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TEMAS DE LA SEMANA

Informe Z: Fertilización, una ley para democratizar la maternidad

Una de cada seis parejas tiene problemas de fertilidad, los tratamientos hay que pagarlos.

Por maria-julieta-rumi
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De cada seis parejas, por lo menos una tiene problemas para reproducirse. Tal vez el promedio sea mayor, porque el cálculo cuenta sólo a los interesados que se acercaron a las instituciones médicas en busca de ayuda. Muchos no lo hacen: ser madre o padre en esas condiciones no es para cualquiera, los pacientes que se atienden en privado pueden abonar hasta 27 mil pesos por un procedimiento como el de inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI).

En enero de este año comenzó a implementarse la ley 14.208 de Reproducción Asistida en la provincia de Buenos Aires, que obliga a que los tratamientos tengan cobertura gratuita en el sistema pública, obras sociales y prepagas. En la Legislatura porteña se encuentran en debate varios proyectos similares. Uno fue presentado por Proyecto Sur, que da cobertura a los tratamientos de fertilización, cualquiera sea su grado de complejidad. «No vemos la infertilidad como una enfermedad solamente, ni como un gasto, sino como un derecho de las mujeres a concebir y tener un embarazo», señaló la diputada Laura García Tuñón, coautora de la iniciativa junto con su compañero Jorge Selser.

En la misma línea, un proyecto anterior presentado por Eduardo Epsztein y por María Elena Naddeo, de Diálogo por Buenos Aires, no habla de la infertilidad como patología y define a la maternidad y la paternidad como un derecho.

Además, en el texto no se habla de matrimonios, sino de personas. Así se deja la puerta abierta para que mujeres solas y parejas lesbianas puedan concebir.

La problemática La Sociedad Argentina de Medicina
Reproductiva (Samer) estudia la fertilidad humana. De acuerdo con su presidente, el médico ginecólogo Sergio Papier, si se sancionara una ley, los números de infertilidad cambiarían. «El universo de los que consultan se compone de las personas que acceden a la consulta médica, o sea de estrato económico alto», explicó.

La normativa permitiría, entonces, ver cuántos pacientes necesitan realmente asistencia. «No nos aceptan como enfermos», explicó Sandra Angueira, de 47 años, que ya se practicó varios tratamientos de alta complejidad, con donante, en forma privada, y está en juicio desde hace dos años y medio contra su prepaga Ospoce (Obra Social del Personal del Organismo de Control Externo).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la infertilidad es la incapacidad de completar un embarazo luego de un año de relaciones sexuales sin tomar medidas anticonceptivas.

Entre sus principales causas en mujeres y hombres se encuentran la esterilidad tubaria (trompas tapadas), anovulación (déficit en la ovulación), endometriosis (formación de mucosa uterina en órganos distintos del útero), varicocele (tumor formado por la dilatación de las venas del escroto) y ESCA (esterilidad sin causa aparente).

El obstáculo, según Angueira, es que la infertilidad no fue incluida como enfermedad por el Programa Médico Obligatorio (PMO) y por eso las obras sociales no están obligadas a financiar los procedimientos de alta y baja complejidad y tampoco cubren la mayoría de los medicamentos y análisis clínicos. Las excepciones son algunos planes de OSDE y la Obsba, la obra social de los estatales porteños.

Los pacientes, sin embargo, no suelen quedarse de brazos cruzados. A Gisela De Anton, de 39 años, un primer intento de fecundación in vitro le dio negativo. Está con un amparo contra Galeno. «La obra social nos negó el tratamiento de entrada porque la infertilidad no está dentro del PMO y ahora piden que presentemos un montón de papeles para una auditoría», sostuvo. Y apeló a la vía judicial. En la Ciudad la única opción es recurrir a la Justicia. Pero contratar a un abogado para presentarse cuesta alrededor de cinco mil pesos.

Pasito a pasito En el caso de que la ley en cuestión se apruebe, la Ciudad Autónoma sería el sexto distrito en aprobar una ley de reproducción asistida después de La Pampa, Córdoba, Río Negro, Entre Ríos y la provincia de Buenos Aires. En este momento, los integrantes de la Comisión de Salud de la Legislatura porteña trabajan una versión consensuada que abarque los distintos proyectos.

La determinación de los alcances de la ley y sus criterios de admisión es el debate más importante. Por ejemplo, las edades de las aspirantes o el tiempo de residencia en la Ciudad. En la Legislatura bonaerense ya hay un proyecto para que la ley de fertilización de la provincia amplíe los tratamientos, hasta ahora restringidos a mujeres de entre los 30 y 40 años.

El texto de Proyecto Sur, en cambio, no fija restricciones y establece que los hospitales públicos, las obras sociales y las prepagas de la ciudad de Buenos Aires deben incluir en sus coberturas los estudios de diagnóstico, los tratamientos y los insumos que demandan las técnicas de fertilización asistida a todas las mujeres mayores de 18 años que lo soliciten. También deberán cubrir la «criopreservación de óvulos o esperma», a quienes deban someterse a tratamientos oncológicos que «comprometan sus órganos reproductivos, y obstaculicen
la posibilidad de tener hijos/as en el futuro». Incluye también a menores de edad y no fija restricciones.

Se propone la creación de una Comisión de Reproducción
Humana Asistida, en el ámbito del Ministerio de Salud, que se ocupará de regular los alcances de la cobertura.

El proyecto de Epsztein y Naddeo coincide con el de Selser y García Tuñón en que no limitan el tratamiento a «matrimonios» sino que lo extiende a mujeres solas y parejas de lesbianas. «No hemos puesto ninguna limitación en ese sentido. Tampoco definimos una cantidad de tratamientos. Creemos que es un aspecto a discutir durante el debate en la comisión», explicó García Tuñón.

La legisladora de Encuentro Popular para la Victoria María
José Lubertino aseguró que la ley igualaría a las personas porque muchos no pueden acceder a los avances científicos y tecnológicos para garantizar una maternidad
o una paternidad biológica.

«Cada cual debería poder elegir cuántos hijos tener, cómo tenerlos y en qué condiciones», arengó, aunque también señaló que esta posibilidad debe ser vista como una ampliación de los derechos sexuales reproductivos y no como originada en un enfermedad ya que el término es estigmatizante.

Una lucha sin cuartel Mientras tanto, hombres y mujeres que sueñan con acceder a la paternidad o a la maternidad se agrupan en organizaciones para juntar firmas y participan de actividades de concientización sobre la problemática. Además, recomiendan abogados o hacen rifas cuando a alguno le falta dinero para terminar de pagar un tratamiento. Todo a la espera de que los legisladores den un marco legal que les permitirá intentar ser padres por la vía biológica.

La reproducción asistida se realiza por dos medios de baja y alta complejidad: 1) Inseminación Intrauterina (IIU) que es la introducción del semen en la vagina de la mujer para conseguir una gestación. Con está técnica de cada cien ciclos de inseminación aproximadamente 13 prosperan y de cada 100 parejas que completan cuatro ciclos, 60 logran embarazos. Sin embargo, un 15 por ciento se malogra mientras que otro 15 por ciento son gemelares.

Se distinguen dos situaciones según el origen del esperma:
a) Inseminación artificial conyugal.
b) Inseminación artificial con donante.
2) Fecundación in vitro (FIV) que consta en la extracción de óvulos femeninos para fecundarlos fuera del organismo con una muestra de esperma obtenida previamente del hombre. La inseminación puede ser de forma clásica, poniendo juntos los ovocitos y los espermatozoides previamente seleccionados y tratados; o mediante inyección intracitoplasmática (ICSI) en el caso de que los gametos masculinos presenten problemas de movilidad. Tras la fecundación, el embrión es transferido al cuerpo de la mujer. Las tasas de embarazo con FIV e ICSI son del orden del 30 al 40 por ciento.

 

Métodos de reproducción asistida
La reproducción asistida se realiza por dos medios de baja y alta complejidad:

1) Inseminación Intrauterina (IIU) que es la introducción del semen en la vagina de la mujer para conseguir una gestación. Con está técnica de cada cien ciclos de inseminación
aproximadamente 13 prosperan
y de cada 100 parejas que completan cuatro ciclos, 60 logran embarazos. Sin embargo, un 15 por ciento se malogra mientras que otro 15 por ciento son gemelares.
Se distinguen dos situaciones según el origen del esperma:
a) Inseminación artificial conyugal.
b) Inseminación artificial con donante.

2) Fecundación in vitro (FIV) que consta en la extracción de óvulos femeninos para fecundarlos fuera del organismo con una muestra de esperma obtenida previamente del hombre. La inseminación puede ser de forma clásica, poniendo juntos los ovocitos y los espermatozoides previamente seleccionados y tratados; o mediante inyección intracitoplasmática (ICSI) en el caso de que los gametos masculinos presenten problemas de movilidad. Tras la fecundación, el embrión es transferido al cuerpo de la mujer. Las tasas de embarazo con FIV e ICSI son del orden del 30 al 40 por ciento.

 

 

 

DZ/LR

Fuente Redacción Z
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