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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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Informe Z: Ludopatía, adicción al juego

En el último año creció un 25% la demanda de ayuda al 0800 del Servicio de Orientación en Ludopatía.

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Es ir a jugar porque se va a ganar, y si se gana se quiere volver, y si se pierde hay que regresar a recuperar lo perdido. Luego la angustia, la depresión, la culpa. Es volver a jugar y es volver a perder, la apuesta, la autoestima, la familia, y en muchos casos, la vida.

«Cuando nació mi hijo, yo estaba en el hipódromo. Él, recién nacido con una máscara de oxígeno porque tenía problemas respiratorios, y yo en Palermo gritando a favor de un jockey. El jugador es el tipo más cruel del mundo», relata Gerardo F., ludópata en recuperación.

«Le firmé a mi mujer una promesa de que no volvería al hipódromo. Pero volví. Por la depresión que esto me generó intenté suicidarme dos veces», agrega. Los testimonios recogidos por Diario Z de jugadores en recuperación y actuales adictos -se niegan a llamarse ex jugadores, ya que dicen que es una enfermedad de la que nunca se recuperan totalmente- coinciden en que su vida transcurre en los límites, y que si bien
todos conocen algún caso de suicidio causado por esta patología, el Estado hace poco. «Nada», exclaman todos.

La psiquiatra Susana Calero, directora del Centro de Asistencia y Capacitación e Investigación de las Socioadicciones (Cacis), y creadora del centro para adicciones del hospital Álvarez señala que «en 1995 había un 20 por ciento de mujeres que concurría a tratamientos.

En 2005 subió al 30, y en 2010 trepó a un 45 por ciento. Por otra parte, los hombres que se acercan a los centros de recuperación son cada vez más jóvenes. Tenemos casos de chicos de 17 años y muchos que, con 20 y 25, acumulan un vasto recorrido como adictos al juego.

Empiezan a los 16 y a los 20 ya están complicados. Antes arrancaban de jóvenes, pero venían a atenderse después de muchos años de adicción, incluso décadas». Cuando la idea del jugador que había en el imaginario social sólo referenciaba al burrero que iba al hipódromo con la revista Palermo -la Rosa- bajo el brazo, no se hablaba de ludopatía. Recién en 1994 la Organización Mundial de la Salud la declaró patología.

A diferencia de otras adicciones, la compulsión por apostar subyace dentro de una actividad legal. Esto explica la dificultad para detectarla.

Al mismo tiempo, existe una explosión de la oferta. A principios de la década del 90 en la ciudad de Buenos Aires no existía ningún bingo. Actualmente hay cinco más el casino flotante Estrella de la Fortuna, anclado en Puerto Madero. «El auge de la oferta multiplicó la demanda en sectores juveniles que ven una manera de ganar dinero fácil o les viene bien para llenar tiempo ocioso», explica Calero.

Este año, el Instituto de Juegos y Apuestas (IJA) porteño realizó un primer estudio que revela que el 0,70 del total de la población de la ciudad juega compulsivamente.

La Argentina, además, está en el nivel de los países que más padecen la ludopatía, como España y Estados Unidos, con entre el 1 y el 2 por ciento de su población con esta adicción.
En la ciudad existe el 0800- 666-6006 creado en 2005, cuya demanda aumentó un 25 por ciento en el último año. Un operador de la línea que pidió reserva de su identidad señala que los juegos más adictivos son los tragamonedas.

«Del monto total recaudado en las salas de juego de la ciudad, la mitad -48 por ciento- proviene de esas máquinas. En la ciudad de Buenos Aires funcionan poco más de 5.100 tragamonedas», consigna un informe de Lotería Nacional.

Uno de los fenómenos más recientes es la aparición de opciones de juego a través de la web. Esto ha incrementado exponencialmente la oferta, con el riesgo de que muchas veces quien está delante de la pantalla puede ser un chico de 13 años, o menos. La oferta incluye desde tragamonedas y bowling hasta carreras de caballos y ruletas. En la Argentina, esta modalidad comenzó en 2006. Se estima que en el país
ya operan más de 150 sitios web de juegos online. «También existe una cierta idea de convertir el juego en deporte», apunta Calero y agrega: «Que emitan torneos de póker en un canal como ESPN no es una casualidad». Estos programas ofrecen la posibilidad de ir avanzando en categorías y haciéndose un jugador más profesional, barnizado todo como entretenimiento. Otro fenómeno novedoso es el arribo al país de la empresa austríaca Bwin, encargada de apuestas deportivas. La recaudación es multimillonaria.

Lo cierto es que la gran mayoría de los sitios web de juegos y apuestas funcionan sin regulación legal. Así muchas de estas páginas comienzan ofreciendo la posibilidad de jugar por dinero ficticio, aunque la mayoría también ofrece la alternativa de usar dinero real.

LAS CARTAS DEL ESTADO
La ciudad de Buenos Aires tiene una ley de adicciones, la 2.318, sancionada en 2006. Para la psicóloga Patricia Colace, a cargo de la Unidad de Seguimiento de Políticas Públicas en Adicciones, «esa norma se hizo para intentar un abordaje interministerial, pero ni siquiera se reglamentó».

Actualmente, la atención al ludópata en los servicios de salud de la ciudad se reduce a los tres efectores que funcionan desde hace diez años: un centro de atención dentro del servicio de adicciones del hospital Álvarez, donde atiende un pequeño grupo de psicólogos; un grupo de autoayuda en el hospital Rivadavia, que funciona sólo de 8.30 a 12, y un servicio similar en el hospital Piñero.

Para Colace, esto señala que a pesar del aumento de la oferta y de la cantidad de jugadores, desde el Estado se mantiene la misma falta de recursos. Distinta es la postura de Calero para quien los actuales resortes del Estado son suficientes: «Hay una enorme explosión de gente jugando, pero esto no necesariamente se traslada a personas que piden ayuda. El ludópata hasta que no llega a un punto extremo donde las deudas lo pusieron en la ruina, no pide asistencia.

Para el nivel de demanda que existe, los efectores actuales son suficientes. Además, de diez personas que llaman al 0800, al hospital llegan siete y después de la primera entrevista quedan tres».

La Legislatura porteña votó el 1 de diciembre la ley 4.085, impulsada por el legislador de Unión Federal Daniel Amoroso, que disponía la creación de un registro de autoexclusión voluntaria a las salas de juego. Mauricio Macri la vetó, argumentando que violaba las libertades individuales y era de difícil aplicación. Era una de las medidas destinadas a disminuir la exposición a situaciones que promueven prácticas de riesgo adictivo.

El tipo de medidas que reclama la ley de prevención de adicciones sancionada en 2006. Más allá de este veto, los fondos para llevar adelante las campañas de prevención son exiguos. En el presupuesto 2012, se pautó para el Instituto de Juegos y Apuestas una partida de $ 308.500.000, de los que $ 279.132.357 se destinarán a cargas salariales y otros gastos fijos, con lo que no queda mucho dinero para campañas. Pero
el Ejecutivo, gracias a una resolución de la Corte Suprema de fines de octubre, podrá cobrarle impuestos al casino flotante. Tras la resolución judicial, la Administración General de Ingresos Públicos (AGIP) todavía no indicó cuánto debería cobrarle en concepto de impuestos atrasados y señaló que le llevaría un par de meses sacar esa cuenta.

Radiografía de los jugadores anónimos
«Los primeros 90 días son clave para bajar la ansiedad. Después de ese tiempo cada uno de los interesados valúa si quiere seguir o no. Pedimos que el ludópata sea obediente». El relato pertenece a Julio T., integrante de Jugadores Anónimos, que hoy reúne a 71 grupos en el país y cuya primera reunión fue el 24 de octubre de 1985. En JA cuando alguien cumple un año sin jugar se le da una medalla. Hay dos fechas fundamentales: el día que llegan por primera vez y el lapso de tiempo que llevan sin jugar. Se autodefinen como una hermandad. Dicen estar hermanados por la enfermedad. Los miembros de JA asumen que nunca van a estar recuperados de la adicción. Hasta el último día de su vida serán enfermos. Un punto crucial, señala Julio, son las crisis que tienen cuando la ansiedad por jugar se apodera de ellos. «Si alguien del grupo me llama y me dice: ‘Julito, quiero jugar’. En media hora va a tener a dos o tres hermanos al lado, sea la hora que sea. Ahora, si me llama y dice: ‘Julio estoy desesperado, acabo de jugar’, es una situación distinta. En esos casos medio que… cómo decirlo… no digo que lo reto, pero sí le remarco: ¡¿Y ahora me llamás?! Ya jugaste, qué te puedo solucionar. Andá al grupo en la semana y vemos.» Julio explica que «todo lo que decimos es en base a nuestra experiencia. No opinamos de otros grupos. Adicción, por etimología, quiere decir «No hablar». En los grupos, lo que hacemos es hablar del juego pero también de nuestros otros problemas. Uno se acerca a JA por la compulsión a apostar desenfrenadamente, pero con el tiempo te das cuenta de que en realidad el juego tapa otros problemas de fondo, emocionales». El lema de JA es «sólo por hoy». Aquí subyace la idea de que lo que se hizo en el pasado es irreparable y se trata de luchar en el presente, sobre «lo que puedo modificar».

Tratamientos y enfoques
«En el tratamiento buscamos la abstinencia total. No va eso de que el jugador juegue menos, o en ‘forma responsable’. Es un tema neurobiológico que incide en los impulsos. No puedo decirle a alguien no hagas esto, porque lo que hace lo hace por ser neurológico. Entonces no debo demorarme y es aconsejable la medicación», apunta Calero. La postura de otros espacios de recuperación es distinta. Jugadores Anónimos basa su terapia
en la comunicación y desde la psicología señalan que el proceso puede ser paulatino y progresivo. «Si alguien tiene un problema con el juego, se puede ir pautando objetivos. Con la pastilla sólo tapo el síntoma. Te saco la pastilla y volvés. No se trata de templar la voluntad del paciente, como se dice usualmente desde la psiquiatría», apunta Colace.

Donde acudir
• Servicio de Orientación en Ludopatía de la CABA: 0800-666-6006.
• Servicio de Asistencia al Juego Compulsivo (Pcia. de Bs. As.): 0800-444-4000.
• Jugadores Anónimos: 4328-0019. Además posee la Línea Vida que funciona las 24 horas y es atendida por adictos en recuperación: 15-44121-675. O se puede acceder a su página: www.jugadoresanonimos.
org.ar.
• Servicio de Adicciones del hospital Álvarez: 4611-6666.
• Centro de Asistencia, Capacitación e Investigación de las Socioadicciones: 4816-4801.

 

 

DZ/LR

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