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TEMAS DE LA SEMANA

Iñaqui Urlezaga: «Quiero hacer algo totalmente argentino»

El bailarín habló de sus inicios y dijo que le gustaría hacer una obra específicamente de tango.

Por Diego Oscar Ramos
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En ese panteón privilegiado de artistas que han hecho de la danza clásica, considerada muchas veces como elitista, una disciplina atractiva para todo tipo de público, Iñaki Urlezaga es uno de sus principales representantes. Con gran experiencia internacional, en la que se destaca una década como primer bailarín del Royal Ballet de Londres, es uno de los que, como lo hiciera Julio Bocca y actualmente Maximiliano Guerra, parece estar expandiendo con su carisma y dedicación los alcances populares del ballet tradicional. En los primeros días de mayo, Urlezaga se presentó en el Coliseo con el ballet Giselle, pero luego de sufrir una lesión durante la primera representación tuvo que abandonar las funciones. Lo reemplazó el bailarín Edgardo Trabalón.

¿Por qué elegiste Giselle?
Giselle es una obra inmortal, una obra maestra y la única obra clásica que no fue revisada desde la primera vez que se ofreció, en 1700. Desde que se dio en Francia pasó al mundo entero y se presenta en todas partes. Se sigue haciendo de la misma manera, porque es una obra maestra. Fue una de las primeras obras que se hicieron desde que la danza se hizo más estable a nivel mundial, cuando ciudades europeas como Viena, París y San Petersburgo tenían ya sus teatros funcionando. La pieza habla del perdón y del horror de la traición, de amor más allá de las diferencias entre las personas, de la hipocresía de la burguesía de la época, de los sentimientos humanos. El personaje se había enamorado de un alma libre y pura. Y la obra tiene que ver con el amor incondicional, más allá de este plano social.

¿Qué te entusiasmó de hacerla?
Es una obra que siempre permite a un profesional volver a las fuentes y mostrar lo que nunca termina de madurar y siempre estará dando vueltas. Hacer un clásico es estar en contacto con la naturaleza de uno, que es la danza clásica. Me interesa mucho todo texto que tenga que ver con las relaciones humanas y con las emociones. Lo que es la danza en general.
A pesar de que has tenido alguna experiencia con danzas populares, parecería que estás lejos de considerar apartarte del repertorio clásico.

Es que no creo que necesite evolucionar hacia ese lugar. Sí tengo ganas de hacer obras nuevas y ser coreógrafo además de intérprete. Y aunque nunca hice específicamente una obra de tango, hoy es algo que querría hacer, porque es algo totalmente argentino que puede servir para mostrar al Iñaki persona. Puedo hacer una obra donde elija qué quiero mostrar hoy de mi vida. En las clásicas el texto está preescrito, tengo que entrar dentro de esos lineamientos, pero en otro tipo de obra se puede hablar más de uno. En un clásico tengo que buscar qué hay de mí de ese personaje, que hay de él en mi persona, porque si no lo hago sería falso. Lo otro me permitiría otro tipo de experiencias artísticas, que en definitiva son experiencias emocionales.

Estás involucrado desde muy niño en este mundo artístico.
¡Sí! Empecé a bailar a los cuatro años. A los ocho fui a la escuela de danzas de la ciudad de La Plata, pero el nivel preparatorio era muy elemental. A los seis meses les dije a mis papás que no quería ir porque me aburría. Y tuve la suerte de que pasada la mitad del año me llevaran al Teatro Colón.

¿Cómo vivió tu familia tu decisión de dedicarte profesionalmente a la danza?
Los padres te dicen que estudies, pero como la danza sigue siendo aparentemente una vocación y no una profesión, cuando llegás a grande llega la pregunta de a qué te vas a dedicar o de qué vas a vivir. Eso también pasó en mi casa, porque no tengo familiares directos que hayan vivido la profesión y su realidad tal cual es. Por eso, en el transcurso que pasó hasta que llegué a los 15 años, no sólo cambió mi vida sino la psicología de mi familia. Ellos entendieron que a partir de ahí no iba a haber un qué vas a hacer, porque eso ya estaba demasiado marcado.

DZ/rg

 

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