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TEMAS DE LA SEMANA

Higiene bucal: Con cepillo y sin azúcar

La importancia de los dientes sanos en el desarrollo de los chicos.

Por Fernando Molero
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«Cortó su primer diente!» La noticia proviene de la boca del bebé, y los padres la difunden con la velocidad de un rayo entre abuelos, tíos, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y de allí, a todos los puntos cardinales de la ciudad.

Generalmente, esta suerte de hito dental tiene lugar a los seis meses de vida, pero hay bebés que nacen dentados. «Sí, con uno o dos dientes», aclara el odontólogo Gabriel Belous al notar cierta expresión de sorpresa en el rostro de este cronista. Gabriel se recibió en la Facultad de Odontología de la UBA y trata a decenas de chicos de todas las edades.

El asunto es que a ese primer diente de leche hay que cuidarlo como si fuese de oro. «Hay una creencia de que los dientes de leche no tienen importancia y no es así», dice Gabriel. «Debemos cuidarlos mucho. Los dientes de leche son un estímulo clave para el correcto desarrollo de los maxilares, del paladar y de la boca del niño y además, son los que les ‘preparan el terreno’ a los dientes definitivos. Si los dientes de leche presentan caries, hay que tratarlos correctamente. Pensemos que los dientes no se renuevan todos al mismo tiempo, sino a lo largo de un período que va de los 6 años hasta los 13 y, en la medida en que conviven en la boca, y esas caries pueden contagiarse a los definitivos». Las caries en los dientes de leche se ven como puntitos negros y hay que controlarlas rápidamente.

Junto con el primer diente, también llega la primera visita del bebé al consultorio del dentista. Las pautas de higiene bucal empiezan desde ese momento: «Esos primeros dientes también hay que lavarlos. Hasta el año, o año y medio de vida, con una gasita con agua. Luego, a partir de esa edad y hasta los 5 o 6 años, son los padres quienes deben cepillarles los dientes, porque los chicos todavía no adquirieron la habilidad motriz para hacerlo ellos mismos».

La manera adecuada es utilizando un cepillo pequeño con una pequeña medida de pasta dental, del tamaño de un grano de arroz es suficiente. Luego, se aplica la misma técnica que usamos los adultos: colocar el cepillo en 45 grados entre la encía y el diente, cepillar sin hacer fuerza todas las caras de la dentadura y sus surcos, el paladar y la lengua, durante dos minutos.

Conviene que a partir de los 3 o 4 años, los chicos sean estimulados a jugar a cepillarse, más que nada por una cuestión pedagógica, para que vayan aprendiendo. Gabriel no recomienda el uso del cepillo eléctrico. «Lo que necesitamos es un cepillo pequeño, con tres o cuatro hileras de cerdas de nylon, de dureza mediana. Hay una oferta muy amplia en materia de cepillos y todo tipo de precios, pero cualquiera que reúna esas características va a funcionar bien. Hay que renovarlo cada tres meses o cuando vemos que las cerdas se abren.

Las pastas dentales para niños tienen una concentración de flúor -imprescindible para fortalecer los dientes– adecuada para la edad, además de sabores que los hacen más amables al paladar de un chico y envases llamativos que también ayudan a estimularlos y habituarlos en su uso.

«Hasta que no completan la dentadura, no es necesario usar hilo dental. Lo más importante es el cepillado al menos dos veces al día.» No importa que los dientes de leche estén torcidos. «Ese es un problema que -salvo casos muy excepcionales- se evalúa cuando hayan mudado todos los dientes para determinar si requiere ortodoncia.»
Gabriel, como buen odontólogo, llama a evitar el consumo de golosinas y bebidas azucaradas. «Llegado el caso, porque es muy difícil desterrar el azúcar de nuestras pautas y costumbres, evitemos que los chicos consuman azúcar varias veces a lo largo del día, porque en ese caso deberían cepillarse los dientes en cada oportunidad. Si no hay alternativa, negociemos que haya un sólo momento azucarado en el día».

Los chicos tienen que visitar al dentista cada seis meses, para hacerse un control y una topicación con flúor. Es muy importante además para que se habitúen y no se sientan intimidados cuando les toque conocer un consultorio odontológico. En síntesis: si queremos adultos sonrientes, ya sabemos. Hay que empezar de chiquitos.

DZ/rg

 

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