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Inundaciones: Agua en Buenos Aires tropical

La ciudad seguirá inundándose según los expertos. Un problema que tiene multiples causas.

Por helena-segat
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Que los porteños somos sucios y por eso los sumideros se tapan; que las obras de infraestructura son insuficientes o que la culpable es de la madre naturaleza embravecida por el calentamiento global. Las causas -y las excusas- son interminables y, aunque las inundaciones en la ciudad se remontan a la época del virreinato, la falta de reacción estatal no ayuda a resolver el problema. El PRO insiste con su Plan Hidráulico (focalizado en las obras del Maldonado) y promete que a mitad de año Buenos Aires resistirá lluvias de hasta 55 milímetros por hora. Lo cierto es que con 50 mm, las calles colapsaron y según los especialistas el problema está lejos de resolverse.

«Los desastres naturales no existen. El desastre es la expresión social de un fenómeno natural», analiza el especialista en ecología Antonio Elio Brailovsky. Entre los ingenieros y los urbanistas hay relativo consenso sobre cuales son las causas de las inundaciones porteñas.

En primer lugar, se prolongó, hasta en más de 500 metros de su lugar original, la desembocadura de los cinco arroyos que desaguan sobre el estuario del Plata que, al tener poca pendiente por estar en una llanura, escurren con mucha lentitud. El boom de la construcción de los últimos años incrementó la impermeabilización de superficies que antes eran absorbentes. Se construyeron edificios en altura indiscriminadamente principalmente en las zonas cercanas a la costa del río -como Puerto Madero, el microcentro, Retiro, Recoleta, Palermo, Belgrano y Núñez- que conforman una red de bases de hormigón subterránea y funcionan como diques durante la evacuación del agua de lluvia.

Además, la normativa que regula la construcción en las zonas más densamente pobladas ya no obliga a mantener el pulmón de manzana, que antes funcionaba como un paño absorbente. El manejo del espacio público tampoco colabora: las sucesivas pavimentaciones y repavimentaciones sobre el adoquinado original generaron que las calles quedaran más altas que las veredas, facilitando así la inundación.

«Durante el siglo XX se redujo la cantidad de espacios verdes públicos en más de 50 hectáreas y, de esa manera, se perdió superficie absorbente. Al mismo tiempo, la ‘puesta en valor’ de más de cincuenta plazas porteñas entre 2005 y 2007 disminuyó aproximadamente un 30% la superficie absorbente por la construcción de caminos y veredones de solado rígido que reemplazaron a los antiguos senderos de granza -explica el arquitecto Osvaldo Guerrica Echevarría-. Sumado a eso, la actual administración siguió impermeabilizando terrenos absorbentes en plazas públicas de zonas inundables, como los espacios verdes ubicados a lo largo de la avenida Sarmiento, desde Plaza Italia hasta Libertador».

Tropicalización porteña

A las causas más evidentes se le sumó en los últimos meses una novedad. Osvaldo Canziani, el físico y doctor en meteorología argentino que formó parte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático que ganó el Premio Nobel de la Paz en 2007, preside ad honorem el Consejo Asesor de la Agencia de Protección Ambiental (APRA). Suya es la tesis que por estos días convence a todos en el Ministerio de Ambiente y Espacio Público que dirige Diego Santilli. El especialista sostiene que el calentamiento global influye en que las olas de calor sean cada vez más agobiantes y también en el aumento de un 20% en las lluvias durante los últimos 50 años. Además, pasaron a predominar las sudestadas sobre el viento del sudoeste y esto aceleró el aumento del nivel del Río de la Plata.

Por otra parte, Canziani sostiene que el riesgo de inundaciones será mayor porque el nivel del mar crecerá y el área costera que está por debajo de la cota de 5 metros sobre el nivel del mar podría verse inundada. «Debemos tomar cartas en el asunto ya. Por eso, consensuamos con el doctor Canziani, una serie de medidas para poder combatir la tropicalización. Las temperaturas mínimas han aumentado y las lluvias son más esporádicas, pero más intensas. Es hora de que todos tomemos conciencia de que ya no tenemos el clima que teníamos antes y empecemos a cuidar más a nuestro medio ambiente», había advertido Santilli a Diario Z antes de las inundaciones y de su viaje a China.

A pedido del gobierno porteño, los meteorólogos Carlos Nadale y Ricardo Vidal elaboraron un informe de previsión climática para el verano de 2012. Según el estudio, al que accedió Diario Z, «en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tal como sucedió el verano pasado, podría haber tres o cuatro eventos de lluvias torrenciales, separados por largos períodos». El informe también advierte que «uno de los principales riesgos ocurre cuando las tormentas ingresan desde el Este, favorecidas por vientos débiles en la atmósfera media, lo que ocasiona que se muevan lentamente o se regeneren sobre la ciudad misma, descargando gran cantidad de agua y siendo muy difíciles de prever con gran anticipación». Además -aclaran los meteorólogos- en estos casos suelen ser muy puntuales, llegando a afectar sólo algunos sectores de la ciudad. En marzo se espera un declive importante de las precipitaciones.

llueve sobre mojado

Las últimas lluvias (1 y 2 de febrero) dejaron en evidencia que el problema no está resuelto. Y podrían costarle al gobierno porteño al menos dos millones de pesos, según el reclamo del abogado Javier Miglino, que representa a 72 damnificados. La demanda es por 32 vehículos con destrucción total ($ 1,28 millones) y 40 comercios ($720 mil).

El Gobierno estima que, a mediados de 2012, cuando se terminen las obras más importantes la Capital duplicará su capacidad de escurrimiento de 27 a 55 milímetros por hora. Los dos aliviadores del arroyo Maldonado constituyen la obra más importante de la gestión porque cuesta unos $491 millones y es financiado por el Banco Mundial.

Es cierto que en materia de inundaciones el macrismo encontró un panorama poco alentador: en 1994 se sancionó una ley que estableció las obras para mitigar las inundaciones en la ciudad y hasta 2007 se había ejecutado sólo el 7% de ese proyecto. De todas maneras, el PRO insiste con que el Plan Hidráulico es su obra insignia y «la más importante en los últimos 100 años», pero en verdad el proyecto se desarrolló durante la gestión de Abel Fatala en Obras Públicas durante de la gestión de Aníbal Ibarra y fue respaldada en 2005 por una ley votada en la Legislatura por distintos sectores políticos.

En el Ministerio de Desarrollo Urbano que dirige Daniel Chain estaban expectantes por ver el estreno del Túnel Corto, de 4,6 kilómetro, que se inauguró en junio y se extiende desde la Costanera hasta la avenida Niceto Vega, en el límite entre Palermo y Villa Crespo. Allí el agua no subió a niveles de otros años, pero los problemas se vieron en otros barrios. Mientras tanto, el túnel largo, que irá desde la Costanera Norte hasta la calle Cuenca en el barrio de La Paternal, se inauguraría en junio y, de esa manera, estarían terminadas las obras para paliar las inundaciones generadas por el Maldonado. En junio, con la inauguración del segundo conducto, podrá soportar lluvias de 81 milímetros en tres horas. Podría.

En Desarrollo Urbano explican que después seguirán con el Medrano, el Vega y con obras de la red fina y secundaria. «En forma paralela a ese gran proyecto, nos ocupamos de reparaciones y obras secundarias. Es complicado porque como todo sucede bajo tierra el vecino no lo ve, pero creemos que este año la ciudad va a resistir mejor las lluvias de verano», aseguraron a Diario Z voceros del Ministerio días antes de que las calles quedaran anegadas.
Un anuncio que quedó pasado por agua fue el de las obras para conectar los lagos de los bosques de Palermo con el del Planetario: el Gobierno aseguró que esa medida le permitiría al Gobierno, unos días antes de la tormenta, bajar unos 30 centímetros el nivel del agua de ambos lagos artificiales para que funcionen como dos enormes reservorios. La foto del lago del Rosedal desbordado (hecho inédito), fue otro duro golpe para la gestión.

Pero además, la obra insignia del macrismo fue observada por la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires. En diciembre, en un informe que analiza el avance las obras del Maldonado, la Auditoría advirtió que «las medidas no estructurales del Plan están prácticamente paralizadas con excepción de las actividades referidas a Espacios Verdes y Arbolado de Alineación cuya licitación ya ha sido adjudicada». Según el informe, estas obras constituyen la primera etapa del Plan Director y su falta de realización «impacta en la concreción de la visión estratégica del mismo; a la vez que, desnaturaliza el carácter de Política de Estado Integral en el que se encuentra enmarcada la Obra». Es decir, si bien hay un túnel terminado y otro que estará listo en junio, aún falta mucho por hacer en materia de prevención, normativa, comunicación y educación ambiental hídrica y planificación de la gestión de los residuos para que las obras sean exitosas.

El trabajo de limpieza en dos mil sumideros en zonas críticas (sobre un total de 29 mil que hay en toda la Ciudad) encarado por el ministerio de Santilli, de poco sirvió cuando 50 milímetros de agua de lluvia por hora se convirtieron en ríos que surcaron las zonas bajas de la ciudad. Allí, con el río cada vez más alto, las plazas cada vez menos verdes y los edificios cada vez más altos, no hay paraguas ni paciencia que aguante.

DZ/rg

 

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