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TEMAS DE LA SEMANA

Informe Z: parto natural, nacer en casa

Aumentan las parejas, mayormente jóvenes, que deciden tener un parto hogareño.

Por luis-freitas
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Valeria se despertó a las siete de la mañana con contracciones y un poco de dolor. Muy tranquila, a las nueve llamó a su obstetra y quedaron en hablar en un par de horas. Cerca del mediodía los dolores se hicieron más intensos así que decidió tomar un baño de inmersión que la calmó muchísimo. La obstetra llegó a eso de las siete de la tarde. Luego de revisarla le dijo que estaba con ocho de dilatación. Valeria decidió darse otro baño y cuando salió estaba con diez de dilatación. «Me dijo que si tenía ganas de pujar que empezara. Traté de hacer un pujo controlado, dirigido, pero luego de cuatro horas de trabajo empecé a asustarme un poco. Estaba agotada y angustiada, agarrada a mi marido, no podía abrir los ojos, pensaba que iba a terminar en un sanatorio, en una cesárea. En eso escucho que la obstetra pide que le alcancen la cajita de parto y luego un ¡cling!, ¡cling! que a mí me sonó a cosa metálica, a instrumental. Pensé: éste es mi límite y ahí pujé descontroladamente». En el primer pujo salió Felipe, ayudado por un pequeño cortecito que -le dijeron después- no llegó a ser una episiotomía, que es algo mucho más profundo. «Apenas salió me lo puso al pecho. Sentí esa cosa caliente, pesada, pegajosa, ahí volví a abrir los ojos y dije: ‘¡Ah! eras un bebé de verdad’. Me quedé con él, tapadito, lo revisaron ahí, después salió la placenta, me hicieron un par de puntitos y se fueron. Y de repente me encontré con Felipe y mi marido, los tres en la cama, felices en nuestra casa.»

Valeria y Uriel componen una de las tantas parejas urbanas, mayormente jóvenes, que se niegan a pasar por una sala de partos y deciden tener a sus bebés en casa, una tendencia que estaría fluctuando entre el 10 y el 30 por ciento en Capital y Gran Buenos Aires y cuyo costo va desde los mil hasta los cinco mil pesos, dependiendo del número de profesionales que integre el equipo a cargo del nacimiento.

El parto hogareño tiene dos características principales: la intimidad y el respeto por el reflejo de expulsión del bebé, ya que la labor de aquellos que atienden el parto está encaminada a acompañar el trabajo, sin interferir.

No ir a un hospital o a una clínica expresa la decisión de escapar de un sistema que no deja resquicios a la intimidad en uno de los momentos más trascendentes de la vida. Y trata de evitar la catarata de intervenciones previas a las que se somete a una embarazada a punto de tener su bebé en una institución. «El parto asistido en hospitales o clínicas genera, por sus características, que están  diseñadas bajo todo punto de vista para el tratamiento de la enfermedad, un impacto emocional de incremento de la sensación de riesgo», dice Carlos Burgo, médico obstetra y ginecólogo que hace 27 años asiste partos domiciliarios.

Los procedimientos a los que una mujer que pare en una clínica u hospital difícilmente pueda escapar incluyen: rasurado y enema, monitoreo electrónico del bebé, los tactos reiterados, el suero, goteo de oxitocina, una hormona que aumenta las contracciones (su nombre viene del griego oxys «rápido», y tokos «nacimiento»); aplicación de la anestesia peridural (para reducir los dolores de parto); realización de una episiotomía (corte en la parte inferior de la vagina en el momento de parir). Y lo peor de todo, que es dar a luz en una camilla con los pies atados, en la posición de litotomía que nació en el siglo XVII pero que hoy se mantiene para todas las parturientas. Por ello, luego de pasar por una mala experiencia, son muchas las parejas que elijen tener a sus hijos de otra manera. Para los obstetras tradicionales -en su gran mayoría hombres- el principal objetivo de la anestesia es que no haya sufrimiento, que el proceso sea más corto, más rápido, más fácil, aunque su aplicación deje a muchas mujeres con la sensación de haberse «perdido» el parto.

«El dolor de las contracciones no tiene que ver con el sufrimiento, es otro dolor, del que las mujeres, cuando termina el parto se olvidan, no existe, es un proceso natural del cuerpo», afirma Alejandra Avendaño, obstetra que desde 2003 atiende partos humanizados.

Las parejas que ella recibe, en general, ya tienen la decisión tomada de donde parir, ya sea en la casa o en una clínica. «El parto hogareño no es algo para aconsejar, aclara, es una búsqueda interna, personal de las parejas, de recibir un hijo con amor, con respeto, y no en un ámbito frío donde las personas pierden entidad». Cada pareja busca cosas distintas, algunas quieren intimidad, otras que no intervengan en el parto, pero en lo que todas coinciden es en el deseo de jugar un rol «activo» en el nacimiento de sus hijos.

Parir en casa implica una gran responsabilidad, y cuando se habla de esta opción, el principal miedo que aparece es a las complicaciones. Lo primero que debe saber una pareja es que el control de este embarazo es igual al de uno tradicional. El parto hogareño es la culminación de un proceso al que se llega sabiendo que se trata de una mamá y de un bebé sanos. «Está demostrado por la experiencia seria de quienes planifican con rigor la asistencia en el hogar -aclara Burgo-, que el parto en casa no es generador de situaciones de riesgo. Todo lo contrario, la ausencia de intervenciones extemporáneas y el cuidado biológico y emocional, contrasta fuertemente con los resultados institucionales donde actualmente de la mano de la violenta intervención en la institución tenemos un resultado final de más del 70 por ciento de operaciones cesáreas en el ámbito privado en las grandes urbes que no siempre son necesarias.» Eso, teniendo en cuenta que la Organización Mundial de la Salud considera que no más del 15 por ciento de los nacimientos deberían terminar en tal intervención quirúrgica.
Si bien muchos hablan de una «vuelta a las fuentes», al parto hogareño tradicional, para Avendaño hay diferencia abismal. «Antes las mujeres no tenían opción, dice, no había tecnología, llegaban al parto aceptando con una naturalidad mayor la posibilidad de que el hijo naciera con alguna lesión o incluso muerto. Ahora hay opciones. Uno puede permitir que la naturaleza se exponga en un parto sin intervención, pero si algo se complica tenemos toda la tecnología a nuestra disposición para afrontarlo. De antemano tengo previsto dónde y cómo ir por si algo se complica, aunque esto me ha pasado en muy pocas oportunidades». Una de ellas fue el parto de Félix, el segundo hijo de Constanza Vico. Como los latidos del bebé estaban lentos no se quisieron arriesgar y salieron raudos, a medianoche, rumbo al Sanatorio Anchorena. «Creí que lo iba a tener en la puerta», recuerda Constanza. «Finalmente llegamos a la sala de partos. Solo con Alejandra y el neonatólogo Mario Elman conmigo, para ayudarme y respetando todo lo que habíamos pensado. No bien Félix nació, Alejandra me lo dio, no lo tuvo ni un segundo, me lo puso al pecho sin haber cortado el cordón y para mí el lugar desapareció. Fue increíble, alucinante».

Fuente Redacción Z
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