores de trabajo y producción. Una Ciudad como la nuestra podría ser el lugar donde efectiva­mente el crecimiento económico pruebe que puede -no solamente que debe- convertirse en desarro­llo. La Ciudad bien gobernada, con buenos climas de articulación entre sectores productivos muy creativos (productores, artistas, diseñadores, talentosos geeks de la tecnología), tiene quizás más condiciones que otras por sus recursos económicos. Y éste es un pensamiento peronis­ta: donde concluyen factores de trabajo, desarrollo y creación. No una concepción progresista.

¿Cómo fue retornar al pero­nismo después de 2007, de la alianza con Elisa Carrió?
Lo más duro fueron los errores y la perversión que en ese momen­to manejó el peronismo de la ciu­dad de Buenos Aires. Afortuna­damente pude hablar de esto con Néstor Kirchner mucho tiempo des­pués y para mí fue muy satisfacto­rio. Lo digo en relación al error que había cometido el Gobierno de ese momento, de hacerle caso a quien después demostró tanta imperi­cia política y deslealtad como Al­berto Fernández. Una persona con una megalomanía patológica. El error del kirchnernismo generó que el peronismo fuera a una elección dividido y le entregue el triunfo a Mauricio Macri. Después, cada uno buscó el acuerdo político que nece­sitaba. Yo no tuve mucha opción luego de que el kirchnerismo me cerrara sus puertas. El mismo Kirch­ner fue crítico de esa decisión.

Si gana como jefe de Gobier­no, ¿cree que va a recibir una Ciudad en estado crítico?
Las grandes ciudades siempre son complicadas. Además, ya me tocó gobernarla poco tiempo pero en plena crisis, luego de que destituye­ran al jefe de Gobierno de entonces (Aníbal Ibarra). Lo hice sin fuerzas políticas, sin legisladores míos, sin el apoyo de un partido, con un jefe de Gabinete muy poderoso y críti­co de mí y, sin embargo, creo que la gobernamos bastante bien, fue una transición impecable.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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