Tiempo en Capital Federal

27° Max 18° Min
Despejado
Despejado

Humedad: 46%
Viento: Sur 20km/h
  • Viernes 4 de Diciembre
    Muy nuboso16°   23°
  • Sábado 5 de Diciembre
    Nubes dispersas15°   21°
  • Domingo 6 de Diciembre
    Despejado17°   23°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Inseguridad: el gran bonete

Por Reynaldo Sietecase. Sin estadísticas que permitan mensurar la gravedad del fenómeno, lo indiscutible es que la violencia delictiva crece, unida al consumo masivo de drogas baratas y mortíferas. Es poco probable que la respuesta de la población afectada mengüe mientras las autoridades sólo intercambien acusaciones.

Email This Page
monos

Entre la amplificación de la insegu­ridad y la negación de la misma, hay una distancia que se constru­ye con datos de la realidad. No con sensaciones. Aveces la violencia irrum­pe de manera inusitada y cuando menos se la espera. Le pasó a Karen Campos, una ado­lescente llena de ilusiones, mientras atendía un kiosco en Junín. Su matador tiene, según dicen, la misma edad: 17 años. Luego suce­dió lo previsible. La protesta de los vecinos, el accionar de grupos decididos a “romper todo”, la inacción de las fuerzas policiales y la calesita de declaraciones de los dirigentes políticos pasándose la pelota de la respon­sabilidad. Lo cierto es que nada de lo que se haga o diga cambiará una escena terrible: una chica asesinada al resistirse a un robo. Por lo que trascendió, a manos de un pibe que salió “de caño”, como se llama en la jer­ga a los robos con arma. Un chico que, víc­tima y victimario, tronchó una vida y destro­zó a una familia. 

La falta de estadísticas oficiales sobre el aumento de los delitos dificulta cualquier análisis serio. Es parecido a lo que ocurre con el Indec, la intervención genera nú­meros increíbles sobre la inflación pero las consultoras privadas elaboran otros igual­mente mentirosos. Sobre lo que no hay du­das, es en cuanto al aumento de los niveles de violencia. Los delitos son cada vez más cruentos. Una frase se trepó a la sabiduría popular: “Te matan por nada”. Algunos es­pecialistas hablan de la pérdida de los viejos códigos que apuntaban a evitar las muertes en los robos y del impacto de algunas dro­gas entre los jóvenes, en especial, de ese veneno llamado paco. El otro disparador tiene raíces en la desigualdad social. Sólo en Buenos Aires, según reconoció el gober­nador Daniel Scioli hay unos cuatrocientos mil chicos que no estudian ni trabajan. Con ese paisaje del desamparo, es un milagro que los ataques no se multipliquen.

En apenas 24 horas. El intendente de Junín, Mario Meoni, (radical k, cobista y aho­ra cercano a Scioli) culpó al subsecretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, porque según él no le prestó la ayuda de Gendarme­ría. Y a grupos de militantes del Frente para la Victoria por los destrozos en edificios pú­blicos. Berni la emprendió con el intenden­te al que consideró un incapaz y le enrostró su falta de políticas sociales. El funcionario nacional también cuestionó al gobierno pro­vincial. La ministra de Seguridad, Nilda Ga­rré, dijo que la Gendarmería no es una subsi­diaria de la policía bonaerense y apuntó por igual al intendente y al gobernador. Ese día el ministro del Interior, Florencia Randazzo, explicó en conferencia de prensa cómo los gendarmes se harían cargo de la seguridad en las estaciones de trenes. Daniel Scioli, por su parte, habló de la presencia de infiltrados en los desmanes y se quejó de la Justicia que no castiga debidamente la reincidencia de los detenidos que portan armas. Y así. “Yo señor, no señor… y entonces ¿quién lo tiene?”, como en el juego infan­til El gran bonete.

Ahora hay dos inves­tigaciones judiciales: la que trata de determinar las res­ponsabilidades penales por el homicidio de Karen y la que investiga quienes par­ticiparon de los incidentes que terminaron con destrozos en la Mu­nicipalidad, el Ban­co Provincia y la co­misaría. Meoni está convencido de que las cámaras de se­guridad instaladas en la calle confirma­rán su teoría de un ataque organi­zado por secto­res vinculados al kirchnerismo.

Los funcio­narios naciona­les, por lo bajo, se quejan de que el gobernador nunca pague costos políticos por la violencia. “Pasa algo en un pueblo del interior bonaerense o en el conurbano y la gente putea a la Presidenta y ni se acuerdan del gobernador”, se lamen­tan. Scioli parece lucir pegado a su piel una suerte de traje de amianto. Pero especular con eso es como pensar que alguien puede salvar algo de valor en semejante incendio.

La preocupación por la inseguridad es un fenómeno que se instaló con fuerza re­cién con la crisis del 2001. El kirchnerismo se sintió interpelado después del secues­tro y brutal asesinato de Axel Blumberg en 2004. Hubo protestas y marchas masivas. Su padre Juan Carlos se convirtió en un re­ferente y hasta logró que se modificaran as­pectos del código penal a las apuradas. Los especialistas coinciden en que fue peor el remedio que la enfermedad.

Con todo, sólo en 2010 y después de los graves incidentes en el desalojo del Par­que Indoamericano, donde murieron tres personas, se decidió la creación del Minis­terio de Seguridad. El gobierno de la CABAtenía su parte en el problema. Según da­tos oficiales el déficit de viviendas en capi­tal afecta a medio millón de personas.

En 2012, el Centro de Estudios Socia­les y Legales, hizo un balance de la gestión de Nilda Garré. Destaca avances y cri­tica algunas medidas. Para el CELSse logró afectar núcleos de poder de la PFAa partir de cuatro medidas: el traspaso de la adminis­tración de pasaportes al Ministerio del Inte­rior; la intervención política sobre la produc­ción de información estadística de las fuerzas; la intervención sobre el manejo discrecional de los servicios adicionales y la centralización política de la distribución de policías en las ca­lles. Esto se completa con el desplazamiento de la PFAde los barrios del sur de Buenos Ai­res y su reemplazo por fuerzas de Gendar­mería y Prefectura. El poder político –según el CELS– logró intervenir en lugares donde la conducción policial había ejercido “un po­der arbitrario, ilegal y lucrativo”. Entre lo más cuestionable: la falta de estadísticas rigurosas sobre delitos y su calidad. Esto impide esta­blecer políticas públicas eficaces.

El despliegue de gendarmes o prefectos pasó a ser una suerte de solución mágica. No es difícil entender por qué. Sobre la Fe­deral y la bonaerense pesan denuncias sobre pedidos de coimas, extorsión a inmigrantes, violencia y connivencia con delitos varios.
Es verdad que el gobierno central carga con una mochila extra en materia de Seguridad. Si bien es el responsable último a la hora de otorgar protección a personas y bienes, nadie se acuer­da de los gobernadores a la hora de los reclamos. Pasó en Junín. Pero antes en otros municipios y fue una constante en los dos cacero­lazos de 2012. Es lo que hay. No tiene sentido buscar excusas.
Cerrar la llave de chica­nas y operaciones políticas es un primer paso para construir los consen­sos mínimos que per­mitan luchar contra el delito. Regodearse por los muertos según el dis­trito donde caen abatidos es deleznable. Peronistas, radicales, socialistas, del PRO, de izquierda o de derecha, todos sin distin­ción, quieren que sus hi­jos vuelvan tranquilos a sus casas sin temor a que los roben o los maten.

Fuente Especial para Diario Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario