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Isabel Allende: ‘La pornografía, para mí, no tiene nada de erótico’

El último libro de la escritora chilena, que recupera los textos más ardientes de su obra anterior, desplazó en la preferencia de los lectores porteños a la trilogía Cincuenta sombras

Por Brenda Salva
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Esta chilena hija de diplomáticos, que vivió parte de su infancia en países remotos y sobrina del presidente de la Unidad Popular, Salvador Allende, es la escritora en lengua española más leída. Quizás a modo de conjuro, para su cumpleaños número 70, Isabel Allende decidió reunir las mejores escenas de amor y sexo de toda su obra en un único libro: Amor. Allí cuenta, por ejemplo, que su vida sexual comenzó a los 5 años en el jardín de infantes de Santiago, Chile, y que a los 9 leyó al Marqués de Sade, sin entender siquiera el concepto de erección. De esas y otras historia conversó con Diario Z.
Primero fue el periodismo, ¿cómo se volvió escritora?
Fue una casualidad, nunca me dije a mí misma: “Voy a ser escritora”, sino que llegó el golpe militar en Chile y me tuve que ir de mi país a Venezuela donde no pude encontrar trabajo como periodista. Entonces tuve que hacer otros trabajos para ganarme la vida, mientras tanto iba acumulando por dentro todas las historias que quería contar, y que si hubiese sido periodista tal vez hubiese sido como una válvula de escape y podría haberlas contado por medio del periodismo. El golpe militar fue en 1973 y yo escribí mi primera novela en 1981. Empecé a escribir algo que no sabía muy bien qué es lo que era. Tal vez era una novela, una crónica, una memoria: empezó como una carta a mi abuelo que se estaba muriendo en Chile, pero desde las primeras páginas me di cuenta de que no era una carta normal. Había un bagaje de memoria y de todo lo que yo había oído y visto, muy importante. Decir que estaba escribiendo una novela me parecía una arrogancia y una vanidad brutal. El paso del periodismo a la literatura fue casi sin darme cuenta.
Si se quedaba en Chile tal vez hubiese sido periodista y no escritora.
Tal vez sí, y muy feliz de serlo: me encantaba el oficio.
¿Qué es mejor, vivir en la inocencia o conocer el sexo desde temprana edad?
Creo que ni una cosa ni la otra en exceso. Cuando era joven no entendía nada y eso no era bueno. Desde chicos, nos metían ideas falsas en la cabeza, circulaban rumores que eran completamente fantasiosos. Todo era pecado, todo estaba prohibido. Luego una tenía una relación con un hombre y ni siquiera sabíamos cómo éramos físicamente. Ni ellos ni nosotras. En este sentido es mucho mejor que los chicos de hoy tengan información. Pero no a lo que se ha llegado, que es que toda la pornografía con violencia, con sadomasoquismo, con brutalidad y bestialismo, todo eso llega a los niños, aún antes de iniciarse sexualmente. Eso los hace tener una idea totalmente deformada de lo que es el amor y el sexo.
¿Cree que la desinhibición de la mujer promueve los libros eróticos?
La literatura erótica ha existido siempre, pero en general ha sido escrita y disfrutada por hombres. Sin embargo, en Japón, China, la India y otras culturas que no tienen las inhibiciones del cristianismo, algunas mujeres han escrito erotismo muy sofisticado. Cuando escribí Afrodita descubrí algunos cuentos maravillosos. La libertad que tiene la mujer actualmente en esta parte del mundo permite no sólo publicar libros eróticos escritos por mujeres, sino que nosotras podamos leerlos abiertamente en el autobús sin que nadie se asombre. En general a las mujeres les interesa más el erotismo si contiene una historia, es decir, que sea algo más que un proceso mecánico.
¿Existe en los últimos años un boom en la literatura soft erótica?
Sí. Hay novelas, antologías, cómics y publicaciones mensuales destinadas a las mujeres, que prefieren el soft porn y el soft erótica. (¿Por qué no tenemos términos en castellano para estas cosas?)
Según la crítica, usted ha destronado a James con su trilogía Cincuenta sombras, ¿qué condimentos en la literatura erótica cree que atraen a las mujeres?
¡Ya quisiera yo haber destronado a James! Estoy a mil años luz de ella. Cincuenta sombras es una novela rosa con sexo explícito. A las mujeres en general les atrae una historia de amor. La fórmula de las novelas rosa es más o menos clásica: muchacha inocente y buena se enamora de hombre experto, poderoso, rico y dominante, pero hambriento de amor. El hombre puede tener algún trauma en su vida que ella se encargará de curar. No creo que las sutilezas sean indispensables en estos tiempos en que todo es explícito, pero como escritora he comprobado que si uno pone a trabajar la imaginación del lector -en este caso la lectora- se logra un impacto mayor.
Amor es una antología de textos románticos y sexuales ya publicados en sus novelas, ¿incluye también algún inédito?
Cada capítulo tiene un prólogo escrito especialmente para este libro.
¿Qué siente al describir escenas eróticas?
Al escribir me concentro en todos los sentidos. Me pregunto: ¿cómo es la temperatura, el olor, la textura, el color?, ¿qué sienten los personajes?, ¿qué piensan?, ¿qué dicen?, ¿qué se callan? No me interesa demasiado qué hacen, sino el impacto emocional de lo que hacen. Tengo un amigo que define la pornografía como “hidráulica”. Para mí eso no tiene nada de erótico; en cambio un gesto, una mirada, una intención, pueden ser extraordinariamente eróticos. En la película El amante, basada en la novela de Margarite Duras, los protagonistas hacen el amor desnudos en varias escenas. Sin embargo, en la escena más inolvidable, en la más cargada de sexualidad, sólo se ven las manos que se tocan en el asiento trasero de un automóvil. Es el triunfo de la sugerencia sobre lo explícito.
¿Qué opina de la infidelidad? Es su libro confiesa una infidelidad propia.
Con mi infidelidad hice sufrir a mucha gente, a mis hijos y a mi marido. Aprendí que uno cuando toma ciertas resoluciones tiene que pensar también en los demás, no sólo en uno mismo. Me costó varios años reponer la relación con mis hijos y mi marido. Aprendí que el amor tiene esa cosa impulsiva, maravillosa e increíble al principio y después se va transformando y si no hay algo que lo sostenga, esa transformación no ocurre, termina tan súbitamente como comenzó. Otra cosa que aprendí es que me resulta mejor la fidelidad. He sido infiel más de una vez, pero no me funciona. Ahora, llevo veinticinco años con un hombre en una relación monógama, porque ambos acordamos que así nos quedaba más cómodo a los dos. Nos conocimos cuando él tenía 50 y yo 45. No andamos con mentiras ni escondiéndonos nada, y las cosas cuando no funcionan tratamos de resolverlas y no las ignoramos buscando satisfacción por otro lado. Descubrí que tengo un corazón monógamo. Aunque la cosa puede cambiar, incluso a los 70.
¿En qué está trabajando actualmente?
Terminé una novela policial llamada Ripper, que será publicada en varias lenguas en enero de 2014 (hay que darle tiempo a los traductores). Y ahora estoy escribiendo otra novela.

Fuente Redacción Z
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