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TEMAS DE LA SEMANA

Inundaciones y perspectivas: demasiadas fechas, demasiada agua

Análisis político por Eduardo Blaustein.

Por Eduardo Blaustein
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Dos fechas inminentes se están llevando demasiadas palabras, energías y expectativas periodísticas y políticas. La primera es la del cacerolazo convocado para el 8 de noviembre. La segunda, el 7D, fecha de vencimiento para los grupos comunicacionales que deban adecuarse a la ley de Medios. Ninguna de las dos fechas es intrascendente. A la vez, nada cambiará de una vez y para siempre al día siguiente. La lógica de impacto de los medios suele imponerse al sentido común tanto de la historia como de la política, que se construyen más compleja, humilde y lentamente, en procesos que no alcanza a resumir un titular de tapa. Es posible que el cacerolazo vaya a ser importante pero eso no transformará el mapa político nacional de un plumazo; se sabe que difícilmente redituará a favor de espacios políticos opositores. Que Luis Barrionuevo se sume al 8N es también una entre muchas señales sobre la posible degradación de ese modo de expresarse.

Es más que posible también que el 7D demore mucho más tiempo en parecerse a la instalación oficial que se hizo sobre esa fecha y a lo que soñaron los extensos sectores sociales que lucharon por democratizar y desconcentrar la comunicación masiva en el país. Tiempo es el insumo básico de las transformaciones; lo demás tiene demasiado de espectacularización. Hay una tercera fecha eventual a atender: cuando se cumpla el primer aniversario de la asunción de Cristina, el kirchnerismo seguramente convocará a una gran movilización de contenido federal. Hasta ahora el oficialismo tuvo la prudencia de evitar cualquier manifestación que sonara a competencia callejera con los caceroleros. Diciembre quedaría suficientemente lejos del 8N.

También en relación con el 7D, ya sea de cara a la designación de jueces como al conflicto judicial por la cautelar presentada por Clarín, el Gobierno parece ir imponiendo sus condiciones en una pulseada durísima. Obtuvo la designación de nuevos conjueces, plantó denuncias verosímiles contra algunos magistrados (Ricardo Recondo y Francisco de las Carreras, entre varios) y consiguió la renuncia de dos miembros de las cámaras Civil y Comercial Federal: Martín Farrell y Santiago Kiernan, los dos jubilados, suplentes y objetados por el oficialismo. Ambos deberían ser reemplazados por subrogantes de la lista aprobada en el Senado la semana anterior. A la hora de escribir estas líneas, además, el Senado se disponía a tratar la propuesta de per saltum, también apurada en relación con la aplicación de la Ley de Servicios Audiovisuales.

A la espera

Mientras el Gobierno no cede un tranco de pollo en esas tareas, hay anuncios que se hacen esperar: entre ellos el de la elevación del piso del mínimo no imponible y la actualización de las asignaciones familiares. Los que esperan son trabajadores y las conducciones de todo el espectro sindical. Con parte del moyanismo los puentes del Gobierno no están rotos. El ministro Carlos Tomada sostiene buenas relaciones con algunos aliados históricos de Hugo Moyano (algunos de los cuales vieron con desagradado la foto que éste se sacó con Mauricio Macri), suficientemente buenas como para mantenerse pese al no reconocimiento ya oficial de la CGT opositora. Está claro que si aparecieran respuestas ante la demanda de los sindicatos, el kirchnerismo consolidaría su base de sustentación entre los gremios, que vieron con muy malos ojos la aprobación de la reforma de la ley de ART.

En cuanto a los partidos de oposición, a falta de consolidación lo que se manejan son estudios de opinión pública que miden una caída del oficialismo. Desde hace años es difícil creer en las encuestas argentinas. La polarización y hasta la manipulación informativa quitaron credibilidad a buena parte de las empresas de sondeos. Aunque con números muy distintos, casi todas hablan de una caída de la imagen presidencial. Es algo entendible: el techo altísimo posterior a las elecciones de octubre pasado, los aprietes de la economía que sufre por la crisis global y por problemas internos (básicamente, la inflación y la escasez de divisas), cierto encierro discursivo del kirchnerismo, al que otra vez le está costando interpelar a sectores de las clases medias. En lo que coinciden las consultoras es que la oposición no capitaliza nada. Hermes Binner pareció crecer un par de puntos hasta que le cayó encima la crisis institucional de la policía de Santa Fe, cuya cúpula está sospechada de connivencia con narcos.

De cara al futuro electoral, desde hace años la perspectiva de alianza qué más dolores de cabeza podría darle al oficialismo es la del macrismo con el archipiélago del peronismo disidente o una confluencia de este sector con el sciolismo. Mauricio Macri y Daniel Scioli. Mientras algunos diarios informan de tanto en tanto sobre charlas entre el sciolismo y el peronismo conservador, el gobernador bonaerense repite públicamente que está todo bien con la Presidenta, con quien mantuvo una reunión días atrás por los esfuerzos que está haciendo la provincia para sostener sus gastos. Ése, el problema fiscal de unas cuantas provincias, es uno de los escenarios que se pondrán ríspidos, aun cuando casi todos los analistas vaticinan un 2013 de recuperación económica. A la vez, contra esa recuperación, la ofensiva de los fondos buitres (fragata Libertad, el último fallo de la justicia estadounidense) significa una señal de alerta en un escenario donde las cosas parecían estar más calmas.

Bajo el agua

La noticia buena de lo sucedido con las últimas inundaciones es que el avance de las obras del arroyo Maldonado parece haber surtido efecto. Son obras realizadas por la administración PRO. Ese resultado positivo es consecuencia de la continuidad de una política de Estado a escala porteña. La posibilidad de que pudiera encararse esa obra tan demorada deviene de créditos arduamente conseguidos en anteriores administraciones y en escenarios financieros muy difíciles. Sin embargo, la última tormenta trajo otros llamados de atención. Que recuerde el que escribe, hasta hace pocos años no sucedía que una tormenta, además de inundar barrios, implicara la parálisis de la red de subterráneos y en parte la ferroviaria. Es otra alerta roja en torno de las políticas y la gestión del transporte público y el desempeño de las concesionarias. Tanto el gobierno porteño como el nacional tienen que acordar el modo de resolver el problema. Lo cierto es que sea que se inunden barrios o túneles del subte, el ritmo de inversión en obras va por detrás tanto de los anegamientos «tradicionales» como de nuevos focos de inundación que muy presumiblemente tienen relación con la lógica de construcción a mansalva. Se necesitan nuevos diagnósticos y mejor planificación: la ciudad se transformó en los últimos años; algunos de los problemas ante las inundaciones son nuevos.

DZ/km

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