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Actualizado: 06/10/2022 03:34:07
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Opinión: “Hay que reducir el precio del suelo”

Marcelo Corti, arquitecto y Director del portal Café de las Ciudades, opina sobre el proyecto de duplicar la población de la ciudad.

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Marcelo Corti

La densificación de la Ciudad de Buenos Aires es un debate latente, pero la novedad es la intención de llevar la población a los 6 millones. Siempre he escuchado prospectivas respecto a 4 millones (es decir, un millón más que los actuales habitantes).

Si la intención del jefe de Gobierno es evitar desplazamientos que generan caos en los ingresos, creo que ninguna de estas opciones (6 o 4 millones) evitaría el colapso. Nadie garantiza que el millón que se radique sea el que hoy se traslada.

Suponiendo que la predicción de Macri se cumpliera, tampoco se evitarían desplazamientos, ya que un alto porcentaje tendría que seguir desplazándose de su barrio al lugar en el que trabaja.

Lo cierto es que existe una tendencia mundial al estancamiento de la población en las ciudades centrales de las grandes regiones metropolitanas. En el caso de Buenos Aires, ronda hace más de medio siglo en los 3 millones de habitantes y este estancamiento ya alcanza desde hace 20 años a la primera corona metropolitana.

Para dar una idea de lo largas y complicadas que son esas transiciones urbano-demográficas, el barrio que más aumentó su población en los últimos años es Puerto Madero, que así y todo no supera los 7000 habitantes. Vale decir, se necesitarían 150 Puerto Maderos para elevar la población en un millón.

De todas maneras, creo que sería bueno plantearse un objetivo de repoblamiento de la Capital, a efectos de aprovechar infraestructuras, equipamientos y servicios instalados. Las áreas más necesitadas de estas políticas son el centro y la zona sudoeste. Para lograrlo hay que mejorar la calidad de vida de esas áreas: aumentar la provisión de espacios verdes en el centro, mejorar las prestaciones de equipamientos y servicios, y el transporte en el sudoeste, etc. Pero fundamentalmente, hay que reducir significativamente la incidencia del precio del suelo, que hoy es el principal expulsor y disuasorio para habitar en la Ciudad.

En su modelo territorial, el gobierno porteño no plantea esa intervención sobre el precio del suelo; en cambio, habla de equiparar los precios del suelo entre la zona norte y la zona sur, sin indicar si lo piensa equiparar a la baja (difícil que el chancho chifle) o a la alta, en cuyo caso a lo sumo echará pobres y clase media baja, y traerá alguna clase media alta, con escaso efecto sobre la cantidad de población.

Parte de la gente que se mudó a los countries (o sus hijos) podría regresar con adecuadas prestaciones ambientales y, sobre todo, con la mencionada baja del precio del suelo. De todas maneras, su número es muy poco significativo: si volvieran todos, serían algo así como 250.000.

Más allá de esas fantasías, hay que avanzar en una política territorial, que incluya objetivos demográficos, para toda la región metropolitana y para todo el país. Siempre con humildad, porque los grandes cambios demográficos requieren profundos cambios económicos, sociales, culturales, ambientales, que ni siquiera los gobiernos más autoritarios pueden manejar cómodamente.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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