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TEMAS DE LA SEMANA

Hípica en Núñez: con estilo inglés

Era muy elegante y funcionó hasta 1911 en el actual barrio River.

Por Romina Daniela Blasucci
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A principios del siglo XIX, el actual barrio River no era ni residencial ni paquete. Era un terreno pantanoso atravesado por el arroyo White, hoy entubado bajo la calle Campos Salles. Eran terrenos inundables y sin valor por aquel entonces. Allí se instalaron los junqueros, pescadores y trabajadores de las primeras obras sanitarias de la ciudad.

En la zona donde hoy está el Estadio Monumental vivía el Ingeniero White, un próspero comerciante inglés. Dicen que su casa estaba en la zona donde se había construido un hipódromo precario. Desde mediados de 1820 las carreras de caballos se limitaban a la comunidad inmigrante inglesa. Para la élite criolla todo lo que tuviera que ver con los caballos era una cuestión plebeya.

En el siglo XIX, como afirma el historiador Roy Hora, autor del libro Historia del Turf Argentino, en el país había una especie de “democracia ecuestre” con 4,4 caballos por habitante en toda la provincia de Buenos Aires. Esto evidencia que hasta las clases más bajas poseían caballos. No era así en Europa, donde se registraba un promedio de 0,1 caballo por habitante. Este animal en Inglaterra o Francia era un signo de alta alcurnia.

Alrededor de 1860 la élite criolla comenzó a interesarse por este mundo. En esto hubo un hecho determinante. Los avances en el transporte marítimo permitieron la importación de caballos de carrera de pura sangre ingleses. No pasó mucho tiempo hasta que éstos derrotaron a los locales en las competencias. Los caballos ingleses eran carísimos, por lo tanto, ser propietario de uno era un signo de distinción. Es así que las grandes elites propietarias del país adquirieron estos caballos ganadores y entraron en el mundo del turf. En 1882 fundaron el Jockey Club y cinco años más tarde reconstruyeron un viejo hipódromo que luego se conocería como Hipódromo Argentino de Palermo.

La popularidad del turf crecía en la sociedad y un grupo de miembros del Jockey Club decidió construir otro hipódromo. Este grupo de la elite criolla estaba encabezado por Francisco Bosch, hombre de segunda línea de la política argentina, quien junto a otros treinta caballeros compraron las tierras de White. El hipodrómo del inglés  había sido destruido por una tormenta de Santa Rosa. Allí construyeron el nuevo Hipódromo Nacional que pretendía destronar al de Palermo. Se inauguró el día 14 de agosto de 1887 y los medios lo elogiaron por su modernidad y elegancia.

Todavía quedan las huellas en el barrio de River. Por ejemplo, la Avenida Victorino de la Plaza marca la forma de herradura del hipódromo. De ese tiempo también sobrevive la frase popular de: “quedarse en Pampa y la vía”. El ferrocarril Norte (Mitre) pasaba por la que hoy es la estación Belgrano C. Cerca de allí, desde La Pampa y la vía partía un tranvía hasta Iberá y Blandengues (hoy Libertador) que llevaba al Nuevo Hipódromo Nacional. Cuando los jugadores perdían todo su dinero apostando, regresaban en el tranvía que los dejaba en “Pampa y la vía”, con los bolsillo vacíos. La frase queda inmortalizada en el tango “El Conventillo”.

El nuevo Hipódromo Nacional tuvo sus años de gloria aunque no fueron muchos. Roy Hora explica que en 1890 este segundo hipódromo no podía competir con su par. Su calendario se debía adaptar a los días en que no había carreras en Palermo. Además, se denunciaron malas prácticas deportivas. Se decía que las autoridades no estaban comprometidas con la trasparencia deportiva.

“Una ley de 1911 hiere de muerte al nuevo hipódromo, ya que dispone que no se correría más de dos carreras semanales, con lo cual no le deja la posibilidad al Nacional de competir con el Hipódromo de Palermo. Luego las tierras del hipódromo y las aledañas fueron loteadas. Tras varias negociaciones con la Municipalidad, parte del predio fue vendido en 1934 al Club Atlético River Plate, donde luego se levantaría el Estadio Monumental.

Seco y enfermo

El Hipódromo Nacional quedó inmortalizado en el tango de Carlos Gardel “Palermo”, que decía:

“¡Maldito seas, Palermo!

Me tenés seco y enfermo,

mal vestido y sin morfar,

porque el vento los domingos

me patino con los pingos

en el Hache Nacional.”

Así se llamaba popularmente al nuevo Hipódromo Nacional, ubicado en lo que hoy es el barrio River. El hipódromo lucía un gran cartel en su frente que decía: “H Nacional”.

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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