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TEMAS DE LA SEMANA

Javier Calamaro “El tango es un virus latente”

Acaba de publicar La vida es afano, un álbum enteramente dedicado al 2×4. “En un momento de la vida, el tango te agarra y te atrapa.”

Por Ayelén Iñigo
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javier_calamaro

A pesar de sus 30 años haciendo música, Javier Calamaro es un eter­no aprendiz. Desde chi­co supo parar la oreja y escuchar todos los discos que le ponía su papá: tango, folklore, samba, rock. Una mezcla de raíces y de acordes que lo llevaron a soñar con ser mú­sico, a jugar con la creación. Des­pués de crecer junto a bandas como Frappé, El Corte y Los Gua­rros, se lanzó a su carrera solista, que lleva editados ocho discos. La vida es afano es el más recien­te –que está presentando actual­mente en todo el país– y donde se le anima de lleno al tango. Incluso, adaptando al género canciones de otras latitudes, como “Pedro Na­vaja” de Rubén Blades y “Rata de dos patas” del mexicano Manuel Eduardo Toscano.

Ya venías incursionando en el tango. ¿Cuál es la particulari­dad de este nuevo disco?

Desde el repertorio, que es una cosa distinta por completo. Prime­ro, tiene buena leche, es luminoso desde el comienzo. Y después es un repertorio atípico. Yo lo que sentía es que para que prospere el tango hacen falta creadores, nuevas com­posiciones, ideas. Y este disco es mi pequeño aporte: un tango puro pero extraído de cualquier latitud, demostrando que el tango tiene más para ofrecer. Y al mismo tiem­po es un tango con rock, porque yo vengo de una cuna rockera.

¿Cuándo empezaste con el tango?

Fue lo primero que canté de chi­quito. Algunos tangos. El tango me llegó por el lado de mi viejo, que también nos hacía escuchar rock, folklore. Hay cosas que siento como si las llevara en la sangre. Es lo bue­no que tiene nuestra cultura, como esa necesidad de repasar constan­temente lo que se hizo, quizás por miedo a perderlo. Hay cierto mo­mento en la vida en la que el tango te agarra y te atrapa. Amí me pasó eso. Realmente creo que lo lleva­mos en la sangre. Es como tener la­tente un virus que de repente se ac­tiva. El día que la gente se olvide de eso se acaba la humanidad.

¿Te costó apostar al tango al principio?

No fue fácil, pero no importa por­que yo hago lo que me gusta, no lo que me resulta fácil. No quiero morirme sin haber hecho determi­nadas cosas y por ahí pasa mi ne­cesidad. Mi objetivo no es ganar un montón de plata. La gama ar­tística de cantautores tiene gente como Arjona y me tiene a mí. Ob­viamente Arjona es supermasivo porque es consecuente, sabe muy bien la naturaleza de la mujer y la expresa con su poesía y su música. Y por otro lado estoy yo, que hago lo que se me canta el culo (risas).

¿Tu público te siguió en estos cambios o se fue renovando?

Me pasó que ahora que estoy to­cando en muchos teatros veo una mezcla de generaciones. Veo pi­bes superrockeros, padres y hasta abuelos de 70 años. Y es un públi­co alucinantemente respetuoso.

¿Los cambios personales te lle­varon a esta búsqueda?

Es como te decía antes: lo que me mueve es querer hacer todo lo que tenga ganas, por más delirante que sea. Obvio que los 20 no son lo mis­mo que los 40 o los 50. Hay cosas que estoy encarando ahora porque es ahora que puedo hacerlo. Yo no entiendo esa gente a la que a sus 70 años le sigue gustando lo mismo que a los 18. Amí los Rolling Stones me encantan, pero tenés que tener ganas de seguir cantando los mis­mos temas 50 años después y con el mismo ímpetu.

¿Te afectan las críticas?

Sí, supongo que me afecta como a cualquiera persona sensible le afec­ta que hablen mal de uno. Pero tampoco me voy a poner contento si dicen cosas buenas que son cual­quier estupidez. Agrandes rasgos te digo que el crítico de música es un músico frustrado porque cono­cí a muchos. Y varios de ellos, re­cién a los 40 o 50 años, cuando se empezaron a quedar pelados y les salió la barriga, recién se animaron a armar una banda.

Creciste en una casa llena de música. ¿Eso te marcó para elegir esta carrera?

Yo creo que sí, que tiene mucho que ver. Sobre todo por la ampli­tud de gustos musicales. Mi vie­jo me mostraba muchísima músi­ca sin juzgar: me hacía escuchar sin opinar, para que yo incorpore o rechace.

¿Y el rock?

El rock venía también del lado de mi viejo. El traía a casa todo lo que le resultaba interesante: los Beatles, Santana… ASantana lo fuimos a ver al Luna Park cuando era muy chiquitito, en el 70. Fue mi primer recital. La mejor forma­ción de Santana. Increíble.

¿Cómo es hoy tu consumo mu­sical?

Soy muy radial. Escucho mucho por la radio y capto tanta información que a veces hasta me cuesta recor­darla o dar nombres. Últimamente no soy de poner música. Me encan­ta escuchar todo, porque me da cu­riosidad. Todo el tango nuevo que existe lo escucho, ese tango que tiene claras influencias del rock. Pero también estoy haciendo mu­cha música. Estoy tocando en mu­chos lugares canciones de artistas como Mercedes Sosa, Soda Stereo, Manal, Spinetta, Pescado Rabioso. Todos temas que tengo que prepa­rarlos para subir al escenario.

¿Te gusta lo extranjero?

Por supuesto. El rock que más es­cucho es extranjero. Los Guauchos son una banda de acá que me sor­prende y me gusta porque resca­tan el folklore. Eruca Sativa está bueno también. Y me parece que después de Aristimuño, que yo haya escuchado, no encontré otra cosa así que tenga tango vuelo.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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