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TEMAS DE LA SEMANA

Informe Z: Pequeños paraísos de diseño y confort

Pocos cuartos de lujo y atención esmerada los convierten en favoritos de los turistas.

Por Cristina Civale
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Desde que comenzó a incrementarse la llegada del turismo en este nuevo siglo dadas las condiciones favorables del cambio de moneda, la ciudad no sólo comenzó a ser habitada por una nueva tribu, la de los turistas, sino que su llegada también trajo aparejada la creación de nuevos espacios para albergarlos.
Fue entonces, podría fecharse en 2003, cuando comenzaron a crecer los llamados «hoteles boutique». Se llama así a los espacios que cuentan con pocas habitaciones, que brindan al cliente una atención hiperpersonalizada, que apuestan a una decoración de diseño exclusiva en cada habitación, que cuentan con espacios comunes amplios, con calidez de hogar y con un alto toque de glamour y sofisticación. Todos ellos abogan por un lujo sustentable, no ostentoso como el de los cinco estrellas que se ofrecen en las grandes cadenas.
Este estilo particular de lujo, la atención amigable y excelsa, la cantidad de cuartos que marca exclusividad y el acento en un buen servicio gourmet y de autor son las características que los definen.
Quienes están acostumbrados a viajar y buscan este tipo de hoteles, recurren cada vez con mayor frecuencia a guías tan exclusivas como los hoteles que buscan (como Actitud Buenos Aires, editada y producida por Sofía Pomar), a la opinión certera de otros viajeros (las buscan en sitios de internet como Tripadvisor, una web respetada por la cadena empresarial del mundo turístico) y clásicas guías escritas por especialistas que recorren el mundo, como la Michelin, a la que aún muchos toman como palabra sagrada.
Luego de una recorrida por la ciudad, con la ayuda de estos tres aliados fieles, elegimos los hoteles boutique que más nos gustaron: por su originalidad, por su ubicación, por su servicio y por el espacio donde están montados, siempre una casa o edificio reciclado con la mencionada tendencia de la exclusividad y el glamour y el confort que apela siempre al diseño.
A pocos metros de la Plaza de Mayo se alza Moreno Hotel (Moreno 379), que reinauguró uno de los edificios art déco declarado patrimonio histórico de la ciudad. La construcción original fue realizada por el arquitecto húngaro-alemán Johannes Kronfuss en 1920. Techos altos y grandes ventanales decorados con vitraux diseñados por el alemán Gustav van Treeck se disfrutan en las 39 habitaciones distribuidas en sus siete pisos, cada una con una luz que ilumina como fuego y que mantiene el estilo original art déco de sus creadores. Los cuartos, muy espaciosos -hay distintas categorías según los metros, desde la large room de 39 metros cuadrados hasta el loft, de 74 metros cuadrados- cuentan con pisos de madera original y óleos de artistas argentinos. El precio de la habitación varía según su tamaño pero no es menor a 800 pesos y de ahí para arriba. Se pueden consultar promociones en su página web.
Algunas de las habitaciones cuentan con patio, balcón y jacuzzi privado. El hotel acepta mascotas, cuenta con cuartos para no fumadores y para fumadores y con otros equipados para turistas con capacidades especiales.
Entre los espacios comunes se destaca un gimnasio las 24 horas en el cual puede contratarse a un personal trainner; jacuzzi al aire libre y una inmensa terraza con acurrucantes sillones de madera con almohadones de cuero orgánico blanco. Desde allí se puede ver las cúpulas porteñas de San Telmo y las luces de Puerto Madero.
Un lounge de relax y lectura está envuelto por lámparas de techo fabulosas y sillones de una comodidad soñada. Sobrio, fino y lujoso el Moreno es también un rincón donde el propio porteño puede esconderse por un fin de semana, siendo turista en su propia ciudad.
EN PALERMO Y RECOLETA
Magnolia, en Julián Álvarez 1746, Palermo Soho, es uno de los más recomendados en las guías turísticas que se basan en la opinión de los visitantes y es el que mereció la más alta categoría en su rubro en la guía online Tripadvisor. Así lo describe, en un viaje reciente, Alicia de Nassau: «Estuve en este hotel con mi esposo un fin de semana. Es la primera vez que nos hospedamos en otro barrio distinto al microcentro. Ubicado en Palermo Soho, queda muy cerca de variadas tiendas donde se puede comprar ropa, zapatos, libros y regalos. De hecho fuimos caminando y nos resultó un paseo muy agradable. También encontramos diferentes propuestas para almorzar, cenar o tomar un café. Y llegamos caminando al shopping Alto Palermo. ¡Qué lindo caminar por Buenos Aires! Este hotel boutique es muy nuevo, tiene menos de dos años, y está decorado con muy buen gusto. Luminoso y acogedor, invita a prolongar la estadía. El desayuno es a la carta, limitado en su variedad pero más que suficiente y sobre todo delicioso. Destaco que mi esposo pidió un queso especial y se lo consiguieron de inmediato. La habitación que alquilamos no era de las más grandes (habitación balcón) pero era muy bonita. Una sugerencia es que pongan alfombras para el invierno porque el frío del piso se deja sentir. Dejo para el final lo que me pareció más rescatable y el gran atractivo de hospedarse en Magnolia: la atención del personal, todos chicos jóvenes que hicieron de nuestra -lamentablemente- corta estadía un verdadero placer».
Magnolia es una casona de principios de siglo XX reciclada, con habitaciones de tres categorías (terraza, vitraux, patio) cuyos precios empiezan en los mil pesos con desayuno a la carta servido en un típico patio del viejo Palermo, arropado por plantas y pequeñas fuentes, o en un lounge de ensueño y decoración contemporánea, colorida, apostando al diseño que cruza estilos y sigue las nuevas tendencias tanto interioristas como industriales, donde hay toques tanto de campo como urbanos. Magnolia tiene un winery donde comprar o degustar vinos de pequeñas bodegas, tan boutiques como el hotel.
Che Lulu, en pasaje Emilio Zola 5185, Palermo Viejo, fue de los primeros raros y encendidos boutiques de la ciudad. Es importante recordar que no existe legislación actualizada en cuanto a la categoría de hoteles en Buenos Aires (la vigente es de 1970 y corresponde a la época del autopistero Cacciatore) y que Che Lulú es boutique por su espíritu amistoso y diseño cuidado pero quizá no rankearía hoy en una nueva calificación ya que entre sus ocho habitaciones, alguna de ellas no cuenta con baño privado. Pero merece la mención por ser pionero en la propuesta de armar una guest house (casa de invitados, que es también uno de los modos de reconocer un hotel boutique) y hacerla tan personalizada como devota a sus clientes. Es una de las más cálidas recomendaciones de Sofía Pomar, creadora de la colección Actitud Buenos Aires, donde relata los resultados de patear la ciudad buscando los raros rincones que la definen. «Che Lulú es uno de ellos. Lo descubrimos en la primera edición de Actitud y creemos que aún es un lugar para destacar», afirma Pomar.
Tiene un patio-cocina-comedor donde los huéspedes pueden sentarse a una única mesa a desayunar hasta las 13. Sirven mate, dejan sobre la cama golosina argentinas (la típica Tita) y se ofrecen servicios exclusivos para tener vivencias bien porteñas: desde tomar clases de vedettismo, hasta recorridos por el cine nacional o tours personalizados por la noche porteña. Está dirigido a un público más descontracturado, que espera anclar en Buenos Aires por una temporada media o larga, con el ojo bien puesto en como pasársela bien con algo menos de dinero y dirigidos por entendidos. Las habitaciones/apartamentos tienen nombres de creadores latinoamericanos. Así, una estadía en Alfonsina Storni o Pablo Neruda -ambas con baño privado- cuesta alrededor de 300 pesos por día y se pueden conseguir precios muy convenientes por semana y por mes, dejando depósito. La fachada inconfundible y de un rosado intenso, sus interiores blancos y suntuosos y cómodos sillones con ventanas criollas que miran al empedrado hacen del Che Lulú un boutique notable.
Ganador del Travellers Choice 2012 de Tripadvisor, mencionado por la guía Michelin y por Sofía Pomar, el petit hotel del siglo XIX Maison Algodón, en la Recoleta, califica ahora como uno de los más recomendados. Manteniendo el estilo afrancesado de la zona, con amplias habitaciones donde se respeta la austeridad y el buen gusto aristocráticos es quizás el boutique donde el concepto de lujo se pase de su marca y se convierta en algo más ostentoso. ¿Pero quién tiene algo contra el lujo? No quien escribe. Cuenta con spa, piscina en la terraza, restaurante, espacio de arte y se destaca su living/loung Davidoff. Así lo definen: «En asociación con la firma de puros Davidoff, la terraza de Maison Algodón es el mejor lugar para estar en las frías noches de invierno. Este espacio privado al aire libre es el lugar ideal para los fumadores que disfrutan del ritmo urbano de la ciudad, mientras se relaja y disfruta de los mejores coñacs y una selección de cigarros y puros de primera calidad. Además puede disfrutar de cócteles de todo el mundo, una colección excepcional de vinos argentinos y la música de algunos de los mejores DJ de Buenos Aires». Las suites además de espaciosas cuentan con baños revestidos de piedras calizas francesas y griferías de las exclusiva firma Hansghore, teléfonos y LCD de alta tecnología se mezclan con las camas kingsize con sábanas blancas y de lino y almohadas de plumas. Cincuenta y cinco metros para sentirse por un rato personajes cercanos a la realeza, incluso en su lujosa sobriedad.
Aquí fueron apenas cuatro puntadas bien diversas de este nuevo mundo de placer y hospitalidad que abre Buenos Aires para sus visitantes. Debo decirlo, si mi cartera lo resiste mi primera opción al visitar cualquier ciudad es hurgar entre los boutiques y alojarme allí sin culpas y con todos los sentidos listos para disfrutar de la experiencia.

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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