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TEMAS DE LA SEMANA

Horacio Guarany, una leyenda sin silencios

Reportaje al autor de algunas de las canciones inolvidables del folklore nacional.

Por nahuel-mercado-diaz
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Como si fuese la luna de verano de algún festival de folklore del país, pero en la calurosa Buenos Aires, Horacio Guarany se reencuentra con su público porteño, aunque él contradiga esta premisa. «No hay público, hay artistas. Nunca creí eso de que acá hay buen público. Voy a hacer una comparación grosera, es como el amor, si a una mujer uno le quiere hacer el verso, por ahí se deja por un deseo, nada más. Pero no la va a conquistar. Para conquistarla hay que ir con la misma fuerza y libertad del verdadero sentimiento.» Las imágenes de la película en la que un joven Guarany interpreta al gaucho Martín Fierro dan inicio a una serie de cuatro shows, titulados Los sábados de Guarany. Aunque él diga: «Yo nunca hago shows. ¿Are you spiking english? Yo hago espectáculos».

La fuerte personalidad de este músico histórico, con una clásica formación de tres guitarras -Gonzalo «Yuyo» Masseroni, Raúl «Chuly» García y Eduardo Semerario; y el bombo de Miguel Palito Acuña que hace 43 años que acompaña al artista- colman la sala. En «Aquellos primeros años», el cantante repasará los clásicos que lo volvieron parte de la historia de la música nacional desde ese lejano 1961 en que su vozarrón cantó por primera vez «El mensú» en un recién estrenado Festival de Cosquín.

La clásica «Caballo que no galopa» -cuando canta «Mi caballito querido» y el público contesta: «Ésta te pido nomás»- servirá de excusa para hablar de su exilio durante la última dictadura. «En esta canción siempre, cuando el pueblo me contesta, me emociono. A mí me echaron del país, qué boludos. Y he andado por México y afuera me veía como esos caballos que no sirven», dice Guarany. Y recuerda una anécdota: «Una espiritista de Córdoba me dijo: ‘Hemos descubierto que en su vida anterior fue un apóstol, que quería unir a su pueblo y lo mataron, y se reprodujo en este cantor. Tenga cuidado porque lo van a querer volver a matar’. Yo lo tomé en broma y al mes me encajaron la primera bomba en mi casa».

A un costado del escenario aguarda la botella y una copa para la sed del cantante, que pedirá disculpas y tomará un trago, antes de cantar «Si viene el vino viene la vida». Durante dos horas de concierto, Guarany intercalará anécdotas de su infancia en el Alto Verde santafesino, donde su padre era hachero de La Forestal; sus días de marinero y su llegada a la gran ciudad, donde pedía permiso para cantar en los bodegones. Para el final con «Si se calla el cantor», más de uno querrá esconder las lágrimas bajo el poncho, y luego de algunos bises, «La villerita» pondrá el cierre definitivo, aunque por el hall del ND/Ateneo la gente se vaya silbando esta hermosa zamba.

¿Usted nota cómo el público se sigue emocionando con sus canciones?
Cuando canto, cuando hablo, llego a conmover a la gente de una manera que muchos se sorprenden. En Suecia había muchos chilenos, argentinos y peruanos, yo fui a un teatro y había una pareja de suecos, que cuando canté las canciones del exilio, por las que me echaron del país, se le cayeron las lágrimas. Y alguien les preguntó ¿cómo es posible que se emocionen de esa manera, si no entienden lo que dice? Y la gente dijo: «No le entendemos el idioma, pero hay una emoción tan grande, un dolor tan grande en lo que este hombre canta, que la verdad nos produce llanto».

¿Lo sorprende que lo siga tanta gente joven?
Siempre estamos admirados de eso, cómo puede ser que un hombre como yo de 86 años tenga tantos admiradores jovencitos y muchachas muy jóvenes. Bueno, no sé, debe ser que lo que hago les gusta, les llega. Es admirable que a un cantor de la edad mía la gente lo siga.

¿Sigue la construcción del teatro en Luján?
Acá estamos luchando hace 4 o 5 años, lo tenemos casi terminado. Lleva muchas cosas porque es un teatro muy grande. Ya llevamos dos, tres millones de pesos gastados. Entonces es un teatro inmenso, pero ya estamos cerquita y queriendo terminar.

¿Cómo ve a los nuevos músicos del folklore?
Soy muy respetuoso, jamás podría opinar de los nuevos valores. No es ético que con los años que tengo de escenario me ponga a opinar de los que recién se están formando, porque puedo herirlos o entusiasmarlos. El único que está autorizado para opinar es el público, que decide qué vale y qué no.

DZ/km

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