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Jorge Martorell: Un arte amasado en vino y tango

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Por Cristina Civale
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El artista tucumano -pintor autodidacto y arquitecto- Jorge Martorell acaba de inaugurar espacio propio en Pacheco de Melo al 1800, justo frente a las sedes de Canal Encuentro y Argentores. El espacio que concluye con un gran jardín racionalista de llama Martorell art+people y abrió a mediados de agosto con una muestra del propio artista, Wine, tango & art, curada por María Carolina Baulo.
Allí un conjunto de 20 obras (entre las que se encuentran trípticos y dípticos) sorprenden por su realización: están totalmente realizadas con vino. Ni óleo ni acrílico sino el viejo y querido producto que nace de las uvas fermentadas.
Martorell descubrió las posibilidades del líquido etílico de una forma casual. Se le derramó una copa sobre una obra y la chorreadura casual le pareció una fuente próspera y original para indagar. Fue así como investigó los procedimientos para poder usar el vino sin que éste se oxide en cada obra y cuando descubrió cómo hacerlo -su secreto mejor guardado- empezó a usar desde tetrabricks baratos hasta boujolais exquisitos para pintar. Su paleta abre toda las posibilidades de los colores terrosos que le presta el vino y en cada una de sus obras -a caballo entre la figuración y la abstracción, una nube encerrada en un cuadro donde no se ve un cuento pero se lo intuye- apela al tango para titular pero también para delinear el relato que espera que el espectador descubra en sus trazos de vino y dos por cuatro.
De este modo, su muestra anterior, Tinta roja, apeló a los mismos recursos que fueron los que sedujeron a los curadores del Palais de Tokio -el museo de arte contemporáneo de París- para que realizara allí una exposición durante nuestro último invierno. El director del museo compró uno de sus cuadros que nadan entre tango y vino para su colección personal. Probablemente descubrió el tono personal del tucumano donde se hace presente la banalidad a través de esos bocetos de personajes kistch de la noche porteña en la que resuena la emoción y la cultura que según el propio artista «tiene una impronta tan pop como posmoderna».
Pero Martorell no se mira el ombligo. Este espacio espera convertirse en un nuevo ámbito para dar a conocer artistas visuales porteños, realizar veladas novedosas cuando esté cerca el verano en el jardín y beber vino en cada inauguración, dando rienda suelta a la creación que acaba de inaugurar con Martorell art-people. Se trata de acercar el arte a la gente, para que lo deleite y disfrute con la lentitud con que se cata una copa de vino.

 

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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