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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Hospitales porteños en estado crítico

El sistema sanitario porteño tiene el mayor presupuesto de salud del país. Pero falta personal, los edificios están deteriorados y hay un recorte salarial por «mala liquidación». La salud de 9 millones de pacientes, en juego. 

Por Néstor Rivas
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Cada día, en alguno de los 33 hospitales que dependen del gobierno de la Ciudad, los médicos y los enfermeros protestan por algo. Por el cierre de algún servicio –por ejemplo, el de terapia intensiva pediátrica en el Durand o el de neurocirugía del Hospital Santa Lucía-, porque falta personal – enfermeros en el Hospital Gutiérrez-o porque no hay o no funcionan aparatos indispensables –como el tomógrafo en el Tornú.

Esos reclamos se han expresa¬do a través de asambleas, actos, abrazos simbólicos, convocatorias a la comunidad y paros. Nadie ignora que en el sistema público las penurias se acumulan. Los trabajadores del sector –médicos, profesionales, enfermeros, técnicos, administrativos– las sobrellevaban gracias a su pericia, compromiso y buena voluntad. Para cuidar algo tan precioso como la vida humana deben sortear también la obsolescencia del equipamiento y el deterioro de edificios que a veces superan el siglo de descuido.

A principios de julio pasado, la gota rebalsó el vaso. Mal disimulado con el cobro del aguinaldo, los médicos de la Ciudad sufrieron un recorte salarial que encendió un conflicto generalizado. Luego de dos paros que no lograron la devolución de la plata descontada, la comunidad hospitalaria salió a la calle. La “marcha blanca” del 7 de agosto reunió a unos 4.500 trabajadores. La concurrencia dejó muy contentos a los organizadores –ATE, juntas internas de los hospitales, las asociaciones de psicólogos y de bioquímicos, y una importante cantidad de médicos, profesionales, técnicos y enfermeros autoconvocados– que formaron una multisectorial interhospitalaria y continúan reuniéndose. Las autoridades porteñas no hicieron comentarios.

Contabilidades paralelas
Los hospitales les cobran a las obras sociales y a las empresas de medicina prepaga por las prestaciones que les brindan a sus afiliados. Pero ese dinero no queda en el sistema de salud. “Se lo lleva el Gobierno de la Ciudad, es una conabilidad paralela. Y en los hechos solo se les cobra a las obras sociales sindicales y provinciales y al PAMI, porque sus afiliados están registrados en un padrón, no así los de las prepagas”, relata Luis Trombetta, médico del Hospital Muñiz.

“La que se encarga de cobrar esas prestaciones es una empresa privada que se llama Agrupación Salud Integral (ASI)”, completa Ana Martínez, gastroenteróloga del Hospital Fernández. ASI está inscripta en la AFIP como “prestadora de servicios relacionados con la salud humana” (sic) y declara una recaudación estimada de hasta $20 millones. El contrato que la vincula al Gobierno de la Ciudad fue celebrado en 2008.

“Por una ley se supone que el 40 por ciento de esa recaudación –continúa Trombetta– se debe re¬distribuir en salarios. Primero, para que se cumpla, fue necesario iniciar acciones judiciales. Y ahora, lo que cobramos son dos pagos anuales de 400 pesos, pero no nos consta que sea lo que corresponde, porque no hay un control sobre eso”.

Tránsito Sánchez, enfermera del Hospital Elizalde (la ex casa Cuna) agrega que “se tercerizaron los turnos: hay que llamar a un call center; antes, los asignaba personal de planta del hospital, pero los fueron jubilando a todos”. La subcontratación de empresas es frecuente en áreas como cocina, lavadero y seguridad.

Falta de personal
La movilización de médicos, en¬ermeros y técnicos recogió un sinnúmero de problemas: la escasez de personal, los recortes y la falta de mantenimiento del equipamiento figuran como las cuestiones más urgentes. “Se redujeron más de mil camas de internación. Faltan insumos básicos. Hay 1500 cargos concursados que no entran en funciones porque no tienen partidas presupuestarias. Al mismo tiempo, se redujeron en un 40% las suplencias de guardia. Entonces no tenemos ni los cargos ni los suplentes”, enumera el médico Jorge Pachamé, de Terapia Intensiva de la Maternidad Sardá. Allí son 11 cargos los concursados sin asignaciones, “pero es un hospital chico; en otros, faltan 40 o 50 profesionales”.

En el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, nos dice la psicóloga Susana Toporosi, coordina¬dora del área de Salud Mental y miembro de la Asociación de Profesionales, “tuvimos que recurrir a una acción judicial para lograr que nombren 30 enfermeros, pero todavía faltan médicos. Para que te des una idea, tenemos 2.900 chicos en lista de espera para las cirugías programadas y el jefe de la unidad de terapia intensiva (Gerardo Moreno) se tiene que quedar dos veces por semana en el hospital para cubrir la guardia, todo debido a la falta de médicos. Desde que subió este gobierno, lo primero que hizo fue cambiar todas las salas de entrada de los hospitales; pintó y colocó bancos cromados, que parecían muy modernos, pero es absolutamente una política de la imagen y cero contenido, porque adentro no se tocó”, concluye.

La Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) reclama que se efectivicen 2.200 nombramientos de enfermería y estima que se necesitan unos 5.000 enfermeros más. Un informe de la Auditoría General –que se dio a conocer en junio pasado– confirma la demanda. La Auditoría relevó durante 2011 doce hospitales y concluyó que el promedio era menor a un enfermero por médico. Los organismos internacionales aconsejan por lo menos tres por médico.

El órgano de gobierno que lleva adelante la reducción de personal en los hospitales es el llamado Ministerio de Modernización, creado en enero de 2012, que conduce Andrés Ibarra. Tránsito Sánchez asegura que se jubilaron 1.500 trabajadores que no fueron reemplazados con nuevos nombramientos.

Colapso edilicio
Las demandas en cada institución se multiplican hasta mostrar la magnitud de las cuentas pendientes. Abarcan desde la reconstrucción de la guardia del Álvarez, que se incendió hace 18 meses, hasta la reapertura del prestigioso servicio de Neurocirugía del Hospital Oftalmológico Santa Lucía, frenada desde hace un año. En el Rivadavia todavía no se terminaron de construir los quirófanos que ordenó la ley de reparación histórica del hospital, promulgada hace tres años.

Los trabajadores del Elizalde, también especializado en niños, denuncian que se discrimina a los pacientes que provienen del Gran Buenos Aires. “Nosotros acostumbrábamos a atender a gente de todo el país y de países limítrofes; ahora no los quieren atender y nos hacen poner la cara a nosotros”, asegura la enfermera Sánchez. Y denuncia que la comisión interna del hospital no es reconocida por las autoridades. “Nos castigan porque no acompañamos la política del gobierno. Desde el año 1998, hasta ahora, tuvimos 12 elecciones de delegados, todas en tiempo y forma, y a través del voto directo y secreto de los trabajadores. Esta es la primera vez que recibimos este hostigamiento. En otros hospitales pasa lo mismo”. Sánchez también trabaja en el Hospital de Salud Mental Braulio Moyano: “Ahí hay 25 psicólogos para atender a 900 pacientes”, se queja.

En el Fernández también faltan enfermeros, anestesistas y personal para la guardia. Y camas: “Tenemos pacientes esperando dos o tres días en la guardia pera que les asignen cama. Para una operación de vesícula biliar, las demoras van de tres a cuatro semanas, de acuerdo a la disponibilidad de cama”, dice la médica Ana Martínez.

El doctor Guillermo Rossi cuenta que en el Tornú recibieron un tomógrafo en octubre de 2012, pero que durante 10 meses no funcionó por falta de personal. El 15 de agosto pasado –hace muy pocos días–, la ministra de Salud, la oftalmóloga Graciela Raybaud, visitó el hospital para inaugurarlo. “Anunció que venía a las 11.30 hs, pero realizó una visita express a las nueve de la mañana. Desconocemos los motivos del súbito cambio de horario, pero tal vez el anuncio previo de una protesta silenciosa contra los recortes en salud haya sido el motivo”, acota Rossi con ironía.

En marzo de este año, el Ministerio de Salud anunció con bombos y platillos que había adquirido equipamiento hospitalario por $100 millones. Significativo. Pero lejos de cubrir las necesidades. Así lo detalla Pachamé: “Como no hay un relevamiento de lo que falta en cada hospital, las cifras son engañosas. Se compraron cinco o seis tomógrafos, nada más. Se cambió el del Penna, que era una antigüedad; al Tornú mandaron otro, pero estuvieron diez meses esperando para ponerlo en funciones y al día de hoy, no tiene técnicos asignados: los informes los hace el jefe de servicio. Al Muñiz llevaron otro, pero recién después de tres o cuatro años de reclamos y hasta una denuncia televisiva. Debería haber al menos un tomógrafo por hospital general de agudos y no llegamos a eso”.

Si para muestra de todo lo que falta alcanza un botón, es suficiente con recordar que en toda la Ciudad hay un solo resonador, y que el único equipo de hemodinamia en urgencia se encuentra en el Argerich, “pero tampoco funciona todos los días, porque no hay plantel”. Respecto de las ambulancias del SAME, asegura que de las 70, “so¬lamente funcionan unas 45, máximo 50, porque no tienen médico a cargo”.

El dirigente nacional de ATE, Rodolfo Arrechea, hace el siguiente diagnóstico: “el presupuesto de salud de la Ciudad es de $8 mil millones, el más alto de Argenti¬na y de toda América Latina. La crisis que tenemos responde a un abandono programado, no a un problema presupuestario”.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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