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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Informe Z: Cultivar la tierra en la jungla de cemento

Existen más de 400 huertas orgánicas en plazas, instituciones y jardines.

Por Camila Bretón
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Ahí, en ese parque frente al hospital Dr. Juan P. Garrahan, por donde pasan el 4, el 129 y el 123 hay tomates, choclos, acelgas y pepinos listos para ser cosechados. No se ven, pero están. Plantados en la esquina de Juan de Garay y Pasco, en una huerta orgánica comunitaria colmada de hortalizas y plantas aromáticas que crecen bajo la protección y la sombra de árboles frutales. Es un pequeño espacio rodeado de arbustos sobre el parque Vuelta de Obligado con aroma a romero, lavanda y menta. Adentro, un hombre flaco y con las manos llenas de tierra trasplanta unas flores que arrancó de la vereda camino al parque y dice: «Esto es un pedacito de cielo dentro de una gran ciudad». Se llama Manuel, tiene 83 años, es tucumano y vecino de San Cristóbal. Él se ocupa de ir todas las mañanas a cuidar y regar la pequeña quinta que este año cumplió 11 años. «Mira, vení a ver qué grandes están los zapallitos y girasoles que planté hace dos meses», muestra orgulloso.
La huerta comunitaria Vuelta de Obligado se creó cuando un grupo de diez vecinos preocupados por el abandono del parque decidieron recuperar un espacio que de a poco se estaba convirtiendo en un basural a cielo abierto. Una de ellos fue Nelly Santamaría, que ahora está sentada en un banco de plaza a metros de Manuel, con una carpeta llena de fotos y expedientes de la Asociación Civil Vuelta de Obligado de la que es presidenta. Nelly cuenta que empezaron en 2000 haciendo choripanes los sábados al mediodía y con la recaudación fueron comprando el alambre, las herramientas de trabajo y la tierra para tapar los escombros de las antiguas piletas de natación del polideportivo construido en los años 70. «Los lunes damos los talleres y es el día que se reparte la producción entre los voluntarios que vienen a ayudar y los porteros del barrio que nos avisan cuando alguien rompe el alambrado o prende fuego los arbustos que protegen los cultivos.» Según datos del Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Capital Federal existen 24 huertas comunitarias y ésta es una de las más antiguas. «Con los vecinos de San Cristóbal y Parque Patricios nos contactamos con Pro Huerta para que nos den el asesoramiento profesional y nos provean de la materia prima», dice Nelly al mismo tiempo que pasa orgullosa las páginas con las imágenes de los vecinos trabajando en los comienzos de la quinta.
Pro Huerta es un programa del INTA y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación dirigido a la población más vulnerable con el fin de promover una dieta más equilibrada mediante la autoproducción de alimentos frescos. Tiene coordinadores trabajando en cada provincia, localidad y municipio de todo el país. Se ocupa de brindar los talleres de capacitación, asistencia técnica y abastecer de semillas a cada nuevo productor. En la zona de Capital Federal Laura Tanzariello es la técnica que, junto a su equipo de promotores voluntarios, acompaña y asiste a las 418 huertas orgánicas plantadas por toda la ciudad porteña.
«En la semana hago un recorrido y paso por la huerta del hospital Borda, el Galpón de Chacarita y el parque Vuelta de Obligado. Éstos son los lugares de encuentro para los que tienen quintas orgánicas en sus casas y necesitan algún tipo de asistencia profesional», dice Tanzariello y agrega: «Existen tres tipos de huertas: las familiares, que pueden crecen en un patio, balcón o en el jardín de una casa; las comunitarias, generalmente en plazas o galpones, y las institucionales que están en colegios, geriátricos u hospitales».
Una de las últimas huertas institucionales que se reabrió gracias al aporte de Pro Huerta fue la del Hospital de Salud Mental J. Borda, ubicada atrás de los inmensos pabellones despintados en la zona de Constitución. Allí trabajan con Andrea Vega, directora de la Fundación Chacras de Buenos Aires Turismo Justo para Nosotros. Es la encargada de coordinar a los voluntarios que llegan del extranjero para trabajar en el hospital psiquiátrico. Vega explica que los internos, antes de egresar, o en la última etapa de su tratamiento, pasan por la huerta para hacer un trabajo de resocialización para aprender a hacerse cargo de otro ser vivo «para después transpolar esa situación a sí mismos». En la quinta, que está abierta a cualquiera que quiera ir a visitarla, hay también un horno de barro donde todos los martes y jueves se hornean panes rellenos de verduras y un invernadero llenó de mates secándose. Fueron plantados y cosechados en este mismo lugar.
La idea es que los interesados que participen en los talleres de Pro Huerta se lleven las herramientas básicas para poder cultivar en cualquier espacio. Durante el curso, que dura dos meses, se hace un recorrido de todo el proceso y se enseña a mantener una huerta sin el uso de agroquímicos. Al finalizar, a cada nuevo productor se le entrega un kit de semillas que alcanzaría para cubrir la dieta alimentaria de una familia de cuatro a cinco personas.
Otro centro de encuentro para los productores independientes es el Galpón de Chacarita, en la esquina de las avenidas Federico Lacroze y Corrientes donde todos los miércoles y sábados se juntan para compartir experiencias y vender al público sus cultivos sin agroquímicos. En uno de los puestos, tras un mostrador lleno de frutillas, está Victoria Díaz, de 59 años y madre de ocho hijos. Esta mujer de piel oscura y manos secas, hace 14 años que tiene una quinta orgánica en el jardín de su casa y dos veces por semana carga su camioneta celeste modelo 81 de verduras y frutas para vender en el mercado. Victoria nació en el Chaco y recuerda que cuando era chica vio a más de un vecino caer intoxicado del tractor, luego de fumigar con agroquímicos las plantaciones de algodón que rodeaban su casa. «Así vi morir a mucha gente y por eso sé que con lo que yo hago le estoy haciendo un bien a la gente que lo consume y sobre todo al medio ambiente.» Esto lo dice un miércoles caluroso de enero mientras que atiende a los visitantes que llegan en busca de alimentos que ya no se consiguen en ninguna góndola de almacén o supermercado. Vecinos que eligen comprarles a pequeños productores que aprendieron a cultivar.

Un trabajo extendido
Pro Huerta, con más de 20 años de trayectoria, cuenta con 3,3 millones de personas involucradas y asiste a 589 mil huertas y 160 mil granjas en todo el país. Los talleres de capacitación son gratuitos y abiertos a todo público. Información www.prohuerta.inta.gov.ar

DZ/LR

 

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