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TEMAS DE LA SEMANA

Petrella: “Para la gente Macri es un tipo que trabaja”

Volvió al país para dirigir la Fundación Pensar y hoy encabeza la lista del PRO para ingresar a la Legislatura. Dice que la actividad parlamentaria no lo va a empobrecer intelectualmente. 

Por Romina Calderaro
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Ivan_petrella

 Desayuna leche chocolatada, va por la vida cargando una mochila mediana y a ve­ces va a trabajar en bicicleta. Este hombre, al que le gustaría “tomar un café con Jesús y con Buda”, que nunca hizo terapia y que tie­ne como programa familiar preferido ver a sus padres “varias veces por semana”, fue el ele­gido de Mauricio Macri para encabezar la lista de legisladores porteños. Iván Petrella, acadé­mico de la Fundación Pensar –usina de ideas del PRO– se doctoró en Filosofía y Religión en Harvard. Y a pesar de que tenía sus “reparos” con Macri cuando vivía en el exterior, ahora está convencido de la dirección que eligió su jefe político para el distrito.

En pocas palabras

• Nació en Buenos Aires en 1969.
• Fue candidato a diputado en 2011.
• Se doctoró en Harvard.
• Está de novio.
• Hincha de River.
• Se crió en Italia y en Estados Unidos porque su padre es diplomático -fue vicecanciller de Carlos Menem.

¿Cómo conoció a Mauricio Macri?

Tuve la suerte de irme becado en 1995 ala Universidad de Harvard para hacer una maestría y el doctorado. Me recibí en el 2002 y tuve la suerte de conseguir un muy buen trabajo en el mercado académico norteame­ricano. Escribí un par de libros y conseguí lo que es una meta para muchos: una cátedra vitalicia. Pero una cátedra de por vida en un lugar donde no querés vivir el resto de tu vida no tiene mucho sentido y a mí me pasaba algo que creo que les pasa a muchos argentinos afuera: te encontrás leyendo los diarios argentinos obsesivamente. Yo volvía mucho al país y en uno de esos viajes sur­gió la posibilidad de asumir como uno de los directores de Pensar, la usina de ideas del PRO. Me pareció un proyecto fenomenal. No lo conocía a Mauricio -tenía algunos de los prejuicios que puede tener la gente que no lo conoce personalmente- y tomé la decisión de quedarme para conocerlo. En la funda­ción tenemos reuniones con él cada tres se­manas y es alguien tremendamente humilde. Es el único que no está con el teléfono en la reunión, toma apuntes, hace las mejores preguntas y no solo conoce los números de la gestión de la Ciudad sino los del gobierno nacional, del país y de las provincias de ma­nera completa.

Esta descripción no coincide con la per­cepción que se tiene sobre Macri.

Yo creo que no es cierto que la gente lo perci­ba como usted menciona. Pienso que hay un grupito que sí, pero si fuera tan así nunca po­dría haber sido reelecto con el 54 por ciento de los votos. Hay una percepción mayoritaria de la gente normal, que no vive un microcli­ma que es muy conflictivo, y lo ve como un tipo que trabaja y que está transformando la ciudad.

¿Por qué tenía prejuicios?

Yo no lo conocía a Mauricio, y si uno lee me­dios se escuchan cosas muy distintas. La pala­bra “prejuicios” es un poco fuerte, pero vine con algunos recaudos porque no sabía cómo evaluar qué era cierto y qué no. Y Mauricio me sorprendió mucho por la capacidad de trabajo y de escucha. Tiene una humildad que creo que se encuentra en la base de la forma­ción de sus equipos. Él se rodea de gente muy capaz, muy trabajadora y cuando no sabe de un tema tiene confianza en los equipos que ha armado.

¿Qué hace en la Fundación?

Trabajamos en los planes de gobierno y los equipos para aplicar desde la presidencia de la Nación en 2015. Yo soy parte de ese proyec­to desde la fundación, me desempeño como director académico. Como tal tengo mucho trabajo interno con los equipos y dedico tam­bién una parte importante de mi tiempo a participar del debate público.

Usted dijo que en Estados Unidos el PRO sería el ala izquierda del Partido Demó­crata. ¿Por qué acá se lo ubica a la de­recha?

Vuelvo a la respuesta anterior: para mí se lo asocia a la derecha dentro de un pequeño microclima. Yo creo que la mayoría de la po­blación no lo asocia con algo que llamamos derecha, que hoy no sé bien qué quiere decir. Las personas que más votaron a Macri fueron las que tenían solo escuela primaria completa. Por ende, claramente lo votó la gente más vul­nerable, más humilde, porque perciben que gobierna para ellos.

La brecha norte-sur no se achicó: sigue habiendo dos ciudades.

Claramente hay una brecha importante que sigue existiendo, pero al mismo tiempo es el gobierno de la ciudad que más invirtió en la zona sur en los últimos 30 o 40 años. Si se mira el presupuesto, 2 de cada 3 pesos van a educación, salud y acción social. Las cosas que se han hecho en materia educativa en la zona sur, como el Polo Educativo de Lugano (donde hay un centro de primera infancia, es­cuela primaria, escuela secundaria, instituto terciario), son importantes.

¿Por qué no se resolvió la gestión de la basura?

Se está trabajando mucho. Se van a ver avan­ces dentro de un año o un año y medio por­que ya estamos con los contenedores y con el reciclaje y la separación de residuos y hay dos nuevos centros verdes que se construye­ron de la nada para la separación de residuos. Ahora hay un desafío cultural importante porque veo todos los días gente tirando cosas en el piso y me he comido insultos cuando de buena manera levanto yo el papel. Hace un mes hay contenedores verdes en Palermo como prueba piloto y se vandalizó el 70 por ciento. Hay un desafío cultural de cuidado del espacio público, además de que hay que tra­bajar en los colegio, donde a los chicos se les enseña a reciclar.

¿Qué desafíos tiene el PRO?

Para mí hay dos desafíos. Hay que seguir avan­zando con el tema de la basura; se han to­mado distintas medidas pero faltan. Y el otro gran desafío es pensar la ciudad como un ám­bito metropolitano: las grandes problemáticas tienen solución a me­diano plazo solo si se coordina entre ciudad, provincia y nación.

¿Cuál será su primer proyecto?

Me interesan los te­mas educativos. Todo lo que se pueda hacer para seguir profundi­zando la llegada de educación de van­guardia: inglés en los colegios, una compu­tadora por alumno en la primaria, integrar las villas de emergencias y los barrios carentes al tejido urbano.

¿Qué opina de los otros candidatos?

Tengo muy buena opinión. Jorge Taiana fue nada menos que canciller. Gustavo Vera tra­baja desde la sociedad civil por una cuestión muy importante. María Eugenia Estensoro fue senadora. Son figuras que prestigiarán a la Legislatura, se va a poder trabajar en con­junto.

Usted es doctor en Filosofía. ¿No teme que la tarea legislativa lo achate?

La verdad que no, para mí es un desafío nue­vo. La Legislatura, con todos los defectos que podrá tener, ha funcionado muy bien los últimos años como un ámbito de delibera­ción democrática, sobre todo en contraposi­ción al Congreso Nacional, donde los últimos años se pasaron leyes muy a las apuradas, a veces casi a la fuerza, con muy poca discu­sión y debate. En la Legislatura las leyes se pasan consensuadas.

Pero después Macri las veta…

Eso es un mito. En la gestión de Macri se aprobaron unas 2.000 leyes y se vetaron 120; durante la gestión de Aníbal Ibarra se aproba­ron alrededor de 1.300 leyes y se vetaron 107. La proporción es muy parecida.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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