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Actualizado: 06/10/2022 05:34:43
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TEMAS DE LA SEMANA

Hospital Borda: sin lugar para los locos

Cuarenta días sin gas, dos muertos por un incendio. Ausencia del Estado.

Por laura-lifschitz
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Ingresar en el Hospital de Salud Men­tal «José T. Borda» implica olvidar la frontera entre el adentro y el afuera.
-¿Tenés una moneda? Porque quiero tomar café -me preguntó uno de los pacientes que deambulan.
Le di un peso.
-No me alcanza -me explicó.
Tenía razón.
Al utilizar el ascensor, dos trabajadores del lugar se burlaban de las deficiencias de infraestructura del nosocomio.
-¡Funciona el ascensor! Se ve que hoy está bien medicado.
Y reían maníacamente.

Hace 40 días que no hay gas en el Bor­da. Nadie sabe bien por qué. Desde la co­misión de Salud de la Legislatura porteña se cree que, además del desinterés casi crónico por el establecimiento, podría haber detrás un plan sistemático de desmantelamiento del lugar, que, junto con el Moyano y otras dependencias sanitarias de Barracas, ocu­pan jugosas hectáreas públicas.

En el Borda estar sin gas es vivir sin gas. Implica que los 700 internos no tie­nen agua caliente, no pueden bañarse, no tienen calefacción. Significa que profesionales y personal trabajan en pabellones de techos inmensos y ventanas las más de las veces rotas y que quienes concurren al hos­pital de día no puedan cumplir con las ta­reas que contribuyen a su socialización.

Cristian es el encargado de la Bibliote­ca Jacobo Fijman. Miembro de La Colifata y el colectivo artístico, administra los más de 4.000 volúmenes que se reparten entre los miembros del Borda. Estudia y lee toda la mañana, sentado con su ropa raída en la gélida sala del cuarto piso.

El sector es coordinado por Alfonso Gutiérrez Reto, del programa de Pre-alta y Sostenimiento del Alta del hospital. «La fal­ta de gas implica una situación crítica, jun­to con el deterioro edilicio. Nos perjudica porque la salud mental requiere que lo am­biental esté en buenas condiciones, porque también hace a la posibilidad de recupera­ción», afirma el psicólogo.

Allí también funciona Molineros del Borda, en donde Félix se dedica a la fabrica­ción artesanal del papel. Extremadamente delgado, parece un adolescente. Hace más de diez años que ingresó al hospital. Estu­vo un tiempo externado, pero volvió. Aho­ra, Félix sólo concurre de día. Viaja desde Ciudad Evita para apelmazar la pulpa que luego se convertirá en alguna tarjeta labo­ral o festiva.

Elsa es callada. Ya es grande. Trabaja minuciosamente. Sólo aparta la vista de las fibras del algodón y la pasta de papel por unos segundos:
-Hace mucho que estoy acá. Pero ten­go proyectos de salir.

Ese día, en otro de los pabellones, donde funciona el taller La Huella, no ha­bía agua. Su coordinador, Federico Bejara­no, explica que el trabajo consiste en re­cuperar muebles, reacondicionarlos hasta transformarlos en objetos artísticos, y ven­derlos. Pero confiesa las dificultades por­que, lógicamente, con tal déficit de insu­mos, conseguir infraestructura para estos emprendimientos es casi imposible. Pero ellos lograron convenios externos para que La Huella sea considerada una empresa so­cial y poder expandir el horizonte. Y así Don Jorge, ya de alta, vuelve al Borda todas las mañanas a trabajar la madera.

Mientras hubo gas, cada mediodía los pacientes solían almorzar en la cocina del cuarto piso, en donde ellos mismos, con la ayuda de enfermeras, se encargaban de preparar los alimentos. Ahora, el salón está vacío. Una enfermera espera sentada con una linterna en mano, porque, además, se corta alternativamente la luz.

Éste es el Borda visible. El de quienes, aún viviendo allí, deambulan más o menos libremente por el gigante de cemento. de los pacientes de día y sus familias.

Pero queda el otro Borda, el que es uti­lizado -igual que otros organismos públi­cos- como trofeo de guerra. Hay quienes dentro del hospital mismo se manifiestan «antimanicomiales» y rechazan algunas prácticas extremas y contraproducentes, las cuales van en contra de la ley 448 sobre Sa­lud Mental. Ese otro Borda contiene otras historias de vida. Horas después de la visi­ta, el pabellón de los pacientes judicializa­dos, bajo la órbita de la Penitenciaría que depende del gobierno nacional, fue esce­nario de un incendio que se cobró la vida de dos internos. Trabajadores del lugar su­frieron las consecuencias de las llamas. Las historias de vida se habían transformado en historias de muerte.

El gas sigue sin aparecer. La mayor par­te del predio se encuentra a punto de co­lapsar. El martes pasado la Comisión de Sa­lud se acercó hasta el lugar y escuchó el reclamo de la comunidad hospitalaria. presidente de la Comisión, Jorge Selser, in­formó a Diario Z que «el Ministerio de Sa­lud envió una nota firmada por el ingeniero Ralph Kirby (subsecretario administrativo del Sistema de Salud) que de ninguna ma­nera dejó contento al personal». Y agregó que «hace 30 días el ministerio aseguró que en 72 horas se iba a solucionar el tema». Al momento, la cartera de Salud sigue sin dar explicaciones ni plazos. En tanto, el Borda es ya un lugar inhóspito.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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