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TEMAS DE LA SEMANA

Homofobia, racismo y antisemitismo en Facebook

Las redes sociales acumulan páginas de racismo, antisemitismo y odio entre sus grupos de fanáticos.

Por irina-sternik
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Un seguimiento de semanas llevó a Diario Z a descubrir cómo, desde cero, se puede destronar una página en Facebook con el movimiento de los usuarios pero sin respuesta inmediata de otros organismos o de la misma empresa.

Hace tiempo que los grupos de fanáticos del odio afloran como maleza en la Web 2.0. Así lo denuncia la Fundación Simon Wiesenthal, que calcula hay 10.000 sitios web que promueven el odio y el racismo, cuyo principal exponente es Facebook. Así lo comprueba cualquier persona navegando por Internet y buscando, por ejemplo, la palabra «odio».

Esta historia puntual comienza cuando días atrás, el grupo de Facebook «Yo también odio a los judíos» ya sumaba más de 20.000 adherentes. Había sido creado en Abril de 2010 y recién fue dado de baja cuando un grupo llamado «24 horas para que Facebook borre el grupo ‘Yo también odio a los judíos'» juntó más de 100.000 miembros, hizo peso en la red social, denunció masivamente al grupo antisemita y generó algo de ruido en los medios. Pero horas después, nuevos grupos con el mismo nombre comenzaron a ser creados, una y otra vez.

«Yo también odio a los judíos» nació hace tiempo pero se fue difundiendo contacto tras contacto. Con mensajes agresivos y antisemitas, muchos usuarios se sintieron violentados y con la necesidad de hacer algo. Es el caso del creador de la página de repudio «24 horas…», Uriel Lander, estudiante Uruguayo de 21 años que cursa sus estudios en Jerusalem: «Me quedé mudo al ver como una cadena de personas se iba uniendo a una página que incentivaba el antisemitismo a un grado más que extremo. No sé porqué, salió de mi alma la necesidad de crear un grupo para incentivar a que esta página sea eliminada del Factbook. La idea del grupo era que en 24 horas se pudiera juntar una cantidad suficiente de personas, para que la borren. Si no se concretaba la eliminación, nos borrábamos todos. El primer día ya teníamos casi 10.000 miembros, de cualquier país, religión y origen», cuenta Uriel a Diario Z, y recalca, una vez dada de baja la página: «Acá se aprendió algo, que el que intenta nunca pierde. Está empezando a salir una gran luz hacia el mundo, uno de mucha oscuridad.

En este grupo, se podía leer: «Para quienes dicen del holocausto quiero decirles que todavía hay recompensas al que pruebe que en Auschwitz había cámaras de gas y se mataban judíos», «malditos judíos, son tacaños y desconfiados, haría jabón y champú con ellos», entre otros cientos de mensajes de contenido similar.

Entretanto, tanto el INADI como la DAIA tuvieron conocimiento del hecho, pero no lograron encontrar una solución inmediata. «Cuando un usuario abre una cuenta en Facebook debe manifestar su acuerdo con los términos del servicio, que aclara que no se pueden usar mensajes de odio, entre otros puntos. Uno de nuestros mecanismos para dar de baja estos sitios, es apelar a las empresas en función de esos términos», cuenta Sergio Widder, Representante del Centro Simon Wiesenthal para América Latina: «Hubo un caso de un blog que estaba en una plataforma Clarín que atacaba a Héctor Timerman con contenido antisemita. En ese caso, revisamos los términos de servicio de la plataforma, su contenido los contradecía y por esa razón, le dieron de baja». La Fundación Simón Wiesenthal, denunciante de actividades antisemitas de todo el mundo, acaba de presentar un informe sobre cómo las Redes Sociales impactan en el odio y el Terrorismo Digital. Allí, se analizan 10.000 páginas de Internet que profesan el odio o hacen apología del terrorismo, siendo en su mayoría los judíos, los católicos, los musulmanes, los hindúes, los homosexuales, las mujeres y los inmigrantes, los grupos más atacados.

En Youtube, la situación es similar. Hay varios videos titulados «Odio a los judíos», «Odio a los emos», «Inmigración en Argentina: pura caca», «Odio a los maricones» y un largo etcétera. Y si bien los portales ofrecen mecanismos para que los usuarios denuncien videos o páginas con contenido inapropiado, el proceso es lento y el ecosistema se retroalimenta. Al respecto, Widder dice: «La red facilita esto. Hoy, está mal visto y no goza de buena prensa ser racista, ya que es políticamente incorrecto y merece la condena pública. Por eso, cualquiera que quiere promover contenido racista, en lugar de salir a la calle, sube contenidos a la web, desde su casa o desde el ciber de la esquina». Para Widder, Internet es sólo una herramienta y el problema no es la tecnología, sino cómo confrontar al racismo. «El nacional Socialismo utilizo las herramientas de difusión más avanzadas en su momento: el cine, la radio y la prensa gráfica. Ellos pudieron ver antes que otros el poder de los medios, publicaban un diario que salía todos los días bajo el slogan «Los judíos son la causa de nuestra desgracia». Hoy, no puede salir un diario con ese slogan en el mundo occidental, ni con otro contenido racista. Podes ponerlo en Internet». La solución: estandarizar procesos para levantar más rápidamente el contenido ofensivo.

Este fenómeno se discute alrededor del mundo. Andre Oboler, profesor de la Universidad Hebrea Bar Ilán y experto en Social Media (ver RECUADRO) explica a Diario Z: «La sociedad online tiene a la anarquía como regla. Internet aún es nueva y todavía no está regulada adecuadamente. Hubo un tiempo en que los autos eran nuevos, y había pocas reglas carretera hasta que comenzaron a aumentar los accidentes. Está pasando lo mismo con Internet. La pregunta sería cuánto tiempo demorará en reglamentarse es cuánto tiempo llevará lesionar o matar como consecuencia del odio que despierta Internet.».

«Odio a Las Religiones», «Odio a los chinos», «I Hate Emo», «yo también mataría a un villero si me dicen que nadie se entera», «Para que los bolivianos se vuelvan a su país» son otros de los títulos que al día de cierre de la nota, gozaban de buena salud en Facebook. «Los fanáticos de todo tipo utilizan la red Internet como «herramienta privilegiada» y el sitio de socialización Facebook cada vez más se convierte en un vehículo para el discurso del odio», describe el estudio del centro Simon Wiesenthal. «Me gusta», propone Facebook.

Odio sí, Osos no

Rubén Gauna es ilustrador, pero no trabaja de ello. Un día, le regaló una caricatura a un amigo, quien la publicó en su perfil de Facebook y empezaron a llegarle pedidos de dibujos de sus contactos: «Me propuse dibujarlos a todos para que pudieran tener su dibujo en el Perfil. Después me conecté con un grupo gay de osos y me dieron la idea de hacer tarjetas de San Valentín para ellos. Armé un fan page y subí los dibujos para que se pudieran descargar gratis», cuenta Gauna, así su nombre artístico. Feliz con su nuevo emprendimiento u hobby, la página sumó cada vez más fanáticos, hasta que desapareció repentinamente. «Un día me encontré con que ya no tenia el perfil y mi cuenta de mail bloqueada para armar otra página. El motivo que me daban era: «uso del perfil para promoción profesional» algo absolutamente prohibido por Facebook. Me armé un perfil nuevo para recuperar los contactos y que se supiera lo que me había pasado, una completa injusticia para mi, porque ha miles de cantantes, diseñadores, fotógrafos, pintores, etc, que suben sus trabajos. Hasta hay algunos que publican los precios y todos ellos siguen online», describe indignado. Sus sospechas son de denuncia: «Hay algo de homofobia, pese a que mis dibujos nunca muestran sexo explicito. A un amigo que vive en San Francisco que juntaba firmas para que saliera una estampilla de Harvey Milk también le cerraron la cuenta hace un tiempo y eso era lo único que él buscaba». Concluye.

 

Fuente Redacción Z
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