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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Informe Z: Liniers, un mundo colorido con ecos del altiplano

Uno de los nodos de transporte más importantes de la ciudad alberga casas bajas y calles comerciales

Por Clarisa Ercolano
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En el límite entre Capital y Ciudadela, el barrio de Liniers se erige casi como si una frontera. La de una ciudad que cambia su rostro paulatinamente desde el norte hasta el sur hasta casi convertirse en otro país. El barrio debe su nombre al virrey Santiago de Liniers -el que dirigió la resistencia contra las invasiones inglesas-, un gran benefactor de las Hermanas Hijas del Divino Salvador, que estaban radicadas en el lugar. Como todos los barrios que tienen ferrocarril, este medio de transporte fue fundamental en el crecimiento de la población. Frente a la estación se construyeron las primeras casas, la capilla de la Casa de Ejercicios de los Jesuitas y las primeras pulperías de la zona. Hacia 1910 el barrio dio un salto cualitativo: se construyeron casas para familias de obreros y empleados del ferrocarril, se vendieron terrenos y se adoquinó Rivadavia frente a la estación de Liniers, lo que facilitó que se pudieran colocar los rieles de los tranvías. Después, la urbanización no se detuvo y dio lugar a dos barrios en uno, por un lado las casas más modestas, en Ramón Falcón, con pasajes asfaltados que llevan nombre de flores, pájaros o personajes de novelas y El Bajo Liniers, que limita con Mataderos.
Al borde de la General Paz, al fondo de avenida Rivadavia, el mundo parece ser otro. Apenas uno baja en la estación del Ferrocarril Sarmiento o desciende de alguno de los colectivos que se amontonan en ese centro de transferencia, palabras como chirimoya, cubios, rocotos, papines, habas o plátano se vuelven comunes sobre todo a la hora del almuerzo. Son comidas típicas de Bolivia y que se encuentran en pleno Buenos Aires. Los sonidos de Bolivia son casi una constante y no paran de salir de los equipos de música, celulares y hasta de la radio que se armó exclusivamente para la comunidad: la AM Panamericana.
Es que parte del barrio se convirtió en la pequeña Bolivia de Argentina. Más allá de las típicas etiquetas que hablan de inseguridad, mafias y narcotráfico, un mundo colorido con ritmo de música del altiplano gana la atención del que por allí pasa. Imposible no distraerse con los colores y tamaños de las papas (que no son todas como las del supermercado) o no tentarse con los jugos de durazno, el pan dulce y -para los de hígado fuerte- un buen chicharrón o el típico pollo picante que se puede comer con música de erkes y sikus como telón de fondo. Para acompañar la comida, ofrecen gaseosas con marcas bolivianas producidas en el país, como la Coca Quina.
La zona boliviana de Liniers tiene límites: se encuentra entre las calles José León Suárez, Ramón Falcón e Ibarrola. Y no todo tiene que ver con la comida, en Liniers se consigue también ropa «a veces hasta más barata que en La Salada», asegura Marta Ozuna, vecina del barrio. Los locales comerciales intercambian prendas que cualquier porteño se compraría, con otras con detalles más típicos del altiplano: tejidos, telares, colores vivos. «El calor de acá es distinto, no usamos exactamente la misma ropa porque si no no se soporta», admite Ozuna.
Entre estatuas de gordos equecos (el dios de la abundancia en la cosmogonía aymara) que fuman y portan billetitos y bolsas con legumbres y granos, es común encontrar herboristerías y santerías que ofrecen soluciones bolivianas para afecciones en la salud, física y espiritual, explicará una mujer que prefiere no decir su nombre. Consultada por Diario Z, asegura que «hay un yuyo para cada enfermedad y una vela para cada cosa. La gente viene por dolores de hueso, digestión lenta, insomnio y también por problemas de pareja».
Todo pasa por acá
Liniers es uno de los nodos de transporte más importantes de la ciudad. Cuenta con numerosas líneas de colectivos de corta y mediana distancia, hacia puntos como Ezeiza en zona sur, Merlo y Navarro hacia el oeste y Tigre hacia el norte. Además tiene una terminal de ómnibus de larga distancia (ubicada a 300 metros de la avenida Rivadavia, sobre la avenida General Paz), que es la segunda en importancia luego de Retiro.
Sobre la avenida Rivadavia se encuentra la estación de trenes del Ferrocarril Sarmiento, que presta servicios desde Once hacia Castelar y Moreno. En esa misma calle abunda la oferta de combis que por unos pesos más aseguran asiento y rapidez, sobre todo en horas pico.
«Todo lo que hay en una feria paceña, cochabambina o cruceña lo puede encontrar acá, por eso los bolivianos que no viven en Capital se las arreglan para venir el fin de semana», cuenta Ozuna.
Y advierte que si uno se fija bien, en las verdulerías podrá encontrar cajitas con dulces, billetes y fideos. Son ofrendas listas para entregar a la Pachamama o a la Virgen de Urkupiña. Si las promesas son oídas, es probable que los devotos se dirijan a las múltiples entidades financieras, casas de giros de dinero y, aunque con menos frecuencia, a las empresas aéreas bolivianas como AeroSur (la más popular) o de transporte que viajan a Bolivia.
Hay dos instituciones distintivas del barrio de Liniers. Una es el Club Atlético Vélez Sarsfield, un centro deportivo centenario, que prácticamente nació con el barrio. El estadio ubicado junto a las avenidas Juan B. Justo y Álvarez Jonte lleva el nombre de don Pepe Amalfitani, presidente de la institución por 30 años. Tiene capacidad para 50.000 espectadores. Además de fútbol, en Vélez se practica vóley, baloncesto, hockey y otras actividades polideportivas y recreativas, también funciona una escuela.
La otra institución clave de la identidad barrial es el santuario de San Cayetano, en la calle Cuzco 150. Año tras año, el 7 de agosto, casi un millón de fieles se acerca a pedir un milagro, a cumplir sus promesas o a agradecer los favores recibidos del santo. Una de las más grandes demostraciones de fe en la Argentina tiene lugar cuando se conmemora al santo de Lombardía, patrono del pan y del trabajo.

Problemas estructurales en la vieja estación

El avanzado estado de deterioro que sufre la estación Liniers motivó una actuación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, que efectuó un relevamiento del lugar para examinar condiciones de seguridad e higiene, instalaciones electromecánicas y estado de las estructuras fijas.
El personal de la Defensoría que inspeccionó el predio concluyó, en primer lugar, que la playa de cargas de la emblemática estación de trenes del Ferrocarril Sarmiento exhibe condiciones deficientes, entre las que pueden mencionarse la existencia de un solo medio de egreso vehicular y un paso peatonal lindero a las vías, sin las debidas medidas de seguridad, ya que no dispone de señales sonoras y lumínicas para la salida de vehículos de transporte.
Por otra parte, el informe elaborado por la Defensoría indicó que los muros carecen de revestimiento, que el suelo es compactado y sin desaguas pluviales y que se observan solamente dos extintores de incendio en todo el predio. También destacó que los galpones existentes se encuentran en mal estado de conservación y con acumulación de residuos, escombros y materiales en desecho, mientras que las edificaciones pertenecientes a las oficinas de las líneas de transporte no cuentan con las condiciones mínimas de mantenimiento y las luminarias de emergencia.
En el informe de la Defensoría se consignó también que en el sector del puente peatonal hay conductores eléctricos expuestos a lo largo de la cubierta metálica, cajas de luz con cables al descubierto y artefactos de iluminación en estado de deterioro, así como la falta de mantenimiento, limpieza y pintura en el puente.
«Las verificaciones efectuadas permitieron demostrar que existen graves irregularidades funcionales en la ocupación del espacio público que comprometen la seguridad de los transeúntes, además del evidente incumplimiento a la normativa prevista en el Código de la Edificación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires», concluye el informe de la Defensoría, que fue celebrado por los vecinos a la espera de que se convierta en el disparador de una solución.

 

DZ/LR

 

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