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TEMAS DE LA SEMANA

Jaime Sorín: «En el urbanismo no existe la neutralidad»

El ex decano de la Facultad de Arquitectura (UBA) analiza el impacto social de las políticas de desarrollo de la zona sur y el Metrobús. Y explica por qué el aumento del valor del suelo también  aumenta la desigualdad.

Por Romina Calderaro
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jaimesorin jaimesorin ex decano de la facultad de arquitectura

Desde que comenzó a trabajar a principios de los 70 se interesó por las viviendas populares y la arquitectura ligada a lo social: uno de sus primeros proyectos de investigación fue sobre los déficits de las construcciones escolares. Más tarde fue decano de la Facultad de Arquitectura y vicerrector de la UBA, donde también se dedicó a la investigación y la docencia.

Pero Sorin conoce los problemas urbanísticos específicos de la Ciudad desde el punto de vista gubernamental, ya que entre 2000 y 2003 ocupó cargos públicos como asesor, primero en la Comisión Municipal de la Vivienda de la Ciudad –lugar desde el que, entre otras cosas, se ocupó de la remodelación de antiguas casas de inquilinato en el barrio de La Boca– y más tarde en temas de vivienda para la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.

En diálogo con Diario Z dio su opinión sobre los distintos proyectos que le están cambiando la cara a la Reina del Plata.

¿Cómo crece la ciudad, en términos urbanísticos?
Lo primero que hay que señalar es que Mauricio Macri tiene un proyecto de ciudad y que es muy parecido al de Osvaldo Cacciatore. Estamos hablando de un proyecto de exclusión: piensa en una ciudad para pocos o por lo menos para los que tienen un poder adquisitivo importante. Hay una clara diferencia entre el norte y el sur del distrito y la zona que abarca desde Independencia hasta el Riachuelo está muy abandonada, fundamentalmente desde el abastecimiento de servicios. La palabra clave es oportunidad: no se puede comparar la oportunidad que tienen los sectores que viven en el norte respecto de los del sur. En salud, en transporte, en educación y en vivienda. El 80 por ciento de las villas está en la zona sur.

¿Es cierto que, como no se incentiva la construcción en la zona sur, la falta de oferta mantiene los precios altos?
En realidad, las últimas cosas que se aprobaron para la zona sur tienen previstos incentivos, pero incentivos para empresas que si trasladan allá sus oficinas no van a pagar impuestos durante muchísimos años. Esos incentivos no sirven para mejorar la calidad de vida de la gente de menores recursos que vive en esa zona y quiere tener una mejor calidad de vida.

¿Eso no hace aumentar el precio de la tierra?
El costo de la tierra aumentó un 200 por ciento de 2003 para acá, pero en la zona sur aumentó mucho más que, por ejemplo, en Recoleta. Y esto tiene que ver con la política de expulsión que se está planteando. En Parque Patricios, en Barracas, en Pompeya, aumentó el precio de la tierra y no se ha construido prácticamente nada en los últimos años.

¿Y cuáles son los barrios beneficiados, en los que el macrismo favoreció la inversión?
Las mejoras se están produciendo en Palermo Hollywood, para el que le gusta vivir ahí, en Almagro cerca de Corrientes y en Villa Urquiza, porque son las zonas en las que la inversión inmobiliaria ha sido acompañada por algún tipo de embellecimiento.

¿Por qué el proyecto de ciudad de Macri apunta al desarrollo del mercado inmobiliario?
Eso está claro. Pero al mismo tiempo hay una enorme restricción para acceder al crédito. Y el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) no construye una vivienda nueva desde hace años, sólo están entregando casas que fueron otorgadas en otras gestiones. Lo único que se está haciendo es lo de Casa Amarilla.

¿Está de acuerdo con la construcción del barrio de lujo Solares de Santa María, frente a la Reserva Ecológica?
No. Hacen falta parques, hacen falta espacios verdes. Y en su momento el Frente para la Victoria le planteó al PRO como condición sine qua non que se tenía que quedar en su lugar la Villa Rodrigo Bueno y que eso costaba equis dinero. Por suerte, ese proyecto está parado.

¿Qué opina del Metrobús de la 9 de Julio?
Yo no estoy en contra del Metrobús como sistema, pero en principio hay que señalar que esto no es un Metrobús. Es un carril exclusivo con algunos colectivos que obviamente va a mejorar el tránsito para la gente que tiene que hacer esas 25 cuadras. Pero esto costó 250 millones de pesos y otro costo extra que es lo que le sucedió a la 9 de Julio. Cuando uno planifica una obra de esa envergadura tiene que pensar en que todo lo que se hace sobre el espacio público impacta en la historia. Uno está actuando sobre la historia.

¿Vale la pena afectar un espacio histórico?
Hay cosas que no tienen un valor económico, pero tienen un valor simbólico importante para toda la ciudad. Y en la 9 de Julio, en el Obelisco, pasaron muchas cosas. Además de los 300 árboles que sacaron y que tenían 80 años (que fueron reemplazados por maceteros con unos palitos que van a tardar 80 años en crecer) uno debería pensar cuál es el costo que está pagando la ciudad para que circulen a mayor velocidad 10 líneas de colectivos. Además teniendo en cuenta que abajo hay un subte y que con 250 millones de pesos se podría haber aumentado la frecuencia o ampliado la red.

¿Y qué opina de las bicisendas?
Para resolver el tema de transporte en la ciudad de Buenos Aires hay que tener un sistema integrado. No sirven las cosas que se hacen sin pensar en esto y sin saber que se tarda muchos años en desarrollar un transporte de esas características. Las bicisendas son útiles si se complementan con algún otro sistema de transporte. Si no, sirven para pasear el fin de semana. Muchas de estas bicisendas, puestas en cualquier lado, provocan problemas de tránsito. Pero además, la bicisenda debería servir para que si uno viene en subte, en determinado momento se cruce con una bicisenda y se baje. Y hoy hay dos o tres estaciones que permiten esto nada más. Lo mismo pasa con el tren y con el Metrobús.

¿Cuál sería la solución en el corto plazo?
En la medida en que todo esto no trabaje en conjunto y que no exista realmente una agencia de transporte metropolitana, esto no va a tener solución.

Usted dijo que su lugar preferido de la ciudad es el barrio Los Andes de Chacarita. ¿Por qué?
El barrio Los Andes se hizo mediante un concurso en 1925. Lo diseñó un arquitecto de formación socialista, Fermín Bereterbier, con gran trayectoria en la arquitectura argentina, de una línea progresista y muy ligado al pensamiento moderno en arquitectura. Este barrio estaba hecho en una zona marginal, eran los terrenos que tenía la Municipalidad en ese entonces un poco por fuera del casco de la ciudad. Es una manzana un poco grande, enfrentada a un parque y con un parque interno importante. Tiene una densidad significativa: alrededor de mil habitantes por hectárea. Pero esa densidad no se nota. Las plantas bajas están dedicadas al comercio, está planteado de un modo integrado. Hasta el día de hoy esos parques se utilizan y no se consigue un terreno allí porque nadie vende. Este barrio ha creado la posibilidad de tener un intercambio entre la gente que vive allí muy interesante. Y me parece que pensar una ciudad con intercambio, con buena vecindad, en la que la seguridad no es planteada como una sospecha permanente del otro, sino como un tema de la comunidad, es una buena idea.

¿Se puede hablar de neutralidad en arquitectura?
No, de ninguna manera. La arquitectura y el urbanismo son dos disciplinas en las que la ideología es central. Diría que sobre todo en el urbanismo porque lo que se está planteando el que proyecta es qué tipo de ciudad queremos. ¿Una ciudad con inclusión, con justicia, con igualdad, equitativa? Y atención: cuando hablamos de igualdad, estamos hablando de igualdad de posibilidades, no de que todos los barrios sean iguales, porque tienen su historia y sus diferencias.

¿Qué piensa cuando se habla de “urbanizar” las villas?
Las villas ya están urbanizadas, no están en el campo. Lo que hay que hacer es darles a sus habitantes todos los servicios, la posibilidad de mejorar sus viviendas.

 

Fuente Redacción Z
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