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Informe Z: Niños quietos alimentados con comida chatarra

El 44 por ciento de los alumnos de nivel primario tiene sobrepeso u obesidad. La mayoría son varones

Por adriana-carrasco-y-matias-di-santi
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Los casos de obesidad infantil en las escuelas de nivel inicial y primario de la zona sudeste de la ciudad aumentaron un 25 por ciento, en un período de apenas seis meses. Diecisiete de cada cien chicos eran obesos en el segundo semestre de 2010, mientras que en el primer semestre de este año, el número ascendió al 21,24 por ciento. Los datos, oficiales, provienen de la Oficina Descentralizada La Boca-Barracas del Ministerio Público Tutelar, que se ocupa de generar informes sobre las principales problemáticas barriales.
Habitualmente, las causas del sobrepeso y la obesidad infantil están relacionadas con el sedentarismo, la cantidad de horas que los chicos pasan frente al televisor y la computadora, y la predilección por la comida chatarra, que engorda y tiene poco valor nutricional. Esto se potencia por las dificultades para que los chicos participen de actividades deportivas y el temor de los padres a que jueguen en la calle. Los niños son niños quietos.
¿Cuáles son los riesgos del sobrepeso? Eduardo Roggiero, docente de Nutrición infantil de la Escuela de Nutrición de la UBA, manifiesta que el sobrepeso en niños pequeños se traduce en la adultez en mayor probabilidad de infartos, colesterol y mayor incidencia de diabetes, entre otras secuelas. «Además estos chicos generarán mayores gastos en la atención de su salud. En cuanto a las características físicas, los niños obesos no aumentan de talla y terminan siendo adultos de baja estatura. Y en las niñas se genera un alto riesgo a futuro, cuando llega la hora de quedar embarazadas. Puede generar consecuencias como bebés prematuros, con mayor incidencia de diabetes gestacional o problemas metabólicos», señala el especialista.
Los problemas de la obesidad infantil se trasladan a la vida adulta. Adriana Graciano, nutricionista del Centro de Salud y Acción Comunitaria (Cesac) 41 y docente de la Universidad del Salvador, advierte que traspasado ese umbral, la obesidad «se asocia con la hipertensión arterial, la resistencia periférica aumentada a la insulina y algunas formas de cáncer».
Otro fenómeno preocupante es el «acortamiento». Éste afecta a los niños que crecen en un ambiente de pobreza extrema. «Estos chicos pueden perder entre diez y quince centímetros de talla en los tres primeros años de vida. Esta disminución es conocida como stunting o acortamiento. Son más susceptibles a la obesidad, al crecer en un ambiente donde están disponibles alimentos industrializados, de producción masiva, indiferenciados, con gran poder de saciedad, sabor agradable y baratos, que se caracterizan por poseer alta densidad de energía y pocos nutrientes esenciales», caracteriza la nutricionista Fernanda Robalo, del mismo Cesac.

ENTORNOS COMPLEJOS
Una serie de circunstancias sociales agudiza esta problemática del sobrepeso en los niños. «La escuela no sólo cumple una función educativa sino también de contención ante la situación social, económica y de salud de sus alumnos», señala Graciano.
Es que en los barrios del sur, el aumento de la obesidad en los chicos tiene que ver con el alto porcentaje de familias con necesidades básicas insatisfechas, elevadas tasas de desocupación, pocos ingresos per cápita, bajas tasas de acceso a obra social y de escolarización, condiciones de hacinamiento, viviendas deterioradas y con escaso acceso a agua potable, luz eléctrica y gas natural. «El barrio constituye un entorno poco favorable para el desarrollo de todas las potencialidades del niño, que afecta su calidad de vida y repercute de manera directa sobre su estado de salud y nutrición», destaca.

Dietas especiales
Tomando un caso particular, el de la Escuela Nº 14 «Agustín Rafael Caffarena», del barrio de La Boca, los estudios de antropometría realizados en el marco del Proyecto de Nutrición y Alimentación Saludable revelaron que en 2011, sobre un total de 221 alumnos, 48 tienen sobrepeso y 50 padecen obesidad. La directora de la escuela, Silvia Benvenuto, consciente de esta problemática, trabaja desde hace dos años junto con nutricionistas para revertir la situación y procura que los chicos con sobrepeso reciban las dietas bajas en calorías que precisan.
Sin embargo, en el último año surgieron dificultades, ya que el pliego 2011-2012 de comedores escolares, elaborado por la Dirección General de Servicios Especiales del Ministerio de Educación, exige que los niños que requieran una dieta para bajar de peso presenten un certificado de hospital público renovable cada tres meses.
«Este año cambiaron las condiciones para que los niños con sobrepeso accedan a una dieta especial», señala Andrea Ventura, coordinadora de la Oficina de Atención Descentralizada de La Boca-Barracas, quien proporcionó los datos de las últimas mediciones de niños.
Ventura explica que, para los casos de niños con bajo peso, «la escuela envía el certificado a la Dirección General de Servicios Especiales y ésta al concesionario para que envíe el refuerzo alimentario. En cambio, en los chicos con sobrepeso, la escuela tiene que manejarse directamente con el concesionario. Un menú light es mucho más costoso que un menú común o uno para subir de peso».
«El sistema busca disminuir las dietas especiales para bajar costos. No sirven los certificados de médicos de obra social. Los servicios de nutrición de los hospitales y centros de salud no dan abasto para atender a una población de niños con sobrepeso que, según las zonas de la ciudad, oscila entre el 35 y el 45 por ciento. Es engorroso sacar turno, los padres trabajan y no siempre pueden pedir permiso para faltar. Lo peor de estos casos es que el sobrepeso a menudo se invisibiliza como enfermedad», señala Ventura.
Esta situación llevó a una reducción en el número de dietas especiales: «En una de las escuelas, por ¿dar únicamente un ejemplo, las dietas light se redujeron de 65 en 2010 a 12 este año, porque sólo esos chicos renovaron el certificado».
Mientras se establece un menú del día compuesto de «carne con vegetales», la realidad pone en la mesa del comedor escolar guiso con arroz. O milanesas que no son de nalga ni cuadrada, sino preparados elaborados sin carne. Son datos que comunican las directoras de escuela a la Oficina Descentralizada.
«El colegio es un lugar para adquirir buenos hábitos alimentarios. Si el chico tiene problemas de pobreza en el hogar, por qué reproducir en la escuela esa situación», opina Ventura.
El resultado es un aumento de un 25 por ciento en los casos de obesidad en los últimos seis meses, en el área programática sudeste. Mientras en el segundo semestre de 2010 se registró un 17 por ciento de obesidad entre los alumnos de nivel inicial y primario, en el primer semestre de 2011 la cifra se elevó al 21,24 por ciento. Los índices generales de sobrepeso fueron del 37 por ciento en el segundo semestre de 2010 y del 41,77 por ciento en el primero de 2011.
La exigencia del certificado médico expedido por un centro de salud estatal complicó la situación en las escuelas. «El requerimiento del certificado trimestral por un lado es positivo, porque hay un control estricto de los chicos. Pero es un obstáculo para continuar las dietas, porque se necesita un apoyo muy fuerte por parte de las familias. Nosotros conseguimos que el centro de salud del barrio ampliara el horario de atención. Pero aun así no hemos logrado mucho. Creo que de cincuenta chicos, sólo quince asistieron al centro de salud. Las consultas se orientan a decirles a los padres de qué manera, dentro de la coyuntura económica actual, pueden abordar el tema de la dieta. Porque las dietas son caras. En síntesis, estos quince chicos continúan con las dietas pero se nos cayeron treinta y cinco, que son los que no tienen el certificado médico», explica la directora de la Escuela Nº 14.
La empresa Díaz Vélez es el concesionario que debe proveer las dietas especiales a esa escuela. Pero, como se dijo, las dietas para chicos obesos son más caras y hubo algunos inconvenientes hasta que los chicos dispusieron de la comida indicada. «Cuando hay un conflicto entre una escuela pública y una empresa privada, el Estado debería funcionar como mediador. Y la balanza debería inclinarse en la protección de los chicos», señala Benvenuto.
Aunque Diario Z pidió varias veces, en el Programa de Salud Escolar, los datos de otras áreas programáticas no le fueron facilitados. Sin embargo, es posible establecer comparaciones si se observan los indicadores para toda la ciudad del IMC (índice de masa corporal) alto u obesidad, relevados por el Programa Nutricional del Ministerio de Salud porteño en niños y niñas menores de seis años. En 2008, el índice de obesidad fue 12,7 por ciento, en tanto para 2010 ascendía a 14,4.
Otro programa del Ministerio -Salud Escolar y del Área de Estadísticas- informó en 2010 que entre los alumnos de las escuelas públicas porteñas el índice de obesidad asciende al 18,2 por ciento. La cantidad de varones afectados es mayor: de 21.278 niños medidos, son obesos 4.603 varones y 2.968 niñas. Los casos de sobrepeso suman 8.792 varones y contra 7.571 mujeres. Del total, sólo el 55,2 por ciento está en su peso normal.

 

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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