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Helio Rebot: ‘El mejor sistema es el que desalienta la comisión de delitos’

¿Está en condiciones un ciudadano común de decidir si un imputado es culpable o inocente? El legislador de PRO cree que sí  y presentó un proyecto en la Legislatura para aplicar el juicio por jurados en la Ciudad.

Por Romina Calderaro
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Helio Rebot

El abogado y legislador porteño por el PRO, de origen correntino, pertenece al grupo de quienes están a favor del juicio por jurados, que en la Argentina ya se aplica en Córdoba. Presentó un proyecto de ley para que la Ciudad de Buenos Aires incorpore la metodología. En un momento en que el funcionamiento de la justicia se debate en el país, Rebot explicó detalladamente a Diario Z por qué cree que ese sistema haría más eficaz a la justicia del distrito. Los argumentos en contra cuestionan la idoneidad de los ciudadanos: el desconocimiento de la ley, de la presunción de inocencia y la permeabilidad a la opinión pública aparecen entre los factores más señalados.

¿Por qué sería bueno que la Ciudad implemente el juicio por jurados?
Siempre creí en el juicio por jurados como un instrumento de satisfacción de la necesidad de justicia. A mi modo de ver, no sé si proporciona mejor justicia en términos técnicos pero seguramente proporciona mayor satisfacción de la necesidad de justicia del ser humano, lo decide un jurado popular, pares y así lo veo en los países donde funciona hace cientos de años. Segunda cuestión: es algo que está en la Constitución desde la fundación misma de la Argentina y nunca se ha cumplido. En Córdoba está funcionando bastante bien y no es el modelo de juicio por jurado tradicional. Le doy un dato: la provincia de Buenos Aires está encaminando el juicio por jurados para penas de más de quince años, de hecho ya lo dictaminaron. El presidente de la Comisión de Seguridad me mandó el dictamen y es muy similar al modelo clásico de los jurados. Creo que en el fondo, el juicio por jurados separa bien las aguas entre el fiscal que investiga, el defensor que defiende, el jurado que decide y el juez que aplica la pena. Porque si el mismo que aplica la pena va a hacer la investigación y después dicta la sentencia se mezclan mucho las cosas. Es posible que el jurado se equivoque, pero el jurado es un conjunto de seres humanos, el juez es uno solo.

Los jueces saben respetar el principio de inocencia y separar las emociones de la prueba. ¿En el juicio por jurados no se corre el riesgo de que se vean culpables donde no los hay?
No. La experiencia que hay de Córdoba es muy interesante, hay estudios muy buenos sobre cómo funcionan. Muestran que cuando el ciudadano es designado jurado adquiere una dimensión de responsabilidad distinta. Una cuestión es que la persona piense: “Guarda, yo fallo porque le veo la cara” y otra cosa es decir: “Yo decido la vida de este tipo, lo mando preso, le veo la cara, ¿qué analizo?” Porque digamos, si yo lo mando preso por mis prejuicios y no por lo que escuché y me equivoqué, yo soy un terrible hijo de puta, le jodí la vida a un ser humano.

¿Y usted cree que esa conciencia va a existir?
Yo creo que esto es lo que realmente sucede en los casos estudiados. Es lo que dicen los estudios que hay, lo que no significa que en un determinado momento no pueda haber situaciones excepcionales. Siempre se cita el caso de O. J. Simpson en los Estados Unidos, cuando el jurado lo encontró inocente.

¿Y no se puede repetir ese error?
Pero son situaciones excepcionalísimas, no se dan en el común de los temas y el juicio por jurados termina siendo un elemento para otro aspecto de la justicia que a mí me interesa. Para mí el Estado tiene que brindar justicia y eso implica satisfacción de ciertos parámetros. La víctima tiene derecho a sentirse reparada porque alguien penalizó a otro y también el Estado tiene derecho a mandar un ejemplo de que estas situaciones se pagan.

¿Cuál sería el modelo?
A a mí me gusta mucho el sistema acusatorio donde los fiscales investigan, pero tienen posibilidades de acordar penas menores de acuerdo con el reconocimiento del hecho. En la Argentina, eso en general no se encuentra en el penalista común. La disponibilidad de acción es una mala palabra en mucha gente que hace derecho penal, “no… pero cómo, si es culpable que pague”. Y si el fiscal dice “yo no sé si tengo elementos de prueba para condenarlo con certeza a 20 años” y si se negocia y reconoce el delito y va 8 años preso el fiscal sale ganando porque a lo mejor si se lo lleva a juicio sale inocente porque no tiene los elementos. Si se lo acusa de lo máximo y no se logra probar, la víctima siempre va a querer que se lo acuse de lo máximo, porque la víctima es víctima, el familiar, el deudo el que sea, pero hay que optimizar esto para lograr satisfacción en la víctima o sus deudos de que obtuvieron justicia: penalización para el culpable y el mensaje a la sociedad de que se hizo justicia para la víctima, de que alguien recibió su castigo.

¿Ése es el mensaje final?
El mensaje final es el que las hace las paga entonces desalienta la comisión de hecho, porque el mejor sistema es el que desalienta la comisión de delitos no el que procesa más delitos.

Usted cree que en ese lugar común de que en la Argentina “los presos entran por una puerta y salen por la otra?
Hay un problema de procesamiento, pero es un problema de modelo, si existiera una política mas dinámica donde la fiscalía interviniera mucho más activamente y tuviera instrumentos para lograr satisfacción en estos aspectos, la gente lo vería bien, de hecho la mediación penal en determinados delitos es excelente, en los delitos de injuria, incluso en los delitos de mediana gravedad, donde yo no me puedo arrogar mas interés en el Estado que el de la propia víctima en la justicia.

¿Usted cree que las cárceles sirven para algo?
Es una pregunta que se hace con recurrencia para cuestionar la pena. En realidad no hay que preguntarse si las cárceles sirven si no si tienen que existir. Y las cárceles tienen que existir porque determinados sujetos por su comportamiento no tienen forma de convivir en la sociedad. Entonces como no existe el ostracismo que era la pena de la antigüedad donde te echaban de tu tierra –cosa que yo no propongo tampoco, pero quiero decir que en la antigüedad la solución era sacamos este elemento maligno, que es disociante porque es imposible que conviva con la victima todos los días que salga y después vuelva a cometer un delito– en algún lado hay que ponerlo y además tiene que recibir un castigo. La pena tiene una doble función, la función punitiva o para dar un castigo al que cometió un acto antijurídico y la de darle la oportunidad durante ese castigo de redimirse y de volver a reinsertarse porque, digamos, no es que es de por vida, no hay penas de por vida. Entonces, no es posible responder si las cárceles sirven, las cárceles tienen que existir y si tienen que existir me parece que hay que hacer que sirvan. Esto no quiere decir que uno esté conforme con el estado actual. Hoy diría que las cárceles no cumplen una de esas dos finalidades: la resocialización, que va de la mano del castigo, que tiene que satisfacer no sólo el interés de la victima de recibir una reparación, sino que tiene que servir de ejemplo a la sociedad, porque con mandarlo al psicólogo no se arregla un asesinato o algún delito grave. Entonces, no hay sociedad en el mundo que no tenga cárceles, lo que pasa que no son estas cárceles. Un delito grave no debería estar encarcelado con un delito menor no violento. Estados Unidos tiene cárceles de baja peligrosidad. Un estafador o un tipo que comete fraudes bancarios no es peligroso físicamente para otro, pero un violador o un asesino serial tienen otras características y no se puede dejar que convivan en el mismo espacio, porque se produce una mezcla donde se empeora a los que están mejor y no se mejora a los que están peor.

Fuente Redacción Z
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