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TEMAS DE LA SEMANA

Informe Z: El tiempo justo para embarazarse

Después de los treinta, a las mujeres sólo les queda el 12% de su reserva ovárica.

Por maria-florencia-alcaraz
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Así como existe el reloj biológico que marca a qué hora comer o dormir, existe un tiempo para las mujeres para ser madres. Un reciente estudio permite realizar un chequeo del nivel de fertilidad. El test mide la hormona antimülleriana y comprueba la reserva ovárica con la que cuenta una mujer. Los avances de la ciencia que permiten ir contrarreloj.

«Tengo 37 años, durante mucho tiempo prioricé mi carrera profesional por sobre mi vida personal y ahora estoy ‘pagando’ las consecuencias. Hace dos años que intento ser mamá y no lo consigo», confiesa Carolina, gerente de una importante empresa. Por su parte, Graciela, una empleada administrativa, cuenta: «Tuve varias parejas pero con ningún hombre llegué a planificar seriamente traer un hijo al mundo. Cuando llegó ese hombre hace tres años nunca pensé que a los 34 años no iba a poder quedar embarazada».

Los testimonios dan cuenta de una realidad que atraviesan muchas mujeres que superaron los 30, profesionales e independientes y que postergaron su maternidad, priorizando los proyectos personales. Se trata de una tendencia a nivel mundial que se refleja en nuestro país. El Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa presentó el año pasado el informe «Situación de la población en la Argentina», que arroja que el número de mujeres nacidas en los 80 que tuvieron su primer hijo antes de los 23 años se redujo al 38,7%, casi cinco puntos menos que las nacidas entre 1960 y 1979. Esta decisión de la mujer moderna se contrapone con la realidad biológica y su proyección de reproducción humana. Desde el punto de vista científico, pasados los 30 años la mujer se queda con sólo el 12% de su reserva ovárica. Se trata del famoso «reloj biológico de la maternidad»: aquellas mujeres que quieren tener un hijo, tienen un tiempo.

Santiago Brugo Olmedo, director médico de Seremas y especialista en Medicina Reproductiva y Andrología, asegura: «La Argentina y el mundo se han adelantado mucho pero el reloj biológico sigue siendo el de la Edad Media. No podemos cambiar lo biológico pero podemos prevenir y avisarle a la señora que si quiere ser mamá tiene un cierto tiempo».

Dentro de esas técnicas de prevención, un estudio reciente permite llegar a la proyección de un chequeo de nivel de fertilidad. A través de una simple muestra de sangre, hecha en cualquier periodo del ciclo, las mujeres que están planificando ser madres pueden saber si es posible. «La HAM es una muy buena predictora de cómo le va a ir a la mujer en su fecundidad», explica Brugo Olmedo.

La HAM es la hormona antimulleriana, a partir de la cual se mide la cantidad y calidad de óvulos que tiene la mujer. Es decir, permite conocer la reserva ovárica con la que cuenta. «Según la tabla de referencia con la cual medimos la antimülleriana, una mujer sana de 18 años tiene 40 pico moles, a los 30 esa cantidad comienza a descender y a los 37 el descenso es abrupto. Ya cuando alcanza los cinco pico moldes aproximadamente el pronóstico es malo, esa mujer difícilmente va a quedar embarazada. Esto es un problema teniendo en cuenta que hoy la mujer posterga cada vez más la maternidad», considera Olmedo.

«Si en su momento lo hubiera sabido, creo que hubiera actuado diferente en mi vida», asegura Graciela, quien decidió adoptar ante la imposibilidad de quedar embarazada.

Ciencia a contrarreloj

Los avances científicos colaboran, de alguna manera, a detener el tic tac del «reloj biológico materno» a través de distintos métodos novedosos que no muchas mujeres conocen. Existen diferentes técnicas de preservación de la fertilidad. Sin embargo, la vitrificación de óvulos es la única que permite conservar la capacidad reproductiva hasta el momento en que se decide el embarazo. Se trata de un nuevo método que brinda la posibilidad de posponer la maternidad hasta el momento que lo desee, basándose en el congelamiento acelerado de los ovocitos. Esta técnica garantiza que no se dañen los óvulos porque la vitrificación los enfría con rapidez para que la transformación de líquido a sólido sea instantánea y los óvulos queden intactos.

El proceso para someterse a la vitrificación comienza con una estimulación hormonal, continúa con la extracción de óvulos mediante una punción ovárica, para culminar con el congelamiento acelerado en laboratorio, donde se los mantiene almacenados en nitrógeno líquido durante un tiempo indefinido.

En el momento en que la mujer decida utilizar los óvulos congelados, el proceso se concentrará en la preparación del endometrio para la implantación de los embriones. Así, los óvulos se descongelarán y se fecundarán a través de la Inyección Intracitoplasmática de Espermatozoides (ICSI) para finalmente transferir estos embriones al útero materno. Con este método puede pensarse en una planificación familiar responsable que trasciende los límites de los tiempos biológicos y permite organizar la vida de una mejor manera.

Iniciaciones

El análisis de las estadísticas realizado por el Observatorio de la Maternidad indica que en la ciudad de Buenos Aires, las mujeres retrasan su maternidad dos años con respecto al promedio nacional. Mientras que en la Argentina las madres en promedio tienen su primer hijo a los 23 años, en la ciudad de Buenos Aires a los 25,2 años. Si consideramos la situación de las madres primerizas la diferencia es de tres años: 28,1 años vs. 31,4 años respectivamente.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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