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Hernán Díaz: «River demostró ser el más grande de América»

Ganador de la Libertadores en el 96, habla de la nueva consagración.

Por Jonathan Sacco
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A la distancia, vivió como un hincha más la Libertadores que logró el conjunto de Marcelo Gallardo. Multicampeón en la década del 90, Hernán Díaz no disimula su “piel de gallina” cuando habla de River, sea cuando describe la tristeza más grande –el descenso a la B– y su alegría máxima, la tercera Copa Libertadores. Actualmente, el ex lateral derecho es ayudante de campo de otro ex jugador millonario, Leonardo Astrada, que conduce a Atlético Rafaela. Dice que transita la vida “de buen humor, riendo, diferente al que veían dentro de una cancha pero con la misma intensidad”.

Hoy imagino a toda la familia Díaz contenta.
Por supuesto. Antes del partido contra Boca, veía a un River cada vez más grande. Creo que las cosas iban encaminadas a esto. Hoy está en el lugar que tiene que estar. Es el más grande de América y lo demostró. Tengo mucha felicidad luego de los momentos malos que le han tocado vivir al club.

¿Cuáles fueron las claves del campeón?
Creo que varias. Primero jugadores de mucha jerarquía, lo escuchaba a Marcelo (Gallardo) resaltar al grupo humano que había y de las ganas que tenían de triunfar, eso es fundamental. River estuvo a muy poco de no pasar la primera rueda. Pero cuando el equipo encontró una identidad de juego, se sintió cómodo y a gusto con lo que le pedía el entrenador. A partir de ahí, hubo momentos que jugó bien, hubo otros donde jugó excelentemente bien y otros momentos en donde dejó el fútbol de lado para marcar diferencia en otros sentidos, en garra y temperamento. El equipo se fue adaptando a todo, pero siempre mantuvo la identidad de juego que marcó el entrenador y sin dejar de lado la mística riverplatense.

¿Hablaste con alguien del club luego de la conquista?
Sí, con Enzo (Francescoli). Estaba muy feliz. La verdad que estábamos todos con muchas expectativas y convencidos de que no se podía escapar. Al equipo lo notaba sólido, sabían lo que querían dentro de la cancha. Convencimiento es la mejor palabra.

¿Qué recuerdo de tu carrera en River se te viene primero a la cabeza?
La Libertadores, sin duda. Las cosas que viví, por suerte, forman parte de la historia grande de River y lo que queda es el orgullo de poder contarlo.

¿Cómo era ese vestuario?
Normal, teníamos un objetivo en común. Fundamentalmente había una jerarquía futbolística superlativa y la calidad de personas también, creo que es la conjunción del éxito. Sacándome a mí, eran todos monstruos (risas). Después quedaron muchos mitos instalados. Se dijo que Enzo Francescoli dio la charla técnica de la final de la Copa Libertadores en lugar de Ramón Díaz. Si conocieran a Enzo, jamás se lo hubiera permitido y nosotros tampoco. Sólo se hizo una arenga antes de salir a la cancha, como siempre, porque él era el capitán.

¿Cómo quedó la relación con Ramón Díaz?
Muy buena, no tengo ningún rencor. Para mí, el que tiene la camiseta de River es mi amigo, no mi enemigo.

¿Qué ves ahora que estás del lado del cuerpo técnico?
El vestuario es sagrado, es el lugar del jugador de fútbol. Ahora no me meto en el vestuario cuando están hablando sólo los jugadores. Hay cosas que son de ellos, muy íntimas, que deben quedar ahí. No creo que sea tan relevante para el afuera lo que se habla adentro.

¿Qué te causó ver descender a River?
Sinceramente, no quise ver el partido. No puedo describir lo que sentí. Quiero borrarlo de mi cabeza, pero no se puede. Me siento parte de River. Soy hincha y voy a estar en deuda toda la vida con el club por todo lo que me dio. No pude jugar en otro lado que no sea en River, por eso me retiré.

Llegaste a River en 1989 junto con Batistuta. ¿Cómo fue?
Llegamos en el auto del “Bati” y nos perdimos (risas). Imaginate lo que fue el salto para nosotros, en vez de ir para Cabildo fuimos para avenida Maipú (risas). Éramos dos chicos de pueblo. No lo sufrimos pero nos encontramos con un mundo totalmente distinto. De Sastre a Rosario y de Rosario a Buenos Aires. Llegamos a uno de los clubes más grandes de América, eran muchos cambios. Cuando arranqué, Passarrella no me ponía porque jugaba mal, no le echaba la culpa porque tenía razón. Era resistido y llegué a jugar con la camiseta 10 en la espalda, ¿cómo no me van a resistir? (risas). Pero las ganas de salir adelante y de triunfar me llevaron a jugar 15 años en River.

¿Imaginabas que ibas a estar entre los más ganadores de la historia del club?
Mis amigos se ríen porque les digo una frase que resume todo: “Gané más títulos en River que tipos a los que no les puedo atar los cordones de los botines”.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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